Esa mirada que se había posado sobre ellos era feroz, enojada. Cargada de una intensidad inquietante. Cuando Dorian terminó de disparar, se volvió hacia Rose con una sonrisa suave. —¿Sabes disparar? —preguntó. Ella negó con la cabeza. Dorian curvó los labios, casi con ternura. —Te enseñaré —dijo. La acercó con delicadeza, envolviendo sus brazos alrededor de su cuerpo desde atrás. Tomó sus manos y le enseñó a sostener el arma con firmeza. Con paciencia, le indicó cómo apuntar, cómo respirar… luego apretó el gatillo junto a ella. El disparo dio justo en el blanco. —¿Lo entiendes ahora? —Sí —respondió Rose con una chispa de emoción en los ojos. —Entonces prueba tú —le animó Dorian. —Está bien. Rose sostuvo el arma con determinación y disparó. ¡18,9 anillos! Dorian no pudo evitar

