Cuando Asher al fin se apartó apenas, dejando solo centímetros entre sus rostros, sus labios rozaron los de ella mientras susurraba: —Creo que algo me hiciste. Su aliento cálido acariciaba la piel de Miriam, enviando escalofríos por toda la columna de la pelirroja. —Esto a mí nunca me había pasado —confesó Asher con una vulnerabilidad que rara vez mostraba—. Y no me gusta, no me gusta esto que siento —admitió en voz baja. Miriam, aún agitada por la cercanía de él y por la visión de su cuerpo semidesnudo que estaba tan cerca del suyo, tragó saliva con dificultad. —¿Qué es lo que nunca te había pasado? —logró preguntar con voz ronca. Asher no respondió con palabras. En cambio, sujetó su mejilla con una mano, con sus dedos acariciando su piel con una ternura que contrastaba con la inten

