Definitivamente esperaba de todo menos esto. No estaba preparada para las palabras frías de Mario, aunque sabía que las tenía que escuchar, tenía que soportar las heridas que había dejado al almuerzo, como pago por lo mala que había sido con él. Repetí aquella conversación mil veces en el camino de vuelta a casa, pensando en las cosas que pude haberle dicho, en las cosas que debí haber respondido ante sus provocaciones, pero ¿De qué me servía ahora? Si ya todas las cartas estaban sobre la mesa, y no quedaba más que recoger los premios o largarse para apostar otra vez. En otro lugar. Y eso era precisamente lo que estaba haciendo en ese momento. Me estaba arreglando para mi cita con Mariano. Maquillé mi rostro tal y como lo hacía cuando salía con Mario, y siguiendo sus consejos, me puse

