*** El invierno se asomaba por la ventana frío y cauteloso. Silencioso y suave. Estaba comenzando a nevar, las calles apenas se llenaban de niños sonrientes que recibían la nieve con entusiasmo. Uno de ellos pudo haber sido mi Matías. Mi pecho se adormeció con tal pensamiento. Una media sonrisa surgió de mis labios, pero no pude evitar sentirme triste, ya era parte de mí sentirme de esta manera. Suspiré, trazando líneas deformes por la humedad del ventanal cuando escuché la puerta principal abrirse. Me sobresalte desde mi asiento y me puse de pie casi que con torpeza. Lo vi entrar ajeno a mi presencia hasta que sacudió la cabeza. Se quedó inmóvil cuando cruzó sus ojos con los míos. Sus mej

