El lunes supuso una tensión especial. Dolores no había querido darle entidad a su última conversación con Roy, creía que todo estaba en su mente, que encontrarlo cada día más atractivo le otorgaba a los recuerdos de sus encuentros condimentos que en verdad no tenían. Él no había estado celoso, no podía estarlo. Era un hombre libre, que a juzgar por los portales de noticias se divertía a lo grande. Había paseado por las redes y el fastidioso algoritmo se había encargado de hacerlo aparecer una y otra vez. Sus ojos, como imanes, capturaban la atención, cantando una balada, rockeando, paseando con esa gorra oscura que había visto tantos días colgada en el hall. Era tan difícil asociar las imágenes. No terminaba de creer que el padre cariñoso, que había jugado a cada descabellado juego que e

