Aquella mañana el sonido de la celda siendo abierta la despertó de sobresalto, no podía esperar que se tratara de alguien intentando salvarla, ya era más que obvio que nadie haría tal cosa, no le habían dejado más opción que aceptar amargamente su destino. Quiso reírse por pensar semejante estupidez, pero las garras de dos personas la hicieron alarmarse. — ¿Ustedes qué hacen aquí? — Preguntó Sabine cuando un par de hombre en completo silencio se adentraron en su celda y la tomaron de ambos brazos, solando las cadenas que la tenían atada y comenzado a arrastrarla hacia el exterior. — ¡¿Qué hacen?! ¡Ya suéltenme! Sabine intentó forcejear y escaparse, pero solo consiguió que apretaran aún más el agarre a sus brazos. — Ten cuidado, nos pidieron que esta pera exclusiva llegara sin ningún ti

