Rose salió de su oficina con pasos firmes. Podía sentir la mirada de Asher clavada en ella como si esperara que todo entre ellos pudiera volver a ser como antes. Pero no. Ya no era esa Rose. Ya no era la mujer que lo esperó en un altar vacío ni la que se aferraba a las promesas rotas. Apenas sus ojos se encontraron, Asher dio un par de pasos apresurados hacia ella. —Rose, por favor… escúchame un segundo. Sé que lo que hice estuvo mal. Lo sé. Estoy aquí para pedirte perdón por eso, por lo del otro día, por lo que te dije, por… —hizo una pausa, bajando la voz—, por haberte besado así. Antes de que Rose pudiera contestar, Clarisa apareció justo detrás de ella, los brazos cruzados, los ojos entrecerrados con furia. —¿Perdón por qué? —preguntó con tono seco, mirando con desprecio a Asher—.

