*** A veces, el principio y el fin están tan cerca el uno del otro. Que cuando sientes que estas llegando al final, es porque apenas estas comenzando. No podía conciliar el sueño. No aquella noche. Me envolví entre las sabanas y me encontré practicando cualquier posición sobre la cama. La lluvia pinchaba escandalosamente sobre las ventanas, provocando que el frio se convirtiera en algo más intenso y creciera desde mis extremidades hasta mi cuello. Fue inevitable no pensar en aquel escenario nuevamente. Fue inevitable no recrear las facciones endurecidas de su rostro en mi mente. Como lucia hace un par de meses y como los golpes llegaban. Los gritos y las maldiciones. Mi corazón brincaba co

