El rostro de Rose ardía mientras caminaba por el largo pasillo del hospital, apretando con fuerza la carpeta de informes médicos entre sus brazos. Cada paso la hacía sentir más fuera de lugar. Aunque intentaba mantener la compostura, sus mejillas coloradas la delataban. No sabía si era por la vergüenza, el recuerdo de lo sucedido... o por la forma en que Dorian la miraba, como si fuera suya ante los ojos del mundo. —Rose —la voz grave de Dorian interrumpió sus pensamientos, sus palabras rozándole el oído con un susurro travieso—. No te castigues tanto. Si te sientes mal por mí… hagamos que sea solo una semana en lugar de una quincena, ¿de acuerdo? Ella giró el rostro, impactada por su descaro, pero su mirada chispeante y esa sonrisa que tanto detestaba —y deseaba— hicieron que perdiera e

