-¿Entonces el rojo?- Me peguntó Karen mostrándome uno de los tres conjuntos que tenía en su mano. Había otro azul, con tirantes delicados y cintas, uno púrpura, con transparencia en todas partes, lo que dejaba muy poco a la imaginación, y el rojo, que debía reconocer, era el que más me gustaba. Tenía encajes negros, pero todo era rojo, incluso las bragas. -Creo que sí.- Respondí dudosa. La dependienta miraba impaciente desde el otro lado de la tienda, casi obligándonos a comprar el conjunto luego. Pero lo que ella no sabía, era que Karen tenía planes para bastante tiempo más. Según ella, quería regalarme el conjunto rojo, pero para ella, unos cuantos más. Porque sí, Karen era lunática por los conjuntos, tenía de todos los colores, de todos los tipos. Fue idea suya el que nos adentráramos

