Rose apenas había bajado del auto cuando una nube de cámaras, micrófonos y voces la rodeó como una avalancha. Flashes brillaban por todas partes, haciéndola retroceder un paso, aturdida. El alboroto la envolvió sin darle respiro. —¡Señora Rockwell! —gritó una reportera rubia con gafas oscuras, empujando el micrófono hacia ella—. ¿Es cierto que dejó plantado en el altar al heredero de los White porque tenía un amorío con su excelencia? —¿O es porque el presidente la obligó a casarse con él a cambio de poder y dinero? —¿Cómo es que trabaja en una joyería si su esposo es el hombre más poderoso del país? —¿Fue un matrimonio arreglado? —¿Desde cuándo tienen una relación? Rose abrió la boca, pero no salió palabra alguna. El corazón le latía con fuerza, no sabía a dónde mirar, ni qué decir.

