La atmósfera se encontraba tensa. El murmullo del público era apenas un zumbido bajo la explosión de luces que iluminaban con rapidez la escena. Las lámparas del salón, antes apagadas por el caos, recuperaban su esplendor con una intensidad vibrante. El resplandor bañó a los presentes, revelando a cada rostro con nitidez... y en el centro de todo, ella. Rose caminaba con paso firme, su vestido azul oscuro ondeaba con gracia a cada movimiento. Clarisa, que iba delante, se volvió con una gran sonrisa. —¡Rose, he estado esperando tu llegada! ¡Pongámonos en marcha! —Bueno —respondió Rose con una cortesía tan elegante que dejó a todos boquiabiertos. Asher, que estaba parado cerca, miró en su dirección. Por un instante, su mente quedó en blanco. Aturdido. Incapaz de reaccionar. Los segundos

