-¡Tachan!- Saqué mis manos de sus ojos, perimitiéndole ver mi sorpresa. Me había esmerado en prepararle una cena que no pudiera olvidar nunca, y todo porque hoy, jueves, habíamos decidido que él volvería a su departamento. No es que me incomodara tenerlo en mi hogar, para nada, era solo que sus mudas de ropa se habían agotado, y para qué andar con cosas, desde el martes por la tarde no habíamos echo otra cosa que pasar el tiempo juntos. Pasar. Juntos. Tiempo. Y una cama... -Por Dios, Alicia... Huele estupendo.- Su mano, creo que por inercia, se movió hacia mi cintura y me acercó a su cuerpo.- No tenías que molestarte, preciosa.- Besó mi oreja, para ir bajando hasta la base de mi cuello. Para ese entonces, mi respiración había dejado de ser normal. -No... No es molestia. Espero que te g

