P.O.V Tomas Corría. No recordaba haber sentido algo así antes. Ni siquiera en los peores momentos de mi vida. Esta vez era diferente. Mi pecho ardía. Cada latido era un martillazo en el centro del pecho. Mis piernas se movían por instinto, pero mi mente… mi mente era un caos. Las paredes se cerraban sobre mí, cada pasillo se sentía eterno, como si la fortaleza se burlara de mí, jugando a esconderla. ¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba ella? ¿Por qué no respondía? El silencio era más aterrador que cualquier grito, pero cuando llegaron… cuando por fin escuché sus gritos, algo en mí se quebró para siempre. El sonido de su voz… desgarrada, temblorosa, con miedo. Jamás había escuchado a Melissa así. Jamás. Ese no era un grito de enojo, ni de frustración… era terror. Real. Crudo. Vivo. Y me congeló el

