Con Rose presente, Dorian jamás se atrevería a romper su máscara de caballero. Pero Roberto no tenía la misma contención. Hacía todo lo posible por incomodarlo. —¡Tío Rockwell, de verdad te admiro! —exclamó con descaro. —¿Y por qué me admiras? —preguntó Rockwell, intrigado. Roberto soltó una carcajada. —¡Por haber conseguido casarte con una chica de diecisiete años cuando tú tienes treinta! ¿Me enseñas cómo se hace? El ambiente se volvió tenso al instante. Dorian lo miró de reojo, y su mirada parecía decir: “¿Ya no tienes ningún apego por este mundo?” —El señor Saavedra ha entendido mal —intervino Rose con una leve sonrisa mientras fruncía los labios—. Ya tengo veintidós años. —Ah… eso no lo hubiera imaginado —dijo Roberto, fingiendo sorpresa. Rose probó un poco de fruta, pero pro

