Entregarse.

1107 Palabras
No es difícil de ver para nadie que un Rebelde deja una marca muy propia y complicada de borrar al matar, la cual quería comprobar Lydie en el cuerpo de Adel pero ¿cómo iría hasta la casa a ver lo que necesitaba sin ser descuartizada en el proceso? Imaginarlo resultaba más fácil que considerar dar un paso fuera del cuarto de Farah.   La noche de ese viernes se había convertido en un gran caos. Apenas ayer Lydie había sido elegida para ser líder del clan Deamonium, y hoy Adel estaba muerto, decían que era su culpa y tenían cacería montada a la espera de que apareciera.   Cerró los ojos y trató de concentrase. Adel murió atacado por diferentes demonios. Si tenía heridas abiertas, al menos un Caníbal debía estar entre ellos. ¿Desorientado? Demonio de la Memoria. ¿Pocas almas dentro de su cuerpo demoniaco? Demonio del Alma. ¿Por qué las tres razas contra un Jefe? Farah le dijo que él tenía información importante, y el mismo Adel le dijo que bajaría al Inframundo. ¿Quién más sabía que bajaría hoy? Los otros dos Jefes. Umay particularmente, Kir igual al ser su mano derecha. ¿Kir lo traicionaría? No puede preguntar algo así. Seth y Kir matarían por Adel. Pero Umay… Ella no se ensuciaría las manos como si nada. La rubia es más planificada, ella haría más que un ataque una tarde de viernes. ¿O esa sería la primera parte de algo más? Alguien más, o muchos más, deben estar detrás de esto. Pero hay una mente muy grande moviendo los hilos.   - Farah, debo ir a casa de los Jefes. – Dijo al levantarse, manteniendo el orden de sus ideas.   - ¿A qué te maten? Oh, sí, claro. Antes de que salgas puedes, no sé… ¡Pensar con lógica! – Grito molesta la pelirroja.   - Debo ver el cuerpo de Adel. – Explicó Lydie, abrió la puerta.   Farah se levantó de inmediato y cerró la puerta con fuerza sin permitirle a Lydie salir.   - ¿Sin coartada? No, Lydie. Espera un poco, exigiremos un juicio con Los Guardianes. Te van a destrozar, ¡no matar! Matarte sería muy fácil para ellos, te van a destruir de afuera hacia adentro… - Farah tembló de sólo pensarlo.   - Sé que no lo comprendes y lo que diré suena a traición desde el lado que lo veas, pero los Rebeldes tienen ritos, ¿okey? – Explicó caminando por la habitación. – Y hay uno que es similar al de matar a un demonio.   - ¿Qué? Eso sólo puede hacerlo…   - Un Guardián, sí. Hay una leyenda, hace siglos hubo un Guardián Rebelde, y desató caos para todos… Él sabía cómo matar demonios, además de crear Bestias, Criaturas Noctas. – Lydie tragó saliva. – El ritual que hacen los Rebeldes, es similar al de matar a un demonio para crear una Criatura Nocta.   - ¿Bestias? ¿Criaturas Noctas? – Farah negó con la cabeza. – Son mitos.   Lydie se asomó un poco por la ventana, no había movimiento en la calle, eran casi las 11 de la noche y le resultó extraño no ver demonios por allí. Volteó a ver a Farah, el rostro de Lydie le dejó claro a la pelirroja que sí los demonios existían en su línea de tiempo, esos extraños animales y monstruos también podían.   - Ningún Rebelde ha logrado crear ese monstruo maldito… - Suspiró con pesadez, había experiencia en ella que podía asegurar sus palabras. – No hasta donde se sabe, o algunos que siguen vivos tienen conocimiento. El ritual deja una marca en la piel demoniaca, antes de que se vuelva totalmente gris, y con un olor peculiar, como rosas o jazmín. Es como si caminaras al paraíso entre los muertos… - Lydie bajó la mirada. – Casi como si un demonio pudiera estar en paz, antes de convertir todo en el habitual juego de caos y ser un Dios Nocturno con armas muy poderosas bajo sus pies.   Comentar aquello en voz alta jamás resultaba agradable para Lydie, y le hacía arder la piel en un sentimiento casi desconocido para un demonio: vergüenza. En sus años de existencia, siempre huyó de ese sentimiento, pero ese gran monstruo podía perseguirla a donde fuera que estuviera.   - Sí puedo ver el cuerpo de Adel, puede que con ello pruebe mi inocencia y se encuentre al verdadero culpable. – Aseguró Lydie.   Farah le hizo un leve gesto a su amiga para que guardara silencio, abrió sus ojos con nervios al notar que el ruido que había sentido era la puerta de la casa abriéndose.   - Deben haber vuelto aquí, puedo estar casi seguro…   La voz de un hombre sonó en el piso de abajo, Farah negó con una expresión de nervios, sus pecas se encendieron en su rostro. Las botas pesadas que llevaba años escuchando subir la escalera, ambas estaban clavadas en los sitios donde estaban paradas con las manos levantadas, tal vez para rendirse o atacar si abrían la puerta.   - ¡Eh, Farid! – Rugió la voz de Prisco. – Voy contigo.   Farid y Prisco subieron la escalera, abrieron la puerta de la habitación y vieron la ventana abierta.   Lydie saltó por la ventana y atrapó a su amiga. Lois seguía en la parte de debajo de la casa, y escuchó el estruendo de las chicas al caer y correr en dirección a la moto.   - ¡Lydie! – Vociferó Lois.   Corrieron, se subieron a la moto a tropezones, Lydie trataba de colocar la llave para encender la moto pero sus manos temblaban.   - ¡Si huyes ahora, te buscaran para matarte! – Gritó Lois colocándose a unos pasos delante de la moto. – Ven conmigo, voluntariamente.   - ¡No! – Gritó Farah con la voz temblorosa.   Prisco y Farid se unieron a Lois para tratar de impedirles el paso. Se miraron, tratando de pensar si ir con ellos sería lo correcto, o escapar cuanto antes.   - Creo que es mejor que vaya con…   - Yo la entregaré. – Bramó Farah. – Quítense del camino, ¡ahora mismo! – Los señaló con rabia.   Farid dio un paso adelante con las manos en alto.   - Vamos, Rah. ¿La escondes y ahora irás a entregarla? – Reclamó Farid.   - Sí, lo haré. – Aseguró Farah. – Iremos a la casa de los Jefes a esperar por su juicio.   El gemelo volteó a ver a su líder, Lois asintió y se alejó del camino para ceder el paso a la moto. Pero en la oscuridad, las chicas no notaron la débil sonrisa que surgía en los labios del moreno. 
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