La despedida había sido devastadora. Dolores había visto la decepción en los ojos de Bautista y había estado a punto de declinar su declaración. No le gustaba lastimar a las personas y menos a alguien que nunca había mostrado ni un mínimo comentario negativo para con ella. Bautista era un joven amable, sereno, que respetaba a su familia y parecía disfrutar de una salida igual que de una tarde sin nada planeado. Dolores lo había pensado y pensado, había dado vueltas en su cama, en sus caminatas y en su música. Su mente le decía que Bautista era todo lo que siempre había buscado, alguien predecible, de hábitos saludables, de palabras reconfortantes y un futuro seguro. Pero entonces un cantante nostálgico, con capacidad de derretirla con una sonrisa se colaba en sus sentimientos para de

