Horas antes de tener que ir a casa de Allen Dorian hizo acto de aparición con un maletín lleno de cosas, de inmediato terminó arrastrándola escaleras arriba mientras la ayudaba a vestirse para la ocasión.
Uno de los mejores atributos de Dorian era sin duda su agudo sentido para la moda, uno de los atributos que adquirió cuando jugaba con su hermana, a quien le gustaba que la arreglara. Sabine nunca lo escuchó de la boca de Dorian, pero ella estaba segura de que a él le gustaba ayudarla y nunca la dejaba salir luciendo como una vagabunda, por lo cual la costumbre de ambos era irse juntos a la escuela.
— Ya sabes lo que debes hacer para sobrevivir ¿Cierto, Sabine? — Cuando Dorian terminó de domar su cabello tomó asiento justo en frente de ella.
— ¿No crees que esto es demasiado?
Sabine, de manera muy incómoda, estaba cargada de ajo y cubiertos de plata que Dorian le entregó.
— Nunca será demasiado si con eso podemos ganar segundos para que puedas huir cuando las cosas se pongan feas. — Dorian estaba siendo serio, lo suficiente como para deslizar sobre la mesa una pequeña daga. — Esto es lo que vas a atar alrededor de tu muslo, no debería notarse si estás usando un vestido.
El frío metal de aquella daga la hizo sentirse un poco incómoda, estaba segura de que la cuchilla estaba tan afilada que un simple roce podría traspasar la piel de cualquiera.
— No quiero matar a nadie, Dorian… — Murmuró, palpando el arma oculta bajo su ropa.
Dorian le colocó una mano en el hombro. — Es por seguridad, Sabine. Necesitas estar preparada para cualquier cosa ¿Comprendes? No quiero perderte igual que Dina… Por favor, si la llegas a ver dile que la extraño demasiado y que regrese a casa ¿De acuerdo?
Sabine se mordió el labio con duda.
Por un momento la imagen de la hermana de Dorian ocupó las memorias de Sabine, Dina era una joven delicada y enérgica, llena de vida que durante la plena flor de su juventud recibió una invitación por parte de una chica que no podía asistir esa noche, Dina no durmió deseando que aquel día llegara, preparó sus mejores atuendos, rojo como la sangre, cepilló su cabello todos los días para que estuviera suave y cuidó ansiosamente de su piel.
Nadie deseaba que Dina asistiera aquella noche, sin embargo ella estaba profundamente enamorada de Harry, uno de los integrantes de aquella casa, su enamoramiento la llevó a rebelarse contra la autoridad ejercida por sus padres, sintiéndose completamente sola se encerraba a llorar en su alcoba.
Por eso Dorian siempre le mostró su apoyo incondicional.
Agradecida profundamente con su hermano ambos idearon un plan para que Dina pudiera fugarse aquella noche para ir a ver a Harry durante la fiesta, Dorian pretendió ir a casa de un amigo cercano solamente para hacerse pasar por ella mientras Dina tomaba su lugar y salía de casa, quedando en regresar antes de la medianoche, igual que cenicienta.
Pero Dina jamás lo hizo.
Conforme las horas pasaban la preocupación de Dorian fue creciendo más y más, las largas horas se convirtieron en días y, cuando se vio acorralado por sus padres no tuvo más opción que confesar su pecado, destruyendo así la relación que todos habían forjado desde hacía mucho tiempo atrás y que solo se restableció cuando todos aceptaron que Dina estaba muerta. Todos menos Dorian, por supuesto.
A diferencia de Rosita, la hija de Nana, Dina nunca apareció. Esa es la razón por la que Dorian cree que su hermana está en aquella casa, a pesar que había pasado mucho tiempo él seguía buscándola de una manera insistente, aun cuando todos la daban por muerta, incluso la policía.
Sabine nunca fue capaz de arruinar la esperanza de Dorian, tal vez porque ella sabía que él era más que consciente sobre lo que pasó con su hermana.
— Haré lo que pueda, pero estoy segura de que ellos no deben tener idea sobre lo que ocurrió con tu hermana. — Probablemente si la tuvieran tampoco se lo dirían a alguien como Sabine, quien básicamente era una desconocida de dudosa procedencia.
— Si algo malo llega a suceder no dudes en defenderte, Sabine. Solo tienes una vida, así que lucha para que no te la arrebaten. Corre tan lejos como puedas de ellos y escóndete, a donde quiera que estés iré a buscarte ¿Me entendiste?
Dorian abrazó a Sabine justo en el momento en que el claxon de un automóvil sonó y la voz de Nana la llamó para que se marchara de una vez, Sabine inhaló hondo y aceptó su destino.
Por Dorian lo haría.
El automóvil n***o era lujoso, un chofer expresamente había ido a buscarla. Sabine no se sintió cómoda con el aura que aquel hombre desprendía y las ventanas polarizadas le causaron pavor, todo estaba tan oscuro que apenas conseguía vislumbrar la carretera gracias a las luces del auto.
— Yo le aconsejaría no sacar eso. — El chofer la miró de reojo por el retrovisor cuando Sabine agarró firmemente la daga unida a su muslo, había alcanzado a ver el brillo de la plata reflejándose. — A menos que desee cavar su propia tumba.
— ¿Disculpe?
— La mejor manera de sobrevivir no es luchando, sino siguiéndoles el juego y encontrar la forma más inteligente de escapar sin usar el conflicto. No ganará, el alcalde los asignó a encontrar enloquecidos, a ellos nadie se les ha escapado.
— ¿Encontrar enloquecidos? — El chofer pareció asentir. — Entonces es por eso que nadie ha vuelto a ver a sus parientes, ni siquiera cuando enloquecen.
Los Scarlett se encargaban desde el principio de deshacerse de todos.
La duda de Sabine creció en ese preciso momento.
— Hemos llegado, no hagas contacto visual ni los llames por su nombre de pila si ellos no te lo han pedido, lo consideran como una falta de respeto.
Sabine sintió crecer el nudo de su estómago cuando se abrieron las puertas de aquella terrorífica casa, al igual que en las películas de terror todos la estaban esperando en la entrada, portadores de piel pálida como la nieve y cabello oscuro como la noche, cada uno era una copia mayor, menor o femenina de Allen. Con ligeras variaciones, como el color de ojos y el tipo de cabello.
— Bienvenida, Sabine. — Allen extendió la mano hacia ella. — Llegas justo a tiempo, es la hora de comer.
Sabine respiró hondo, aceptó la mano de Allen y se adentró en lo que parecía ser su futura perdición.