Lydie tomó muy en serio el ir hasta la casa de los líderes Deamonium y ver el cuerpo de Adel. Sintió la brisa helada de la noche en sus brazos, sus manos estaban congeladas y el bosque la envolvía a medida que avanzaba, se sentía extraño el frío para ser agosto pero tal vez la situación la envolvía en esa temperatura. Farah se sujetaba de ella, sentía el temor que recorría el cuerpo de su amiga, pero trató de mantenerse firme y no unirse al miedo que sentía la pelirroja.
Divisar la casa al final de la calle le causó escalofríos a ambas.
No la matarían así sin más, ¿o sí?
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Seth la vio llegar en la moto, algo vibró dentro de él pero logró controlarlo.
Kir fue el primero en acercase.
- Lydie Lacroix. – Anunció Kir. – Se te buscaba.
- Aquí estoy. – Bramó con cierto orgullo en su profunda voz.
- Creo que entiendes la situación, Lydie. – Kir se acercó a ella.
- Estoy informada al respecto. – Aseguró levantando la mirada, con la respiración pausada.
Farah no aguantó más y se bajó de la moto primero.
- Y exigimos antes que cualquier decisión, un juicio justo para Lydie.
- ¿Justicia? – Todos dirigieron la mirada a aquella voz que encendió en Lydie una alerta. La cabellera rubia de Umay se movía delicadamente a medida que avanzaba. – La justicia para una Rebelde es la muerte. – Pronunció con asco al quedar cerca de Kir.
Farah temblaba un poco, de rabia y de miedo.
Lydie sonrió un poco: - Aceptaré lo que se decida, pero creo que no me pueden matar sin juicio, Umay. Dicen que el remedio sería peor que la enfermedad, ¿o no?
Las respiraciones de todos cambiaron por un segundo. ¿Desde cuándo Lydie, callada y tranquila, evitando conflictos, con la mirada distante, se atrevía a hablar así, siquiera referirse a un Jefe en aquel tono y con una sonrisa casi altanera dibujándose en sus labios?
Más personas se unían a la escena, Lois, Prisco y Farid aparecieron como por arte de magia y a Lydie sólo le vibraban más las manos porque podía sentir que eso no iba por buen camino. Eran los testigos de algo, o cómplices de un capricho.
- Se te hará el juicio, Rebelde. – Pronunció Umay.
Farah sintió que volvía a respirar, realmente temía por Lydie.
Seth llegó junto con otros demonios, escuchando la decisión de Umay. Bajó la mirada, él comprendía que tener a Los Guardianes en el Clan Deamonium causaría revuelo, ellos no subían al mundo humano con regularidad además de que pronto sería luna llena… En ese momento, sintió temor. Se acercó a Umay.
- ¿De acuerdo, Jefe Seth? – Umay solicitó con la mirada una respuesta, pero no había derecho a réplica en aquel instante.
- Sí, Jefa Umay. Se hará el juicio a Lydie, con Los Guardianes presentes. Por ahora, permanecerás bajo vigilancia, cualquier acto que nos demuestre tu culpabilidad, será condenado con el exterminio de tu cuerpo humano y muerte demoniaca. – Seth tragó saliva al terminar de decir la advertencia. – Lydie, - tragó saliva, - necesito que hablemos. – Murmuró acercándose a ella con los ojos apagados.
Lydie volteo a ver a los demás miembros del clan, la luz de la casa era suficiente para divisar sus rostros. Comprendía el temor de Seth. Algo iba a pasar. Algo estaba pasando en ese momento, y el monstruo del que tanto huía, se paró en medio de los otros demonios, de brazos cruzados y una sonrisa burlona.
“Los Rebeldes se nos conoce por traicionar, Lyd. No somos gente fiel, mucho menos leal. Por algo matamos como matamos, vivimos en medio del caos y enloquecemos como unos pobres animales… Tú sabes mucho, Lydie, y si tú me traicionaras, te dejaría vivir. Créeme. Pero nunca te dejaría vivir en paz”. El monstruo saludó con un gesto que erizo la piel de Lydie, y vio claramente en ese monstruo los ojos de Larisa.