bc

Mensajes, recuerdos y sueños

book_age18+
85
SEGUIR
1K
LEER
love-triangle
bxg
pesado
serio
tierra realista
engaño
amistad
slice of life
like
intro-logo
Descripción

Sara es una mujer de casi 39 años. Tiene casi todo lo que soñó que conseguiría cuando fuese mayor: un buen trabajo, una casa propia, una pareja con la que compartir la vida y ser feliz… pero le falta algo que ha deseado desde que puede recordar, y que durante los ocho años que lleva compartiendo la vida con Pepe han buscado juntos sin llegar a conseguirlo. Sara siempre ha querido ser madre, incluso tiene los nombres de sus hijos pensados desde muy jovencita, por eso Pepe y ella han buscado ayuda médica para pronto hacer crecer su pequeña familia.

Sin embargo, algo sucede una tarde de verano mientras está tranquilamente en casa viendo televisión y poco a poco su vida empieza a girar.

chap-preview
Vista previa gratis
1. MENSAJES
Era pleno mes de agosto. Viernes a última hora de la tarde. Hacía mucho calor y mi marido ya había empezado la pre-temporada de baloncesto como entrenador, así que estaba sola en casa viendo una serie, tomando una limonada bien fría y con el aire acondicionado puesto. Unos días antes había estado hablando con Eva, una de mis mejores amigas, ese fin de semana por fin cogía unos días de vacaciones en su trabajo y se iba a ir a su pueblo. Ella era madre soltera de un precioso niño de siete años del que yo era madrina, y sus padres y el niño se habían ido al pueblo todas las vacaciones de verano, así que ella aprovechaba a ir todos los fines de semana porque echaba de menos a su hijo. Eva y yo nos conocíamos desde los seis años. Habíamos vivido muchas cosas juntas, nos habíamos peleado y dejado de hablar varias veces, pero al final siempre volvíamos a juntarnos. Supongo que eso les pasa a las amigas de verdad. Ya no era como en la adolescencia, ni como cuando teníamos veinte años, pero nos llevábamos bastante bien. Como casi todos los veranos desde que volvimos a hablarnos después de nuestra última pelea, Eva me insistía para ir con ella unos días de vacaciones a su pueblo. Yo nunca aceptaba, primero porque me apetecía quedarme con mi marido e intentar hacer cosas con él aprovechando el calor y el buen tiempo, pero además de eso, el pueblo de Eva traía muchos recuerdos a mi cabeza y a mi corazón, y algunos seguían doliendo, aunque hubiesen pasado ya más de doce años desde que estuve allí por última vez. Por eso prefería no ir y seguir guardando esos recuerdos en el fondo de donde estuviesen. Lo malo era que al final me arrepentía de decirle que no, porque con mi marido tampoco hacía planes y acabábamos tumbados en el sofá viendo películas con el aire acondicionado puesto, y para mí eso era aburrido porque siempre me había gustado poco estar en casa y mucho salir. Aquel viernes, ya casi de noche, Eva me envió un mensaje “Adivina con quién estoy?”. No tenía ni la más remota idea, pero debía ser alguien conocido por las dos, y probablemente estuviesen tomando algo, así que podría ser algún compañero o compañera del colegio o del instituto o alguien de los grupos con los que salíamos a bailar cuando íbamos de discotecas con veinte años… podía ser, literalmente, cualquier persona, era imposible adivinar. Respondí simplemente con un signo de interrogación y acto seguido me envió una foto. Y ahí estaba ella con Carlos, sonriendo y tomando unas cañas. Sabía que él vivía y trabajaba en Madrid desde hacía muchos años, pero era uno de mis recuerdos del pueblo de Eva, el más reciente, aunque hiciese doce años que no nos veíamos, y también el que más dolía. Tenía el pelo y la barba canosos, y parecía más delgado de lo que yo recordaba, pero seguía tan guapo como la última vez que estuvimos juntos. Me quedé de piedra. Aquello no me lo esperaba. Muchas personas habían venido a mi cabeza como posibles acompañantes de Eva en esa noche de cañas, pero no él. No sabía qué decir y escribí un simple “Olé qué guapos!! Cuánto tiempo!!” que no iba a quedar mal, aunque por dentro se me hizo un nudo en el estómago, otro en las tripas y otro peor o más fuerte en el corazón. ¿En serio estaba sintiendo celos por verlos tomando unas cañas juntos? Pero… yo tenía a mi marido que en un rato llegaría a casa después del entrenamiento de baloncesto, no me podía creer ese sentimiento de malestar que me estaba invadiendo, nunca me había sentido así teniendo pareja. Nunca me había fijado en otro hombre que no fuese mi marido desde que estábamos juntos, pero ahí estaba, sin poder cerrar la foto de Eva y Carlos, con el zoom activado para que él ocupase toda la pantalla de mi teléfono móvil, y poco a poco los recuerdos con él fueron llegando a mi cabeza. Después de un rato de no hacerle ni caso a la televisión y sólo tener ojos para aquella foto, mi móvil vibró en mi mano con la llegada de un nuevo mensaje, así que cerré la foto para ver de quién era y resultó ser un mensaje de audio en el chat que tenía con Eva. Le di al play y me puse el teléfono en la oreja para escucharlo. “Hola guapa, cómo estás? Eva me ha puesto al día de algunas cosas, cómo va la vida de casada? Tú también eres mamá ya? Me alegro de saber de ti después de tantos años”. Podría tener el pelo gris y menos mofletes en la cara, pero esa voz seguía siendo sexy incluso con esas palabras que parecían no tener ninguna intención oculta. Respondí escribiendo porque sabía que me temblaría la voz si intentaba grabar un audio. “Uy casada… qué va, hace muchos años que dejé de pensar en boda, mi pareja no se quiere casar y eso que llevamos ocho años viviendo juntos, la boda ya sería un trámite de firmar un papel nada más. Y mamá pues… tampoco, claro que quiero, pero son muchos años intentándolo y al final hemos tenido que recurrir a la ciencia, espero pronto conseguirlo”. Tampoco quería ahondar mucho en mis cosas en la primera conversación que teníamos. La verdad es que me salió natural decirle eso, casi como si apenas llevásemos unos meses sin vernos y no muchos años. No lo pensé. La gente no confía en los demás para contar este tipo de cosas y yo tampoco se las contaba a cualquiera, pero él nunca fue cualquiera para mí y por eso no pensé en las consecuencias que esa conversación podría traer. Después de unos cuántos mensajes más, me llegó uno que decía “Soy Eva de nuevo. Me voy al baño un momento y éste me roba el móvil para escribirte… qué fuerte me parece”. Contesté una carita llorando de risa porque, aunque en ese mensaje Eva parecía molesta, creía conocerla tan bien como para saber que realmente no lo estaba. Me llegó otro mensaje “Dice Carlos que si quieres su número y así seguís hablando”. Lo pensé, de verdad que lo pensé, pero ¿qué había de malo en tener el número de un viejo amigo? Era alguien de mi pasado, alguien a quien había querido mucho, alguien de quien me separé sin decir adiós y sin volver la vista atrás pero que realmente no fue culpable de aquella separación. La culpable fue Eva y algo que hizo muchos años a mis espaldas y que me confesó justo cuando yo tenía algo (a lo que nunca pusimos nombre) con Carlos, uno de sus mejores amigos. Corté el contacto con ella y con todas las personas que la rodeaban por aquellas confesiones, no quería en mi vida nada que tuviese que ver con ella. Realmente me apetecía tener su número y hablar con él, saber cómo le iba la vida y ponerme al día con él, porque recordaba que nos lo pasábamos muy bien juntos como pareja, pero también recordaba que era una persona con la que se podía hablar de todo, un gran amigo. Contesté al último mensaje de mi amiga con un “Vale” seguido de una carita sonriente y cerré los ojos para no ver si llegaban nuevos mensajes. Cuando se me pasó esa tontería de cría adolescente y abrí de nuevo los ojos tenía dos mensajes, uno con un número de teléfono y otro que decía “Escribe cuando quieras” seguido de una carita con guiño y un corazón en los labios. Sin dudarlo, le agregué en mi agenda y le escribí un mensaje directamente a él “Agregado en mi agenda. Este es mi número para que lo guardes si quieres”. Acababa de hacer la mayor locura de mi vida en los últimos años, agregar el teléfono de uno de mis ex, por llamarle de alguna manera, y estaba casada (o más bien, casi casada, viviendo en pecado o como cada uno lo quiera llamar). Tampoco sentí que estuviese haciendo nada malo, porque realmente además de ex había sido un amigo y ¿quién decía que no podríamos volver a ser amigos? Yo ya tenía otros amigos varones y mi marido tenía amigas mujeres. Lo bueno era que ambos nos respetábamos y nos queríamos, y los amigos y amigas eran sólo eso, amigos y amigas. Aquella noche, cuando Pepe volvió del entrenamiento, cenamos y pusimos otra película que le gustase a él en la televisión porque las comedias románticas que me gustaban a mí a él no le iban. No le dije nada de las conversaciones de por la tarde, pero no por querer ocultárselo, sino porque a él le solía importar poco lo que hiciese, hablase o lo que les pasase a mis amigos, de hecho, apenas conocía a un par de mis amigas y Eva no era una de ellas. Como siempre, se quedó dormido a los diez minutos de empezar la película, así que apagué la lámpara rinconera y se quedó el salón a oscuras, solo con la luz de la televisión. Mientras cenábamos había recibido algunos mensajes más, pero teníamos una regla en casa y era que en la mesa no se cogía el teléfono salvo que fuesen llamadas urgentes, los mensajes podían esperar, así que aprovechando que la película no era demasiado interesante y él estaba dormido desbloqueé mi móvil para ver de quién eran y leerlos. Carlos me había escrito un par de mensajes, y Eva también, así que, dando prioridad a mi amiga de toda la vida, leí primero el suyo “No tiene coche y también coge vacaciones, así que se queda esta noche a dormir en mi casa para irnos mañana a primera hora para el pueblo juntos por eso hemos quedado. Le estaba contando cosas de la semana y al nombrarte me ha preguntado por ti por eso te he mandado la foto”. “No importa nena. Admito que no pensé que estuvieses con él, no sabía en quién pensar pero me ha hecho ilusión verle aunque sea en foto y hablar un ratito con él” contesté sin saber muy bien cómo sentirme pese a que ya habían pasado un par de horas desde que vi aquella foto, con esa carita que tantos recuerdos me traía. “Estás segura de que estás bien? Aún no he averiguado las intenciones que tiene para pedirte tu número pero conociéndole no sé si es bueno que se lo hayas dado. Sabes que tu marido no me gusta pero piensa bien si realmente quieres mantener el contacto con Carlos”. Eva me estaba enviando un mensaje de advertencia ¿qué era eso? Mi amiga siempre había sido una cabra loca y bastante viva la vida, no entendía qué había pasado para que me advirtiese así, la Eva de siempre hubiese escrito algo más parecido a . ¿Era posible que el ser madre de un niño de siete años que era más listo que ella y yo a su edad la estuviese haciendo madurar a nuestros casi 39 años? Me reí para mí misma intentando no despertar a mi marido y le respondí “Tranquila que no soy ninguna loca, además aunque no te guste mi marido, yo le quiero muchísimo y eso es lo único que importa. Carlos es alguien del pasado que ha vuelto a aparecer y que como en su momento todo fue bien, no me molesta que haya vuelto. Me está escribiendo y me apetece seguir hablando con él y ponernos al día. No te preocupes que sé lo que hago”. ¿Estaba segura? ¿Realmente sabía lo que hacía? Leí y respondí los mensajes de Carlos, me contaba algunas cosillas de su vida y de su trabajo, así que la conversación seguía siendo normal. Después de un rato nos despedimos y yo continué viendo la película hasta el final. Fui incapaz de despertar a Pepe así que le dejé durmiendo en el sofá y me fui a la cama, cuando se despertase ya iría él solo a la cama. Al final de la semana siempre estaba tan agotado de su trabajo, los entrenamientos y el calor del verano, que siempre se quedaba dormido viendo la televisión y muchos días hasta bien entrada la madrugada no iba a la cama. Aquella fue la primera noche en muchísimos años que Carlos volvía a colarse en mis sueños. Fue más bien como un recuerdo. Ambos volvíamos a ser jóvenes, su mano estaba en mi cuello y acariciaba con su pulgar el borde de mi mandíbula mientras nos besábamos apasionadamente en los asientos delanteros de su coche. Me desperté ansiosa por aquel sueño, extrañando algo de calor a mi lado, y me di cuenta de que aún seguía sola en la cama. Miré el reloj y eran las dos de la madrugada, Pepe debía seguir durmiendo en el sofá. Me sentí demasiado sola en aquella cama, Pepe no estaba y… Carlos tampoco. Pero ¿qué estaba pensando? ¿Carlos en mi cama? Me froté un poco los ojos, me levanté al baño a hacer pis sin ni siquiera encender la luz, y volví a la cama sin conseguir sacar esa idea de volver a besar a Carlos como lo estábamos haciendo en mi sueño. No podía dormir, y poco a poco recuerdos del pasado fueron viniendo a mi cabeza.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
25.8K
bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
54.4K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.7K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
101.9K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K
bc

Profesor Roberts

read
1.5M

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook