Capítulo 27-Cristina

779 Palabras
Cada rincón de este lugar me evoca una profunda nostalgia. Desde que llegué, no ha habido una sola noche en la que no me haya dormido llorando. Bruno estaba tan preocupado que me obligó a hacerme un chequeo completo, pero todo está bien. Observo mi abdomen plano reflejado en el espejo. Sé que todo valdrá la pena, especialmente cuando empieces a crecer. Tienes que ser fuerte como tu mami. Prometo devolverte todo lo que me estás enseñando. Suspiro. "Nunca hubiera imaginado esto", susurro para mí misma. "Yo tampoco. Pensé que serías monja hasta tu graduación. Solo te he visto coquetear, pero nunca llegaste a la base final. Es difícil de creer todo esto", dice Pamela en tono pensativo. "En algún momento pensé que una vez que te graduaras, te casarías con Bruno. A pesar de tus negativas, sabía muy bien que él era tu primer amor... No le permito que siga parloteando. Le pongo una manzana en la boca, pero ella la quita con desagrado y me mira con reproche. "¿Pasa algo? Creí haber escuchado mi nombre", dice el susodicho dudoso, tomando asiento. "¡Creo que el acoso de las universitarias te ha vuelto paranoico!" respondo con sarcasmo. Desde que llegamos a Boston, ha recibido innumerables propuestas de todo tipo, pero las ha rechazado cortésmente. No hay duda de que es un caballero. ¡Estúpido y sexy Bruno! Cojo una manzana y le doy un mordisco. ¿Por qué tienes que ser tan bueno? "Deja de descargar tus celos en la manzana", se burla Pamela. "No estoy celosa", gruño con determinación. "Sí, claro, Cristinita, lo que tú digas", responde Pamela con una sonrisa. Cuando escucho ese estúpido apodo, de repente me viene a la mente la imagen de Malcolm. ¡Maldita sea, sal de mi cabeza! "Cris, ¿estás bien?" Bruno se acerca a mí, preocupado. Cuando siento sus brazos rodeándome, me aferro a él. "Dejen de mostrar su amor. ¡Me da asco! Toda esta dulzura me da escalofríos. Me voy", concluye mi amiga, abandonando la habitación y dejándonos solos. "Gracias por tu apoyo y comprensión. Es bueno saber que puedo contar contigo, eres una pesima amiga", grito hasta que me quedo sin aliento. "¡Te amo!" Pamela grita efusivamente. "No lo creo. ¡Eres demasiado rápida para abandonarme!" le respondo entre risas, tratando de aligerar el ambiente. "¿Sabes que ella está tratando de acercarnos?" Bruno pregunta, visiblemente avergonzado. "Sí, lo sé, pero esto no está bien", susurro, sintiendo un nudo en mi garganta, y me alejo de él. “Cris, me confundes”, responde Bruno con tristeza, tratando de entender mis emociones cambiantes. Mis lágrimas caen sin control, y él se pone nervioso, sin saber qué decir o cómo consolarme. "Cris, yo..." "¡Vete!" interrumpo con un tono de voz que refleja mi dolor y confusión. "Pero..." "No quiero escuchar más. Sé que soy una persona horrible, y es imposible que estemos juntos, Bruno. Te mereces una mujer digna de ti, y nunca seré eso", confieso, sintiendo un profundo auto-odio. "Eso no es cierto. ¿Por qué dices cosas tan crueles sobre ti misma?", pregunta Bruno, desesperado por cambiar mi perspectiva. "Porque es la verdad. Soy la hija de un monstruo y fui criada por él. Puedo fingir ser buena, pero mi veneno eventualmente te alcanzará. Además, quieres ser padrastro", me burlo con amargura, señalando mi estómago que alberga a mi futuro hijo. "No me importaría ser su padre. Me encantaría cuidarlos a los dos. Entonces, deja de vomitar toda esta mierda y sé feliz por una vez, Cristina. ¡Mereces ser feliz! Podemos lograrlo juntos", suplica Bruno desesperadamente, con los ojos llenos de sinceridad y amor. "Eso no sucederá. Ríndete", respondo, alejándome de él y caminando hacia mi habitación. Bruno me sigue, pero antes de que pueda alcanzarme, cierro la puerta en su rostro, sintiendo una mezcla de dolor y arrepentimiento. "Cristina, huir no resolverá nada", dice Bruno a través de la puerta cerrada. No respondo. Sé que tiene razón, y eso es lo que más odio en este momento. "Cristina, no puedes huir para siempre... ¡Responde!" Bruno golpea la puerta con frustración, pero guardo silencio. "Te lo ruego, te amo, siempre te he amado", murmura con una voz cargada de amor. Cierro los ojos con fuerza, tratando de suprimir el dolor que me consume. No te amo, Bruno, pero si lo supieras, seguramente me abandonarías. Soy demasiado egoísta. Prefiero lastimarte a estar sola. Te lo advertí, soy veneno. No puedes esperar nada bueno de mí. Con cuidado, me subo a la cama y me acuesto, sintiéndome agotada física y emocionalmente. Hoy no iré a la universidad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR