P.O.V Melissa El candelabro del centro proyectaba sombras doradas que danzaban en los muros de piedra, y los platos decorados con detalles de oro parecían más parte de una trampa que de una velada. Aleksi estaba frente a mí, con esa mirada cínica y seductora que tanto esfuerzo ponía en disfrazar como encanto. Yo también sabía jugar. Cruzar las piernas con delicadeza. Inclinar el rostro con una sonrisa falsa. Fingir interés mientras mi estómago se retorcía con cada palabra que salía de su boca. Lo hacía por Tomás, por mi hijo, por la promesa de que resistiría… aunque cada segundo a su lado fuera como caminar descalza sobre brasas. —Brindemos —dijo Aleksi con una sonrisa torcida—. Por las decisiones que cambian el curso de nuestra historia. —¿Decisiones o errores? —respondí, alzando mi

