— ¿Están seguro de que ella no es una farsante?
— Mira su aspecto.
— ¿Cuándo se supone que invitamos a alguien así?
— Todo es culpa de ese idiota por tener arranques moralistas.
— ¿Creen que se lleve bien con los demás invitados?
— La comerán viva.
— A gato le incomoda su presencia.
¿Acaso no eran conscientes de que Sabine los escuchaba perfectamente?
Era una de las cenas más tortuosas y lentas de su vida, no le sorprendería si terminaba sufriendo de indigestión severa.
En aquella larga mesa todos daban un aspecto imponente, conversaban entre ellos sin tomar en cuenta a la pobre Sabine, quien ni siquiera entendía por qué habían tantos tamaños de cucharas si todo lo que iba a tomar era un plato de sopa, por un momento pensó en tomar la más grande con la idea de poder agarrar mayor cantidad, pero las risitas le hicieron saber que no era la opción acertada.
— ¿Pueden cerrar la boca? Están incomodando a nuestra invitada. — Violett fue quien impuso el silencio de sus hermanos, luego se dirigió a Sabine para indicarle de manera disimulada la cuchara correcta que debía usar para comer. — Perdónalos, Sabine. No están acostumbrados a recibir visitas.
Sí, de eso ya se había dado cuenta cuando llegó y todos la dejaron atrás como si ella fuera adivina para saber dónde se ubicaba el comedor.
En la mesa, del lado derecho estaban los dos hermanos mayores, Harry Y Violett junto a Allen y Sabine.
Del lado izquierdo estaban los hermanos menores, Víctor, Nía con su mascota y Gibran.
Además de ser peculiarmente extraños en cuanto a su conducta Sabine no encontró nada extraño, la casa no era tan antigua que todo estaba hecho con madera ni tampoco tenía la sensación de quie hubieran fantasmas allí dentro.
Una vez más pensó en que probablemente Dorian solo exageraba, como siempre.
— Y cuéntanos, Sabine… ¿A qué te dedicas? — Valerie, la dueña de aquella casa que estaba sentada al extremo de la mesa, frente a su esposo, George, se dirigió a ella. Contestó ella, emocionada de por fin poder ser el centro de atención por un momento.
— Solo soy una estudiante… Aunque a veces voy con Nana al orfanato a llevar galletas a los niños. —
— ¿Orfanato? ¿Por casualidad no será el de las hermanas de la paz? — Preguntó George, alzando la mirada de su trozo de carne para fijarla en ella, una pequeña sonrisa presumida se dibujó en sus labios cuando Sabine asintió. — Nuestra familia ha colaborado por generaciones con ese orfanato para que los niños de ahí puedan vivir bien, al menos de una manera cómoda.
— ¿En serio, señor? ¡Eso es increíble! — Preguntó Sabine.
— Por supuesto, siempre nos hemos caracterizado por ser una familia que le gusta ayudar a los menos afortunados, de hecho yo hace poco recibí un emblema por mis aportes y contribuciones a la sociedad…
— Aquí vamos de nuevo… — Murmuró Nía, sujetando a su mascota entre brazos para jugar con ella.
Por otra parte Gibran rodó los ojos y se puso sus audífonos, Víctor suspiró y Harry en conjunto con Violett se pusieron a hablar entre sí.
Sabine no comprendió por qué hasta que tuvo que soportar la media hora del discurso moral por parte de George, quien parloteaba sobre por qué es tan importante realizar buenas acciones y contribuir en el desarrollo de la sociedad para volver el mundo un lugar mejor.
¡Su propia esposa no lo estaba mirando siquiera!
— Padre, por favor ya basta… Estás aburriendo a Sabine, no me sorprendería que a este punto le sangren los oídos. — Comentó Allen con fastidio. — Llevas diez años hablando sobre un emblema que te escribió el primo del alcalde para que no dejaras de hacer labores comunitarias gratis ¡Supéralo!
— Si uno tiene logros en la vida ¿Por qué no presumirlos? — Dijo él. — Además, incluso tú te viste motivado, hasta me acompañas todos los fines de semana al orfanato y juegas con los niños.
Escuchar aquello sobresaltó a Sabine, quien se giró rápidamente hacia Allen.
— ¿Vas al orfanato los fines de semana?
Pero él ni siquiera la miró, al contrario, todo lo que hizo fue cambiar la conversación.