Sus manos en mí, las mías en él, creo que Alexander drogó mi bebida, por eso sonreía cuando yo estaba bebiendo, pero eso no me complica ahora, lo que me tiene en otro mundo es que este extraño me está haciendo sentir más de lo que he sentido en mi vida. - Promete que no te tendré que volver a ver. – Dice y me hace reír. - Entonces, promete tú que no volveré a saber de ti. - Pido. - Jamás. – Dice seguro de su respuesta y mis labios no tardan en encontrar los suyos, su mano vuelve a mi muslo y una necesidad me exige estar más cerca de él, me sube a su regazo de forma brusca y me lleva hacia la muralla, allí me apoya mientras me toma con fervor los labios. ¡Dios! Se siente exquisito. El beso se vuelve una danza de nuestras lenguas, sus manos me presionan más fuerte y mi respiración ya s

