43- Diles a quién perteneces

3078 Palabras
Emiliano. He estado nervioso todo el día, y esa retorcida excusa para una fiesta de celebración no ha ayudado. Ver a mi tío y a mi madre adularse mutuamente, y la forma en que Henry mencionó el accidente como si fuera parte de su historia de amor juntos… Digamos que no fue ideal. —¿A dónde vamos? ¿Se supone que debo usar esto? — Las preguntas sin aliento de Amina me devuelven al presente y me ayudan a concentrarme, mientras el auto se detiene. Estamos aquí. Bien. Respiro hondo, disfrutando del rubor en sus mejillas y de cómo juega con el collar de diamantes, luciendo nerviosa y excitada a la vez. Puede que no sea tan inocente como pensé, pero está claro que nunca antes había usado algo así. Sonrió, ya anticipando la noche que se avecina. Las cosas que le voy a mostrar. Todas las maneras en las que la haré rogar. Su placer es exquisito, y ni siquiera hemos arañado la superficie de su deseo. Apoyo una mano en su pierna, calmándola. —Relájate— le digo. —Ya verás— El conductor abre mi puerta y salgo, llevando Amina detrás de mí. La he tomado de la mano, no de la correa de su bonito collar, no quiero abrumarla de inmediato. Pero, aún así, esa oscura sensación de posesión ya está cobrando vida dentro de mí, y solo verla con los ojos tan abiertos y ansiosas por aprender me está poniendo duro. Pero tengo grandes planes para esta noche. Estamos en la entrada trasera de una casa adosada anodina en una zona exclusiva de la ciudad. No hay señales ni marcas en la puerta, pero cuando la empujo para abrirla, una hermosa mujer vestida con un vestido de diseñador me saluda inmediatamente. —Bienvenido— dice expectante. Le saco una tarjeta delgada con mi membresía. Ella sonríe. —Por favor, adelante. Avísame si hay alguna manera en que pueda servirle esta noche…— Su mirada se detiene en mi, pero no me interesan sus servicios. Amina es la única en la que estoy concentrado, mientras la tomo de la mano y la llevo por el elegante pasillo, hasta donde el espacio se abre a una zona de bar con poca luz. Tiene el estilo de un bar clandestino antiguo, todo el papel tapiz de brocado con bordes y dorados Art Deco, con una barra pulida y botellas de licor brillando en una pared de espejos. Esta noche, ya hay un par de docenas de personas aquí, en parejas y grupos, murmurando conversaciones en voz baja en rincones oscuros. Amina me sigue, mirando ansiosamente a su alrededor. —Oh, este lugar es lindo— dice, sonando aliviada, y sonrió ante su inocencia. Entonces sus ojos se adaptan a las luces tenues y sus bonitos labios se abren con sorpresa. —Yo…— aprieta mi mano con mas fuerza. —Ellos…Eh…— —¿Están follando? — respondo. Hay una pareja cerca, medio escondida en las sombras de una de las cabinas, ya disfrutando de su velada. El hombre esta recostado, con los brazos en el respaldo de la cabina, bebiendo una copa mientras su compañera lo monta, con el vestido recogido alrededor de la cintura y su spechos desnudos rebotando con cada lenta embestida. Amina los observa con clara incredulidad. —¿Qué es este lugar? — susurra, acercándose a mí. —¿Qué crees que es? — respondo. —¿Un…Club de sexo? — pregunta, bruscamente, sonrojándose con gracia. —Uno de los clubes de sexo más exclusivos del mundo— confirmo. —Oh— Amina traga saliva. —Pero es tan elegante— susurra, mirando a su alrededor. —Nunca lo habría adivinado, si no fuera por, ya sabes…— El hombre de rodillas junto a la barra, esperando pacientemente a que su amante termine su conversación. La mujer en un rincón oscuro, entre dos hombres. La pareja bailando lentamente bajo la lampara de araña de cristal, mientras él le masajea los pechos a través de su elegante vestido. —Ese es el punto— le digo, mientras la guio por la habitación. —Y por lo que pagamos una cuota de membresía exorbitante para disfrutar— —¿Entonces, ya has venido aquí antes? — La mirada de Amina se dirige a mi. Asiento. —De vez en cuando— —Entonces, esa anfitriona de recepción…— Su rostro cambia y siento una extraña sensación de satisfacción. —¿Celosa, Gorrión? — bromeo. Se sonroja aún más. —No. Es solo que… Sabes que nunca he estado en un lugar así. ¿Cómo se supone que debo actuar? — —Como quieras— digo, sentándome en una mesa que da a la sala. Hago un gesto a un camarero para que se acerque y pido bebidas, mientras Amina se sienta en una silla a mi lado, echando un vistazo a la sala. —No tienes por qué avergonzarte— le digo divertido por su cautela. —Todos están aquí porque quieren estarlo. Ser vistos, observar, disfrutar… ¿Recuerdas cómo se sintió eso, ¿verdad? — añado, recordando nuestra noche en la fiesta en Notting Hill y como la toque en el balcón donde quiera podía verla. Estaba tan mojada por mí, odiando la exhibición pública, pero enloqueciendo por ello, de todos modos. Y Amina también lo recuerda. Sus pupilas se dilatan y se humedece los labios, respirando más rápido. —¿Es eso lo que quieres hacer conmigo aquí? — pregunta. Hago una pausa, disfrutando de su suspenso. —Eso depende— respondo finalmente, pasando la yema de un dedo por su brazo desnudo. Ella tiembla como un cable eléctrico bajo mi tacto. —¿Es eso lo que te gustaría, cariño? — murmuro, inclinándome más cerca. —¿Qué te toque aquí mismo, en medio de esta sala, donde todos pueden ver? ¿O quizás te gustaría servirme esta noche? Ponerte de rodillas con ese bonito collar de diamantes y chuparme la polla para que todos sepan lo buena chica que puedes ser— El cuerpo de Amina se estremece y prácticamente puedo verla apretar ese dulce coño debajo de su vestido. —Yo…— tartamudea, con los ojos vidriosos. —Yo…— Me recuesto, sonriendo con suficiencia. Dios, me encanta cuando está excitada así. una sirvienta de los anhelos secretos de su cuerpo, ni siquiera se da cuenta de cómo su deseo está escrito en todo su rostro y cuerpo, y en sus pezones rígidos, que se asoman al satén de su vestido. —Piénsalo ¿Por qué no? — sugiero casualmente. —Disfruta de nuestra compañía esta noche. Tal vez te sientas…inspirada— Llegan nuestras bebidas, y Amina bebe la suya de un trago como si estuviera sedienta. Ya puedo ver su mente ocupada trabajando horas extras, tratando de evaluar qué hacer y cómo manejar esto. Todavía no se da cuenta de que soy yo quién tiene el control. Esta noche y siempre. Ella tomó su decisión, y eligió quedarse conmigo. Y ahora… Ahora le daré la rendición que anhela. Exigir su sumisión y disfrutar de cada momento. Pero después de todo lo que ha pasado estas últimas semanas, necesito estar seguro. Tengo que saber si puedo confiar en ella. y esta noche, lo voy a averiguar. Amina gira la cabeza. Al otro lado de la barra, una hermosa mujer rubia se dirige a la mesa, donde la primera pareja todavía está entrelazada. La rubia se desliza junto a ellos, extendiendo la mano para besar a la chica morena incluso mientras ella todavía está a horcajadas sobre su pareja. Los tres se abrazan, con las cabezas inclinados una hacia el otro, las lenguas demorándose mientras intercambian besos. La rubia se despega de la otra. El vestido de la mujer se baja e inclina la cabeza, chupando y lamiendo sus pechos hasta que la morena gime, frotándose en el regazo del hombre, obteniendo placer de su polla. Amina exhala temblorosamente. No puede apartar la mirada. Puedo ver la excitación de su expresión, sus labios entreabiertos, un rubor en sus mejillas. Tiene los ojos muy abiertos y sé que, si deslizo una mano por debajo de su vestido, la encontraré mojada y lista para mí. —Ven aquí— murmuro, dándome una palmadita en el regazo. Amina se sobresalta, pero obedece inmediatamente, levantándose y rodeando la mesa para sentarse en mi regazo, de cara a la habitación. La atraigo más cerca, de modo que queda sentada con la espalda contra mi pecho y mis brazos rodeándola. —¿Te gusta lo que ves? — susurro, pasando mis manos por sus brazos desnudos. No responde, pero todo su cuerpo tiembla. Abrumado. —Creo que si…— reflexiono. —Creo que te excita mirar. Porque ya sabemos que te gusta que te miren, ¿verdad, Gorrión? — Lenta y deliberadamente, coloco una mano en cada una de sus rodillas y las separo. Jadea, su cuerpo se tensa. Su falda todavía la cubre, pero intenta cerrar las piernas. Las agarro firmemente, manteniéndola abierta. —Shh…—Susurro, dejando un rastro de besos por la pálida columna de su garganta. —¿No quieres que todos aquí vean este hermoso cuerpo? — Amina mira hacia la habitación y se tensa. —Emiliano…Están mirando— —Así es— digo, complacido. La gente nos está observando ahora, enviando miradas curiosas a nuestra mesa. Puedo ver sus ojos abrirse de par en par al reconocerme, con sorpresa y asombro. Normalmente soy más discreto que esto, manteniendo mis actividades en las salas privadas y los rincones oscuros del club, pero esta noche no esconderé nada. Reclamaré mi derecho sobre Amina, donde todos puedan ver. Muevo una mano hacia su pecho, jugueteando con un seno a través de la tela de su vestido. —Pero…No podemos…— Amina se retuerce en mi regazo, el movimiento yendo directo a mi polla. —¿No podemos qué? — pregunto, divertido de que todavía esté luchando contar esto. Pero así es como se han desarrollado todas nuestras lecciones. Primero la negación, donde se aferra a la inocencia. Luego la rendición a su verdadero deseo. Y que jodidamente dulce es esa rendición. Le aprieto el pezón con fuerza y Amina emite un gemido ahogado de placer, arqueándose un poco en la palma de mi mano. —Hacer…esto— respira más rápido, incluso mientras se frota de nuevo contra mi gruesa polla. —Puedes… Y lo harás— La mantengo inmovilizada en mi regazo mientras le bajo el vestido, revelando sus pechos desnudos, pálidos en la tenue luz. —Tan bonitos…— murmuro con aprobación, recorriendo sus pezones hasta que sobresalen en dos picos rígidos. —Creo que a nuestro público también le gustan— Amina se tensa al recordarlo y se esfuerza por ver a la gente que nos observa, disfrutando abiertamente del espectáculo. No estamos escondidos en las sombras como la última vez, donde solo un accidente haría que alguien la mirara. Ahora estoy expuesta a ellos. Mi trofeo. Extendida en mi regazo con las piernas abiertas y sus jugosos pechos al descubierto, gimiendo por mi tacto incluso mientras se estremece de vergüenza. Beso su cuello y masajeo lentamente sus pechos, provocándolos de la manera que sé que la vuelve loca. —¿Puedes gemir para ellos, nena? Muestrales a todos lo bien que se siente— Mina jadea en busca de aire. puedo sentir la guerra que se desarrolla dentro de ella, entre la decencia y el placer. El placer gana Ella gime alto, un sonido sucio y desesperado que resuena por la habitación silenciosa. El triunfo arde en mi pecho. —Buena chica— digo con voz áspera, abriéndole más las piernas. —Ahora, vemos que tan mojada se pone esta v****a, dando un espectáculo— Le quito la falda hasta que sus piernas quedan extendidas sobre mi regazo, revelando un trozo de seda húmeda estirada sobre su centro. La toco suavemente y se estremece contra mi mano. —Estás empapada— gimo de satisfacción. —A mi buena chica le encanta que todos la vean correrse— Amina gime de nuevo, con la cabeza hacia atrás contra mi hombro, su cuerpo se arquea entre mis manos. —Por favor…—susurra. —¿Quieres más? — La provoco, solo rozando mis nudillos contras sus bragas empapadas. —¿Quieres que te toque aquí, mientras todos miran? — —Si— jadea, retorciéndose. —Oh, Dios, no debería, pero… Si— Le bajo las bragas y se las quito del cuerpo, desnudándola al mundo. Mierda, está tan mojada, brillando en la tenue luz mientras me limpio con sus fluidos. Todas las miradas están puestas en nosotros mientras empiezo a frotar su clítoris con movimientos lentos, provocando más gemidos desesperados de su boca. Mierda, esta chica es embriagadora. He conocido la envidia, lo que es que la gente codicie lo que posees. Mi casa, mis coches, mi negocio…Pero juro que nada es tan potente como los celos que se envían en mi dirección esta noche. Todos los hombres en esta habitación, y la mitad de las mujeres también, están ardiendo de envidia, viendo a Amina envuelta y gimiendo en mi regazo con las piernas abiertas y su coño mojado apretándose para que toda la habitación lo vea. Me siento como un maldito Dios. Hundo un dedo en su apretado coño, y mierda, la forma en que lo agarra me hace querer tirarla al suelo y follarmela ahora mismo. Paciencia. Añado otro dedo, flexionándolos, y ella está sollozando, jadeando, intentando montar mi mano hacia su clímax. —¿Vas a correrte para mí, cariño? — pregunto, con la voz áspera por el autocontrol porque, mierda, lo que no daría por estar enterrado hasta las bolas en este estrecho coño ahora mismo. —¿Vas a enseñarle a esta gente quién es el dueño de tu coño? — Suena como un gemido ahogado, medio loca de placer. Empujo mus dedos más profundamente, con la mirada vagando por la atenta multitud. Tenía la sospecha de que le encantaría la emoción voyerista de una exhibición pública como esta, pero nunca soñé que me tomaría con tanto entusiasmo, con el cuerpo agitado, la sucia conmoción de todo ello llevándola a lo que ya sé que será un clímax gigantesco. Veo una cara familiar entre la multitud y sonrió. Justo a tiempo. —Díselo— le ordeno. —Diles a quien perteneces— —Emiliano…— jadea. Inclino mi mano para frotarla contra su clítoris. ella solloza más fuerte, estremeciéndose en mis brazos. —¡Emiliano! — —Así es. Eres mía— gruño. Apretando su pecho con fuerza. —Tu cuerpo existe para mi placer. Tu clímax es un regalo que tienes que ganarte. Y créeme, la noche apenas está comenzando. Así que muéstrales, muéstrales quién te hace gritar. Córrete— Mientras doy la orden irregular, retiro mis dedos y le doy una palmada en el clítoris. Fuerte. Amina se rompe con un grito de sorpresa, todo su cuerpo se retuerce y se sacude en mis brazos con la fuerza de su orgasmo. La sostengo allí, mostrando su placer a la habitación mientras sus gritos resuenan y sus extremidades se agitan. Llevarla al clímax siempre es una victoria, pero esta es especialmente dulce. Y no solo por la audiencia aquí, para ser testigo de su rendición. No tiene idea de lo que está por venir. Finalmente, Amina se queda quieta, jadeando. La levanto y le ajusto el vestido. Me mira aturdida, su rostro es la imagen del placer. Pero aún no he terminado. —Sígueme— le ordeno en voz baja. Luego tomo la correa de cuero que conectaba su collar y la saco de la habitación. Olvido a nuestra audiencia, ya ha cumplido su propósito. Amina me sigue, tropezando un poco con pies inestables mientras la llevo por el pasillo y de regreso a una de las habitaciones privadas que he reservado para la noche. Cierro la puerta detrás de nosotros. —Quítatelo— exijo, señalando su vestido. Estoy impaciente ahora, el fuego en mi sangre está a punto de ebullición, un calor salvaje que no podrá contenerse por mucho tiempo. Amina intenta recuperar el aliento. Se mueve torpemente con el vestido, temblando, y puedo ver que todavía se está recuperando de lo que acaba de pasar en el bar. No se da cuenta, es solo una muestra de lo que le espera esta noche. El satén rojo cae en un charco en el suelo y gimo en agradecimiento. Se sonroja y recuerdo cuanto disfruta de mis elogios. —¿Te gusta? — pregunta, adoptando una pose tímida. Desnuda, es una maldita obra de arte. Piernas largas y exuberantes, un culo redondo, y esas magnificas tetas… —Sube a la cama— le ordeno bruscamente, llevándola hacia ella por la correa. Ella sigue mis ordenes con entusiasmo, arrodillada sobre las sábanas, con los ojos muy abiertos por la anticipación. Su mirada se dirige a mi ingle, donde mi erección sobresale a través de mis pantalones. Se humedece los labios. —¿Me dejarás complacerte? — pregunta en un suave susurro, y mierda, es como un coro de ángeles. —Oh, me complacerás, claro que sí— prometo. Entonces la puerta se abre. Amina se gira, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y la confusión mientras mi amigo Santo, entra en la habitación. —¿Empezando sin mí? — pregunta arrastrando las palabras, divertido. —Eso no es muy educado— —No te preocupes— digo con indiferencia. —Llegas justo a tiempo— Amina se apresura a intentar cubrirse, girando la cabeza de un lado a otro entre nosotros. puedo ver las preguntas en su rostro inocente y, lo admito, me pone aún más duro. —No— la detengo. —No te escondas. Muéstrale tu hermoso cuerpo— Santo se acerca. —Precioso— dice con aprobación. —Vamos a divertirnos esta noche— Amina me mira a los ojos, sorprendida. —¿Qué quiere decir? — pregunta en un susurro. —¿Emiliano? ¿Qué está pasando? — —Es hora de tu próxima lección, Gorrión— digo, entregándole la correa a Santo. Me dirijo a la silla junto a la cama y me recuesto, listo para el espectáculo. Para ver hasta qué punto Amina está dispuesta a someterse a mí. Si puedo confiar en ella. —Mi amigo te va a follar. Y yo voy a mirar—
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