Capítulo 2

1644 Palabras
Si le veía el lado positivo a las cosas... Mi estómago se había despejado y me sentía levemente mejor. Pese a todo, siempre prefería ver el vaso medio lleno. Ahora bueno... -Supongo que un 'Lo siento' no será suficiente. Negó con la cabeza. Lento. Muy lento. Sabía que estaba conteniendo su rabia. Era evidente incluso para alguien tan borracha como yo. -Entonces no sirve de nada que lo diga.- Trague saliva y me levanté. Envalentonándome, tomé mi cartera, llamé al mesero y pagué mis copas y las del hombre que tenía mi vómito en su traje de marca en un intento de compensación a lo ocurrido. Aunque claro, no era comparable un par de copas a un traje caro.- Un gusto conocerte, creo que no podrías decir lo mismo, pero de todas formas... Adiós. Como era costumbre en mí, estaba ruborizada. Di media vuelta y me dispuse a caminar. Obviamente no fue tan sencillo cumplir con mi plan de escape. -¿A dónde crees que vas?- Me tomó la muñeca.- ¿Me tiras tu vómito encima y te vas sin más?- No lo podía creer. ¿En serio aún quería...? Los hombres no tienen límites. -¿Aún quieres ligar conmigo? -De hecho, estaba pensando en algo mucho mejor. Algo como que me pagaras un puto traje nuevo.- Me dijo con la quijada tensa y mirada matadora. Definitivamente este chico no estaba en sus cabales. ¿Cuánto me saldría un traje como ese? ¿Tres, cuatro veces mi sueldo de secretaria? Sin mencionar que tenía que pagar mis deudas y tener para comer... Calculaba que en alrededor de dos o tres años estaría pagando la gracia que acababa de hacer. -Te he pagado las copas, no jodas.- De nuevo, las palabrotas salieron de mi boca. -¿Me estás diciendo que las copas que me he tomado equivalen a un traje nuevo?- Quise tomar algo para quitarme ese sabor amargo del vómito de la boca, pero la cartera no sabía donde la había dejado después de pagar y el dinero que tenía en el sujetador lo había gastado pagando la cuenta. -No te voy a comprar un 'puto traje nuevo'. Lo llevas a la tintorería y listo. -Entonces me pagarás la tintorería y quedamos en paz. -¿Estás chalado si crees que...- Mis palabras se fueron apagando a medida de que me percataba que mi ex novio, Mariano, entraba al bar de mala muerte acompañado de una rubia siliconada. ¿Acaso no le bastaba con una morena cien por ciento natural que lo esperaba con una linda sonrisa siempre? -'...si crees que', ¿Qué? ¿Que me pagaras la tintorería? Es lo mínimo que puedes hacer sino... -¿Harías un favor a una mujer que acaba de vaciar su estómago en tu traje caro?- Lo interrumpí. No necesitaba su respuesta, pues era obvio.- Supongo que no, así que lo harás de todas formas. Antes de que pudiera siquiera decir algo, lo besé. Ni siquiera pensé que mi saliva sabía a vómito. El mismo que estaba en la ropa de este hombre, con el que estaba dispuesta a pasar la noche para subir mi ego, el que estaba por debajo del piso. Tampoco pensé en que mi vómito se estaba pegando a mi ropa, ya que el hombre en cuestión me estaba tomando de la cintura y pegándome a su cuerpo, a la par que me devolvía el beso. Si analizaba las cosas... Todo era bizarro y bastante asqueroso. Su lengua entró en mi boca y dejé atrás mi propósito de que mi ex me viera avanzando en mi vida. Comencé a relajarme y a enredar mis dedos en su cabello. Después de todo, la idea de ligar no me pareció del todo mala. Ahí estuve con el hombre aquel, quizás cuanto tiempo besándonos, haciendo que las temperaturas de nuestros cuerpos aumentaran unos cuantos grados. Hasta que oí su voz. -¿Alicia? ¿Eres tú? Me aparté de este hombre cuyo nombre desconocía para posar mi mirada en Mariano. -¿Acaso no te han enseñado que interrumpir un morreo es de mala educación?- Dijeron a mi lado. -Me acabo de enterar. ¿Quién es tu... Amigo?- Preguntó mirándome. -¿Amigo? ¡Por favor si yo...! -Le di un codazo que no le permitió seguir hablando. -Mario. Él es Mario.- ¿Era en serio? Mario... Mariano... ¿No se me ocurrió un nombre mejor? -Mario... Mariano... No paras de buscar similitudes ¿Verdad?- Dijo mi ex sobandole la espalda a la rubia esa. Me dije a mi misma que lo hacía para sacarme celos, que yo en verdad le importaba, pero que quizás necesitaba un poco de tiempo... Después de todo él era hombre. También me dije que volvería corriendo a mis brazos arrepentido y que cuando lo hiciera, yo estaría para él. Superaríamos este momento bajo, propio de todas las relaciones, y yo volvería a ser la princesa en apuros y él mi príncipe azul. -¿Similitudes? ¡Que va! Pues claro que no.- El hombre a mi lado soltó una leve carcajada. No me atreví a moverme por miedo a lo que pasara. -Me alegro de que lo hayas superado pronto. Que te haya cortado, ya sabes. Al fin y al cabo no ha pasado mucho tiempo. Diez horas, cuarenta y siete minutos y unos cuantos segundos. Quise decirle algo como 'Igual de rápido que tú.' Refiriéndome a su compañera, pero era demasiado sínico de mi parte, dada la circunstancia en la que me encontraba. -¡Ah, eso! Pues ya ves que casi lo había olvidado.- Me iba a crecer la nariz. Era un hecho. Nadie pareció muy convencido de mis palabras, pues las había dicho con un entusiasmo demasiado fingido. Mientras ni boca decía 'No me importa', a mi frente le faltaba poco para tener un cartel luminoso con la pregunta '¿Me das una segunda oportunidad?' Intenté recordar alguna escena en las películas de princesas en la que la mujer se encontrara en una situación parecida a la mía. No encontré ninguna. -Claro. Lo que digas, y... Mario. Deberías cambiarte ese traje.- Obvio se refería a mis fluidos. -Fue una loca de patio un poco obsesionada. Pero gracias por el consejo, tendrá que comprarme un traje nuevo. -Creí haber oído que te dijo algo de tintorería.- Interrumpí volteándome un poco para mirarlo.- ¿Me equivoco? -Entonces ella me pagará la tintorería. - Respondió con la mirada puesta en Mariano. Su apuesto perfil quedó en mi campo de visión y tuve que recordarme que quería recuperar al hombre de mi vida, el cual estaba al frente, para ser capaz de apartar la mirada. -Pues sigan en lo suyo... Nosotros ya nos íbamos. Adiós Alicia. Con una mirada un poco burlesca desaparecieron por el cargado humo del cigarrillo que había en el ambiente. Además de que atravesaron una puerta maciza hacia otra zona de baile cercana a la salida, en donde al cruzar la calle, se encontraba un motel... Me ordené detener mis pensamientos para evitar lastimarme. Me volví hacia la barra. -Eso fue penoso. Incluso para mi.- Dije enterrando la cara entre mis manos y soltando un bufido. Había sido demasiado obvio lo que sentía. Lo que quería. Y lo quería a él. Lo necesitaba para poder seguir adelante. -La verdad es que sí. Por Dios. -¿Alguien pidió tu opinión?- Tragué mis lágrimas y lo miré, sacando mi rostro de su escondite. -Esa no fue mi opinión. Mi opinión es que esa rubia estaba buena. Eso fue la gota que colmó mi vaso. -¿Es que todos son iguales? Piensan en sexo día y noche, día y noche. Destrozan a las mujeres sin importarles lo que nosotras sentimos. Siendo que somos nosotras las que nos sacrificamos por darles todo lo que necesitan. Todo lo que les gusta. Estoy cansada. ¿No pueden ser tiernos y románticos sin esperar estar entre las piernas de una mujer como recompensa? -Pues no. La simpleza con la que respondió me dejo con un claro apelativo a su persona. -c*****o. -Todo lo que quieras.- Su mirada se volvió seria.- No eres la única con problemas, ¿Lo sabes? No eres la única que quiere olvidar un mal rato.- ¿Qué? Tenía dos explicaciones. O era bipolar... Mira que cambiar de tema así, o más bien de situación, daba para pensar eso; O, el alcohol ya le había quemado toda posibilidad de pensar algo lógico, y había echo que su lengua no se coordinara con su cerebro, algo que me pasaba frecuentemente con la diferencia de que yo no bebía, y haya dicho algo como lo que dijo. Me gustaba pensar en que el alcohol lo había dañado severamente. -Pues no te pregunté. -Yo a ti tampoco. Lo llevas gritando como idiota toda la noche. En lugar de insultarlo, que era lo que quería hacer, tomé una servilleta, o muchas, y limpie mi parte de vestido con vomito. Agarré el bolso, que mágicamente apareció intacto en el suelo, y busqué con la mirada a mi seudoamiga. Al encontrarla en la misma posición que antes, me acerqué, alejándome de 'Mario', y la tomé por el brazo. -Te la robo unos segundos.- Le dije al chico con labial en toda la mandíbula. Luego me dirigí a mi amiga.- Me marcho. No hay buenos ligues, y los que quedan son unos amargados con dinero en el culo.- Lo último lo dije alzando la voz, para que cierta persona me escuchara. Sí lo hizo. Me despedí de mi amiga y fui a la salida. -Hasta pronto. Nos estaremos comunicando por lo del traje.- Oí que decía a mis espaldas con tono serio. Quise voltearme y hacerle un gesto poco amable con los dedos, pero de nuevo, los modales, o lo que quedaba de ellos, se interpusieron en mi actuar. -Hasta nunca.- Lo pensé mejor. Ciertamente esa noche había dejado de ser princesa. Una cosa más no me hundiría más en el fango. Terminé levantándole el dedo medio, aún dándole la espalda, sin siquiera molestarme en mirarlo. Ya había tenido mucho por ese día y lo que menos quería eran más confusiones. Ya bastante tenía con el alcohol nublando mi mente y haciéndome desear a alguien que no era el hombre de mi vida, a alguien a quien había vomitado encima y a alguien a quien no quería ver más. Y en verdad esperaba no encontrarlo nunca, el problema, es que en ese minuto ni siquiera sospechaba lo que se me venía por delante.
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