NARRADOR OMNISCIENTE Moscú, palacete Romanov El humo del cigarrillo y el olor a sudor, sexo, drogas y loción cara, comenzaba a poner de mal humor a Ash Carlton, llevaban días encerrados ahí, en Rusia, por negocios de su padre con uno de los mafiosos de bajo rango, no tenían relación alguna con la mafia rusa, la Bratva, pero eran importantes para el comercio en zonas destacadas. Solo por eso era que vivían, o, mejor dicho, se les permitía vivir. Su padre llevaba horas aislado con el líder. Movía el cuello con estrés, las putas no le interesaban, porque en su cabeza existía una que deseaba tener en sus manos. Le dio un trago a su bebida, mientras observaba de soslayo, cómo una rubia de piernas kilométricas y cabello extremadamente largo, lacio, rubio, no le quitaba los ojos de encima.

