Un penetrante frío junto a un agudo dolor de cabeza fue más que suficientes para hacer que se despertara. Sabine, quien tenía un agudo dolor de cabeza, producto del golpe con el que fue noqueada para encerrarla, no podía adaptar la vista a su entorno, las cosas de su alrededor parecían dar vueltas y las imágenes se proyectaban de manera distorsionada. Solamente podía ver muchos barrotes frente a ella y una figura senil sentada del otro lado, sobre una banca, como si estuviera esperando por el momento para hablar, Sabine sintió el suelo rígido bajo ella, simple arena al igual que las paredes donde estaba cautiva. — Al fin despertaste… — Dijo la persona que la estaba esperando del otro lado. Ella se alarmó. — ¿Quién eres? ¡¿Dónde estoy?! ¡Déjame ir ahora! — Sabine intentó correr hacia lo

