—¡De ninguna manera! ¿Quieres morir? ¿Cómo te atreves a escabullirte en este lugar? —gritó Jason, furioso al verla. —¿Quién eres tú? —replicó Rose, frunciendo el ceño, confundida. —¡¿Yo debería preguntarte eso?! ¿Cómo entraste aquí? —Jason se acercó rápidamente, la tomó de la muñeca con una expresión helada—. ¿Eres una mercenaria enviada por alguna nación? ¿Un espía? ¡Habla! ¿Estás intentando asesinar a mi hermano? El agarre de Jason era brutal. Rose sintió cómo su muñeca era presionada con tanta fuerza que un intenso dolor la sacudió. —¿De qué estás hablando? —exclamó, sin comprender. —¡Sigue fingiendo! —espetó Jason, colérico. Sin darle oportunidad a responder, intentó arrastrarla hacia la salida. —¡Ven conmigo! Has cometido múltiples crímenes: entraste ilegalmente al Palacio Pres

