Amina
Siento que estoy soñando. Uno de esos sueños sensuales y prohibidos, más allá de cualquier cosas que puedas imaginar en la vida real. El tipo de sueño que te deja jadeando de placer, despertando empapada en sudor con las sábanas empapadas y el cuerpo ansiando la liberación.
Pero esto no es un sueño. Y estoy completamente despierta. ¿Quiere que yo…y él…?
Miro a Emiliano en estado de shock, tambaleándome por la sucia promesa de sus palabras. Todavía estoy conmocionada por la fuerza de mi clímax y por lo que Emiliano me acaba de hacer conmigo, ahí fuera en el club para que todos lo vieran. Pero ahora estamos a puerta cerrada. Los tres.
Yo, Emiliano y…Santo.
Su amigo. Morenamente guapo, salvajemente arrogante. Un aristócrata de pies a cabeza. y ahora el hombre que sostiene la correa atada a mi collar de diamantes, con una sonrisa perezosa en su rostro.
Trago saliva, mirándoles de un lado a otro. Emiliano esta recostado en el sillón, claramente en control, mientras que los ojos de Santo recorren mi cuerpo desnudo, llenos de anticipación. Ambos están tan relajados con esto, como si fuera una noche de viernes normal para compartir a una mujer.
Ya lo han hecho antes.
Inhalo rápidamente. —¿Estás seguro? — le pregunto a Emiliano. Aparte de la sorpresa por su sucia orden, estoy sorprendida.
Emiliano Wilder no es un hombre al que le guste compartir. Desde el momento en que nos conocimos, dejó claro que le pertenezco. Y cualquiera que se atreva a tocar sus posesiones pagarán el precio.
Pero ahora, Emiliano se relaja, sus ojos ardiendo en mí. —Oh, si— dice con calma. —Dijiste que querías complacerme. Bueno, esto será para el placer de ambos, Gorrión—
Me estremezco.
Hay algo sucediendo aquí, más que una simple aventura s****l salvaje. Y mientras Emiliano se inclina hacia adelante sobre sus codos, con la mirada fija en mí, veo algo debajo de la superficie. Una pregunta. Un desafío. De repente me doy cuenta…Esto es una prueba.
A pesar de todo lo que hemos pasado o tal vez es por eso que Emiliano me está poniendo a prueba. Viendo hasta donde puedo llegar con sus órdenes. Lo que haré para complacerlo. No puedo fallar.
Trago saliva con fuerza y asiento levemente. —Si es lo que quieres— le digo.
A mi lado, Santo se ríe entre dientes. —No necesitas ser una mártir— me provoca suavemente, con una mirada traviesa en sus ojos. —No morderé— se inclina, su aliento caliente en mi mejilla. —Al menos, no hasta que lo estés suplicando—
Me besa de repente, y me sobresalto ante el toque desconocido. Los besos de Emiliano son exigentes, llenos de intensidad, pero la boca de Santo es lenta y minuciosa, casi pausada mientras su lengua me explora. Sus labios son diferentes, más carnosos, y puedo sentir su sonrisa juguetona contra mi mientras sus manos se deslizan sobre mi cuerpo, recostándome en la cama.
—Tienes razón— dice, separándose finalmente y girándose hacia donde Emiliano nos observa. —Está deliciosa—
—Pues pruébala— ordena.
—Es un cabrón mandón, ¿verdad? — dice Santo, sonriéndome, con las manos todavía acariciando los escalofríos en mi piel. —No sé cómo lo soportas, todo “si señor, “no señor”—
—Hey—gruñe Emiliano
—Shhh. Silencio— Santo sonríe. —Estoy ocupado—
Inclina la cabeza para lamerme los pechos, cerrando la boca alrededor de un pezón para chuparlo.
Oh, Dios.
¿De verdad esta pasando esto? No puedo creerlo, pero mi cuerpo si, ya arqueándose ante el toque provocador de Santo.
Giro la cabeza, mirando a Emiliano en busca de permiso. Asiente con la cabeza, poniéndose de pie. Una mano ya se mueve para desabrocharse el cinturón y liberar su polla dura y gruesa para acariciarla, observando la boca de su amigo recorrer mi piel desnuda. El tambien quiere esto.
Y así, me relajo, entregándome a la salvaje e increíble experiencia, y al placer desconocido de la boca de Santo en mis pechos.
Es increíble, la sucia y prohibida adrenalina de esta situación. Mentiría si dijera que nunca he fantaseado con esto: dos hombres, su atención en mí. Sus manos…sus cuerpos…
Mi anticipación aumenta a medida que Emiliano se acerca a nosotros. pasa una mano por mi cara, hundiendo su pulgar en mi boca para que lo chupe. Lo hago con entusiasmo, mientras Santo juega con mis pezones, haciéndome gemir.
—Tan dulce— Santo lame mi pezón con aprobación.
—Su coño es aún más dulce— dice la voz áspera de Emiliano.
—¿Lo es? — Santo arquea una ceja maliciosa hacia mí. —Tendremos que verlo—
Se mueve por la cama, pasando su lengua sobre mi piel sensible, haciéndome arquearme y jadear.
Emiliano gira mi cabeza. Estoy a la altura de su entrepierna, mientras se baja los pantalones. Su polla se libera, dura y ansiosa. —Chúpala— exige, todavía agarrando mi mandíbula. Presiona su pulgar hacia abajo, forzando mi boca a abrirse más. —Muéstrale a Santo como te tragas mi polla, mientras él se atiborra de tu coño—
Gimo, temblando. Buscando torpemente alcanzarlo y lamer su grueso eje. Emiliano no espera, embiste en mi boca con brusquedad, mientras Santo entierra repentinamente su cara entre mis piernas.
Grito alrededor de la polla de Emiliano mientras Santo lame con fuerza mi clítoris.
¡Mierda!
La sensaciones son abrumadoras: la boca de Santo, fría y extraña en mi centro, su lengua. Jugando perezosamente con mi rígido c*****o mientras Emiliano mete su gruesa polla en mi garganta. Me ahogo, con arcadas ante la invasión, pero él no se relaja, simplemente embiste de nuevo, agarrando mi correa para inmovilizarme allí mientras Santo envía placer elevándose por mi cuerpo con cada movimiento y succión. Es demasiado, demasiado bueno, todo a la vez.
Es… todo.
Lo juro, mi cerebro se apaga, no puedo procesarlo todo. Me entrego por completo a las embestidas animales de la polla de Emiliano, enterrándose en mi garganta, mientras su amigo me hace jadear y gemir, lamiendo mi clítoris. Mi cuerpo esta eléctrico, sobreestimulado, volando hacia el borde.
—No dejes que se corra— ordena Emiliano, levantándome de su polla. Jadeo en busca de aire, jadeando y babeando, mientras Santo levanta la cabeza de mi coño.
—Oh, pero está tan cerca…— sonríe, moviendo perezosamente su lengua contra mi clítoris.
Grito, arqueándome hacia él, temblando de tensión.
—¿Ves? — Santo sonríe. —Apuesto a que se ve muy bonita cuando se corre—
—Es aún más bonita cuando lo ruega— gruñe Emiliano. —¿No quieres probar su boca? —
—Buen punto—
Santo me muerde el muslo y luego se levanta, quitándose los pantalones y la camisa. Se arrodilla sobre mí, su pene sobresaliendo de su cuerpo desnudo. Mis ojos lo absorben. Está tonificado, el cuerpo de un atleta, con una maraña de vello oscuro en el pecho y una V bien definida que conduce a…
—Le gusta— sonríe Santo. Mientras se mete el puño en la polla con indiferencia. —Tal vez se lo ha estado perdiendo—
—Ni se te ocurra empezar— gruñe Emiliano.
—Oh, relájate. Hombre. Vamos nena— dice, guiándolo hacia mi boca abierta. —Es hora de ponerme bien mojado para ti—
Me estremezco ante sus palabras, mientras mis labios se cierran alrededor de su polla desconocida. Es más grueso que Emiliano, el tipo de grosor que me hace ahogar, pero Santo me deja acostumbrarme a su tamaño, empujando suavemente una y otra vez, un poco más profundo cada vez, hasta que está enterrado hasta las bolas.
Oigo su gemido. —Mierda, esa boca…Se siente como el cielo—
—Si, lo sé — Emiliano se inclina, sujetando mi cabeza en su lugar. —Ahora ábrete bien para él, Gorrión, y trágate cada centímetro. Muéstrale lo guapa que te ves con una polla en la boca—
Gimo, tragándome a Santo obedientemente, mi cabeza balanceándose, todavía embargada por el embriagador placer de toda la experiencia. Vagamente noto unas manos en mi cuerpo, moviéndome sobre mis manos y rodillas, donde puedo chuparlo más fácilmente.
Una fuerte bofetada se escuece en el culo y jadeo de sorpresa. Y placer…
—Tranquila— alguien me aparta de él, y entonces la polla de Emiliano me espera, todavía húmeda por mi saliva. —Competir y compartir por igual—
Ma jala hacia atrás para chupársela de nuevo, y gimo, agarrando mis manos alrededor de sus pollas ahora, apretándolas con fuerza mientras muevo mi boca entre ellas, babeando húmedamente, chupando cada polla rígida por turno.
—Buena chica— escucho los gemidos febriles sobre mí y eso envía un calor fresco inundando mi cuerpo.
—Esa es mi maldita buena chica—
Si. Dios, sí.
Manos recorren mi cuerpo, jugando con mis pechos, apretando mis pezones haciéndome gemir y apartándolos mientras los chupo, perdiendo la noción de que polla me estoy tangando; de quién es la palma que me está azotando el culo. Es un caos embriagador y frenético de jadeos y gemidos, y mi clímax crece rápidamente, mis muslos tiemblan de necesidad.
—Mierda, esta tan mojada— gime Santo. Sus dedos se deslizan dentro de mí, hundiéndose en mis pliegues resbaladizos. —¿Te encanta esto, ¿verdad? —
Gimo de acuerdo, mientras me levantan, de modo que estoy de rodillas, encajada entre ellos, Santo detrás de mí, su boca en la curva de mi cuello. Sus manos ahuecando mis pechos, apretando, pellizcando… Y Emiliano, justo ahí frente a mí. Mi rostro entre sus manos. Sus ojos ardiendo en mí, todavía la imagen del control. —Has sido una chica tan buena para mi— gime, reclamando mi boca en un beso feroz y posesivo.
Me derrito en él, casi delirante, pero agradecida por su sabor familiar y su solido peso, sosteniéndome.
—Ahora, ¿estás lista? —
—¿para qué? — consigo decir, mientras las palabras aún son una opción. Porque la forma en que la mano de Santo se hunde entre mis piernas, acariciándome, deslizándose dentro… Oh, Dios. No puedo contenerme, no así.
La mano de Emiliano se desliza hasta mi garganta y aprieta suavemente. —Ser mi buena putita— Casi me corro en ese mismo momento.
Me recuestan y Santo se coloca entre mis piernas. —¿será capaz de soportarme? — le pregunta a Emiliano con una sonrisa burlona.
—Puede soportarlo—
Las manos de Emiliano están en mis muñecas, sujetándome mientras Santo se separa de mis muslos. Me siento completamente abrumada de la mejor manera: deleitándome con la sensación de rendición, de ser compartida por ellos. Complacida. Usada a su gusto.
Me preparo para la polla de Santo, pero justo cuando siento un empujón con la cabeza en mi entrada hace que Emiliano me agarre con mas fuerza. —¡Para! — ladra, apartando mi cuerpo de un tirón. Santo y yo lo miramos sorprendidos.
—Toma su boca— gruñe Emiliano, moviéndose para volver a colocarse entre mis muslos. —He cambiado de opinión. Este coño me pertenece. Y solo a mi—
Apenas tengo tiempo de registrar la salvaje posesión en sus ojos antes de que se estrelle dentro, como para demostrar su punto. Grito por la fuerza. la exquisita fricción, encendiéndome.
—¡Oh, Dios mío! — grito, destrozándome por la única embestida. —¡Emiliano! —
—Así es— gruñe, embistiendo contra mí de nuevo. Mas profundo. Mas grueso. Follándome hasta el orgasmo hasta que no puedo ver bien de tanto gritar. —Me perteneces. Siempre. ¡Soy el único! —
Mientras embiste dentro de mí, unas manos ásperas giran mi cabeza y Santo hunde su polla en mi boca de nuevo, cada centímetro grueso.
Oh, Dios.
Lo chupo, todavía corriéndome, ahogándome con su polla mientras mi cuerpo sufre espasmos de éxtasis por las embestidas salvajes de Emiliano. Santo gime, con las manos en mi pelo, hundiéndose profundamente. —Mierda, se está corriendo, puedo sentirlo— jadea. —Tan jodidamente sexy, Dios me voy a correr…—
Los dedos de Emiliano se clavan en mis caderas, jadea. Ralentizando sus embestidas. —Trágatelo, Gorrión— gime con los ojos desorbitados. —Toma todo su semen para mí, se una buena chica—
Me corro de nuevo, con un gemido, el placer me recorre en oleadas feroces. Dios, ¿terminara? No puedo soportarlo, la forma en que estos hombres poseen cada centímetro de mí, sus pollas exigiendo todo lo que tengo para dar.
El agarre de Santo en mi cabello se aprieta, y luego su polla salta en mi garganta, desatando un torrente de líquido caliente que me hace ahogarme y vomitar. Aún así, obedezco a Emiliano y me trago cada gota, mientras Santo maldice y gime por encima de mí, gritando.
—Dios, si…Mierda—
Y entonces se libera, sujetándome en mi lugar mientras Emiliano me folla lentamente, con una intensidad que me sacude hasta la medula. —Por favor— jadeo, con los ojos fijos en los de Emiliano. Suplicando por algo que ni siquiera sé qué. —Por favor…—
—¿Qué necesitas, nena? — canta Santo en mi oído. Sus manos están en mis pechos, moviéndose hacia abajo para acariciar mi clítoris, mientras Emiliano se mueve, subiendo mis piernas por encima de sus hombros y empujándome en un ángulo nuevo y devastador. Tan profundo. Demasiado profundo.
Sollozo de placer mientras Santo me acaricia el clítoris, frotando con más fuerza, y grito, arqueándome sobre la cama hacia ellos.
—Esta es tu elección, Gorrión, porque así es como se siente— gruñe Emiliano, su polla abriéndose paso con una nueva embestida. —Ser mía. Mía para follar. Mía para compartir. Mi para obedecer—
Me entrego voluntariamente, delirando de placer. Pero Emiliano no se detiene, ni por un momento.
—Crees que no puedes soportarlo, pero lo harás— Exige, con el rostro en perfecto control, incluso mientras su cuerpo adquiere un nuevo frenesí animal. —Cada centímetro. Cada orden, te rendirás, porque sabes que es lo que necesitas. Necesitas someterte a mí, tanto como yo necesito poseerte. Completamente—
Emiliano me penetra de nuevo.
—Ahora, córrete—
No podría negarlo ni, aunque quisiera, es como si mi cuerpo supiera que ha ganado. Me rompo en pedazos una última vez con un aullido animal, el placer me atraviesa mientras Emiliano se incrusta hasta la empuñadura y muele, muele, folla, entrando en mi con un rugido mientras me estremezco en sus brazos, mi mente astillándose por la fuerza de su posesión. Por qué tiene razón.
Esto es lo que siempre he necesitado, y nunca supe que quería. Mi cuerpo y mi mente superaron todos los límites.
La libertad de la entrega total.
Mi cuerpo es suyo.
Pero lo juro, mi corazón nunca lo será.