21.

593 Palabras
Recuerdos iban y venían, se mezclaban, y creaban pesadillas. César la besaba y ella a un principio lo rechazaba, pero sus labios eran dulces y llegado un punto no podía soltarse de él. Abrió los ojos con esa sensación. Se había quedado dormida sobre el sofá. Cesar le había tapado con una cobija, pero ahí, él no estaba. Mery se puso de pie y sintió el mareo por pararse de golpe. Fue hasta la cocina por agua. César hablaba por teléfono, no era una conversación amistosa, de hecho, su hermano se veía exaltado, con quien sea que estuviera hablando. Cuando colgó vio que Mery tomaba agua. —Despertaste, flaquita… —¿Quién fue la víctima? —dijo ella refiriéndose al tipo al que había tratado de esa forma. Cesar se congeló ante sus palabras, por un instante. Mery se dio cuenta de eso, pero él reaccionó enseguida. —Solo es el del servicio de internet. Anda fallado, y si falla, yo pierdo dinero… —Bueno, entonces tu sistema tiene un punto débil, bastante importante. —Así parece, flaquita. ¿Qué tal el viajecito de ayer? —Buenísimo… podría vivir de eso… —Pronto tendremos para todo el año. —¿Pero eso no es riesgoso si alguien lo descubre? —Existen las cajas de seguridad. —¿Acaso tienes una? —Ven, sígueme. La llevó hasta el baño. Abrió el gabinete donde se guardaba todo para el baño y atrás se reveló una caja oscura. Era digital. —Mira. Solo se activa por huella digital. La abrió y Mery vio todo el dinero que tenía guardado. Cesar programó una segunda huella dactilar. —Elige un dedo. —El del f**k you —le mostró ella. Cesar tomó su dedo y la puso en el tablero. Enseguida volvió a abrirla. —Ahora puedes acceder a ella cuando quieras, solo no seas imprudente de dejarla abierta, flaquita. Esa noche Cesar armó una tremenda fiesta, donde el alcohol y la marihuana era lo que andaba de mano en mano. Mery bailaba con quien se le pusiera en frente, mientras tanto Cesar se besaba con una morocha, Mery la reconocía de la llamada hot, del otro día. Se encontraron en la cocina. —¿Quién es ella? —le preguntó, Mery. —Solo una amiga. —¿Ella sabe que solo son eso? —Claro que sí, además tiene novio. ¿Viste al que hacía ese jueguito con las copas? —Lo vi comiéndose a una mina rubia y tetona. —Sí, ese es su novio. —Entonces no vayas a confundirte vos… yo sé que eres un enamoradizo tonto. —Miren quién lo dice… —Ya, pero yo nunca me enamoré, solo salía para no aburrirme… En ese momento se le acercó la morocha, y trataba de llevárselo con ella. —Ve, diviértete, tonto —le dijo ella, al ver que Cesar no se iría si ella no lo veía bien. Mery se sentó en el sofá. Mientras todos parecían adormecidos, y atontados, ella estaba aburrida. Se recostó y su mano se cayó y fue a tocar el suelo. Movió los dedos y entonces encontró algo. Era el pendrive. Lo juntó de una. Lo guardó en el bolsillo del pantalón, recordando todas esas fotos que había visto la noche pasada se le vinieron encima. Tenía la urgencia de verlas de nuevo, tenía que confirmar que solo era un malentendido, que había visto mal y que esa chica no era ella, que nada más era alguien que se le parecía.
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