*** El color porcelana de sus ojos me acaricio suavemente cuando abrí la puerta. Su presencia me dominó por completo y la sonrisa que descendía por sus labios casi estremeció mi cuerpo. —No sabes cuan feliz soy de verte. —Musitó bajito, mientras cerraba la puerta detrás de él y se acercaba hasta mí. No pude evitar cerrar los ojos y concentrarme en como sus palabras acariciaban mi rostro. —Solo han pasado veinticuatro horas. — ¿Te parece poco? —Terminó susurrando contra mi boca. Fui capaz de sentir como sus dedos se entrelazaban con los míos y me sorprendió cuan perfectamente encajaban los unos de los otros. Nunca había encontrado un lugar más seguro que junto a él, con su presencia acarici

