El abogado asintió, reconociendo el ardor en los ojos de Gabriela. Sabía que había despertado una fuerza imparable, una fuerza que estaba lista para desafiar a los Valdivia y reclamar lo que legítimamente le correspondía.
Mientras Gabriela se marchaba de la oficina del abogado, su mente bullía con planes y estrategias. Sabía que la venganza no sería fácil, que enfrentarse a los Valdivia sería una tarea ardua y peligrosa. Pero también sabía que estaba lista para el desafío, que no descansaría hasta que los Valdivia pagaran por el sufrimiento que le habían causado a ella y a su familia.
Con el testamento de su padre como su guía y su motivación, Gabriela se embarcó en un camino hacia la justicia y la redención, lista para enfrentar a los Valdivia y reclamar su lugar en el mundo con la fuerza de su voluntad y el poder de su determinación.
El abogado de Gabriela se acercó a ella con una expresión grave y preocupada en su rostro, llevando consigo un expediente que parecía contener noticias de importancia.
—Gabriela, hay algo que necesitas saber —comenzó el abogado atrayendo la atención de Gabriela de inmediato—. Se trata del señor Jeremy, tu padre.
Gabriela frunció el ceño, sintiendo un nudo en el estómago mientras anticipaba lo que estaba por venir.
—¿Qué sucedió con mi padre? —preguntó con ansiedad.
El abogado respiró profundamente antes de continuar.
—El señor Jeremy fue víctima de una estafa —reveló—. Los Valdivia lo convencieron para que invirtiera una gran suma de dinero en una empresa que resultó ser una fachada. Diez mil millones de dólares, Gabriela. Una cantidad que representaba una parte significativa de los activos de la familia De Ríos.
Gabriela sintió como si el suelo se abriera bajo sus pies.
—¿Cómo pudo haber pasado esto? —preguntó luchando por contener las lágrimas que amenazaban con escapar.
El abogado sacudió la cabeza con tristeza.
—Los Valdivia son astutos y sin escrúpulos —dijo con amargura—. Aprovecharon la confianza del señor Jeremy y lo engañaron para que creyera en una mentira. Tu padre tuvo que afrontar la bancarrota como resultado, teniendo que entregarte como esposa al hijo mayor de los Valdivia, para que así ellos elevaran su porcentaje de acciones en Superstar.
Gabriela sintió como si un puñal le atravesara el corazón al escuchar las palabras del abogado. La ira y la impotencia la inundaron. Los Valdivia habían causado tanto sufrimiento a su familia, habían arruinado la reputación y el patrimonio de los De Ríos con su avaricia y su crueldad.
—Los Valdivia pagarán por lo que han hecho —murmuró Gabriela con rabia mientras mantenía su mandíbula apretada con fuerza—. No descansaré hasta que enfrenten las consecuencias de sus acciones. No importa cuánto tiempo tome, no importa cuánto esfuerzo requiera. Haré que paguen por lo que le hicieron a mi difunto padre y a mí. Proceda, señor abogado. Convoque una junta de ejecutivos en la naviera, el asunto es que una nueva ejecutiva se adherirá a la firma.
[...]
La noticia de la convocatoria a una reunión entre los ejecutivos de la empresa naviera "Superstar" se extendió rápidamente, creando un zumbido de expectativa en los círculos empresariales. Para Gabriela, esta reunión representaba una oportunidad única para hacer valer su posición como nueva accionista de la empresa, una oportunidad que no podía dejar pasar.
Gabriela se preparó para la reunión. A medida que se dirigía hacia la sede de la empresa, su mente se llenaba de pensamientos sobre lo que estaba por venir, sobre la confrontación inevitable con Christopher Valdivia y su familia.
Al llegar a la sala de conferencias, Gabriela se encontró con una escena de actividad frenética, con ejecutivos de traje y corbata discutiendo animadamente entre ellos. Se acercó con paso firme, consciente de las miradas curiosas que se posaban sobre ella mientras tomaba asiento en la mesa.
El abogado de Gabriela, un hombre de aspecto serio pero seguro de sí mismo, quien pertenecía a la familia Burgos, alzó su voz para dirigir la reunión.
—Señoras y señores, les agradezco por su asistencia hoy —comenzó con voz autoritaria—. Como saben, estamos aquí para discutir el futuro de nuestra empresa y las decisiones clave que afectarán a todos nosotros.
Hubo un murmullo de asentimiento entre los presentes, y Gabriela se preparó para intervenir. Sabía que debía elegir sus palabras con cuidado, que cada frase pronunciada tendría un impacto en el curso de la reunión y en su enfrentamiento con Christopher.
—Señoras y señores —comenzó Gabriela con voz firme y mirada desafiante mientras se dirigía a los presentes—. Es un honor para mí estar aquí hoy como la nueva accionista representante del apellido De Ríos. Estoy comprometida a trabajar arduamente para asegurar el éxito continuo de nuestra empresa y aportar nuevas ideas y perspectivas a nuestra mesa.
Hubo un murmullo de aprobación entre los ejecutivos.
La sala de conferencias estaba cargada de anticipación mientras los ejecutivos esperaban el inicio de la reunión.
De repente, la puerta se abrió con un chirrido, y todos los ojos se volvieron hacia la figura que entraba con porte elegante y prepotente. Era Christopher Valdivia, el heredero de la familia Valdivia, con una mirada de autoridad y confianza en sus ojos.
El corazón de Gabriela dio un vuelco al ver a Christopher entrar en la sala. Sus emociones se agitaron en un torbellino de conflicto interior. Por un lado, todavía ardía en ella el fuego de la ira y el deseo de venganza. Por otro lado, no podía evitar sentir un atisbo de dolor por el hombre que alguna vez amó, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos.
Christopher detuvo su paso al ver a Gabriela sentada en la mesa, su rostro reflejó sorpresa y desconcierto al encontrarse con la mujer que había abandonado su mansión. Sus ojos se encontraron en un momento de tensión silenciosa, donde el peso de su pasado y la incertidumbre de su futuro se entretejieron en un instante eterno.
Finalmente, Christopher rompió el silencio.
—Gabriela —dijo con aparente frialdad— ¿Qué estás haciendo aquí?
Gabriela se puso de pie con lentitud, enfrentando a Christopher con una mirada rebelde en sus ojos.
—Estoy aquí como la nueva accionista representante del apellido De Ríos —respondió con firmeza—. Y estoy aquí para reclamar lo que legítimamente me pertenece.
La mirada de Christopher se nubló con una mezcla de incredulidad y dolor al escuchar las palabras de Gabriela. Se acercó a ella con pasos firmes, escondiendo una mezcla de furia contenida
—¿Cómo pudiste hacer esto, Gabriela? —su voz resonó con una intensidad que llenaba la sala—. Me abandonaste sin siquiera una explicación. ¿Cómo puedes estar aquí ahora, como si nada hubiera pasado?
Gabriela se mantuvo firme frente a él.
—Te abandoné porque no había otra opción —respondió con voz firme—. Nunca quisiste entenderme, Christopher. Nunca te importó mi felicidad o mi bienestar. Nunca me amaste. Todo lo contrario, seguiste viendo a Willow, nunca lo ocultaste y me hiciste quedar como una estúpida.
Christopher la miró con incredulidad.
—Eso no es cierto —dijo con vehemencia—. Gabriela. Te di todo lo que tu padre no te pudo dar, te di mi apellido y un hogar.
Gabriela soltó una risa amarga, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
—No, Christopher. Lo único que me diste fue indiferencia y desprecio —dijo con voz cargada de insatisfacción—. Me humillaste, me menospreciaste, me trataste como si fuera menos que nada. Y ahora, pagarás por ello.
Y en ese momento, Gabriela supo que había llegado el momento de reclamar su poder, de enfrentar a aquellos que la habían herido y de tomar las riendas de su propio destino.