Capítulo 31-Cristina

1597 Palabras
"Bebé, solo queda una semana para tu llegada. ¿Crees que puedo hacerlo? Tengo miedo", le susurro a mi vientre prominente, acariciando suavemente la curva de mi abdomen mientras mi hijo responde con una fuerte patada. Una mezcla de emociones me embarga en ese momento, desde la ansiedad hasta la alegría abrumadora. "Cuando salgas de ahí, te haré pagar cada patada que me has dado en estos casi nueve meses", le advierto juguetonamente, tratando de ocultar mi propia inseguridad tras una sonrisa. Después de mi amenaza, mi hijo se porta muy bien. Incluso me las arreglé para tomar una siesta corta, disfrutando de estos momentos de calma antes del caos y la felicidad que está por venir. Esta semana ha sido terrorífica y hermosa a la vez. Estoy agradecida por haber dejado la universidad; de lo contrario, me habría vuelto loca tratando de equilibrar los estudios y los preparativos para tu llegada. Es tan extraño cómo la felicidad infinita que siento puede verse interrumpida por un mar de lágrimas y preocupaciones. Después de que te fuiste, mamá, junto con Tobias, nunca pensé que podría ser tan feliz de nuevo, pero también tan llorona. Tus pataditas en mi vientre son una dulce tortura, una señal constante de que estás ahí, creciendo y preparándote para enfrentar el mundo junto a mí. "Es todo para ti, mi pequeño veneno. Eres tan dulce pero tan cruel, hijo mío", susurro, acariciando suavemente mi abdomen hinchado. "Especialmente cuando no me dejas dormir en toda la noche. No puedo esperar para tenerte entre mis brazos y sentirte cerca. Mami ya ha planeado todo. Después de que nazcas, mamá descansará durante tres meses para cuidarte y recuperarse, y luego trabajaré duro mientras tú creces. Cuando tengas al menos dos años, buscaré una niñera confiable para poder continuar mis estudios y forjar un futuro brillante para nosotros". Explico, sintiendo a mi hijo protestar una vez más con un par de pataditas. "Tobias, ¿qué hablamos sobre los golpes? Debemos comunicarnos como personas civilizadas, aunque probablemente te pareces a tu padre en ese sentido. Solía resolver sus problemas con golpes todos los días, y por eso no le importaba la universidad. Pero por favor, no sigas los pasos de tu padre, ¡sería un completo dolor de cabeza si lo hicieras! Dos patadas son suficientes para entender, mocoso, me volverás loca". "Mírame, Malcolm, mira a tu buen hijo", susurro con un poco de tristeza y decepción, sabiendo en el fondo que él no estará presente para presenciar esos momentos especiales. Las lágrimas comienzan a caer de nuevo, pero me obligo a secarlas rápidamente. En este momento, ese desgraciado de Malcolm probablemente esté acompañando a Bárbara y su hija a un chequeo médico. Por Pamela me enteré que van a tener una niña. Ni siquiera sé por qué me cuenta esas cosas. ¡Estúpido Malcolm, estúpida Bárbara! Quiero comer helado. "Deja de patear, no me quejo de ti. No digo que esté insatisfecha porque eres un niño y quería una princesa que no se parezca al donante de e*****a que fecundó el óvulo para formarte. Además, aprovecha al máximo tu tiempo dentro; ajustaremos nuestras cuentas una vez que estés fuera". Mi hijo se queda quieto como si entendiera cada palabra, y una sonrisa se dibuja en mi rostro. "Eres muy inteligente, bebé. ¡Lo obtuviste de mí!", añado con orgullo, sintiendo cómo mi pecho se hincha de emoción. Me levanto y empaco el último cuadro, consciente de que nuestro nuevo hogar nos espera en breve. "Mañana nos mudamos, bebé. Será un lugar más pequeño pero mucho más fácil de mantener, y nos quedará dinero hasta que mamá pueda trabajar. Cuando seas adulto, aprenderás que ganar dinero es un fiasco", le comento con una mezcla de sabiduría y humor, imaginando las lecciones de vida que le transmitiré en el futuro. "Pero eso lo aprenderás cuando seas mayor. Lo primero que haré contigo será enseñarte métodos anticonceptivos confiables, para que no cometas los mismos errores que yo". Siento una vibración en mi cabeza, y se siente tan bien, pero luego se detiene y el teléfono fijo no deja de sonar. ¿Hola?", respondo con incertidumbre. "¡Cristina, deja de jugar y contesta tu móvil!", exclama Pamela histéricamente desde afuera. "¡Ábreme la maldita puerta, estamos afuera!" Confundida por su urgencia, escucho el sonido de la llamada siendo colgada y rápidamente obedezco a las instrucciones de mi amiga, quien parece haber perdido la paciencia. Cuando abro la puerta, ella se lanza sobre mí. En realidad, abrazo a su ahijado, y me quedo pintada. "¡Vamos, ignoremos a la que tiene patas de rana!" "Cris", susurra Bruno y me abraza. Mis lágrimas caen. ¿Por qué no puedo amar a un buen hombre como él? Estoy obsesionada con ese despreciable Malcolm. ¡Todo es por su culpa! "Tus hormonas te están volviendo loca", dice Pamela con tono burlón, pero la ignoro por completo mientras abrazo a Bruno con fuerza, aferrándome a su apoyo incondicional. Lo he extrañado tanto; él se ha convertido en mi gran apoyo. Me las arreglé para aceptar el hecho de que no podía amarlo y que soy tan hueca, como para seguir obsesionada con ese idiota. Bruno ahora es un gran hermano que quiere darle una paliza al padre del bebé por ser tan irresponsable. "Vinimos por ti", dice feliz, Pame tomando una caja. "¿Qué?" "Tú y mi sobrino vivirán con nosotros. Mi hermano logró obtener pasantías pagadas y un trabajo para ti, ¡y yo seré la niñera de Tobias!" grita emocionada, y no puedo procesarlo. Mucha información? ¿Tengo una niñera y un trabajo? "Vamos, déjame decirte más en el camino. Oh, por cierto, mi hermano compró un auto nuevo". Soy arrastrada por mi mejor amiga, hasta llegar a un hermoso auto blanco, limpio y ordenado, se parece mucho a Bruno. "Entra", me insta mi loca amiga, sonriendo, y yo tontamente obedezco. "Bruno, esto... Estoy arrepentida. ¿Podemos bajar del auto?", le pido tímidamente, sintiéndome abrumada por la situación. "Cris, Orlando tiene un gran clima para mi ahijado y un gran ambiente de trabajo para ti", comenta enérgico Bruno, aparentemente sin percatarse de mi incomodidad. Me siento ignorada y confundida ante su actitud. "¡Él es mi ahijado, no tuyo, hermanito!", interviene Pamela molesta, buscando apoyo en mí. "Pame, tú serás la madrina y Bruno será el padrino. Problema solucionado, ¿podemos volver a casa?", intento mediar entre ellos, tratando de calmar los ánimos. "No, definitivamente no", responden en unísono, negándose a ceder. La situación se vuelve cada vez más surrealista. "Esto es como un s*******o múltiple", les advierto en tono de broma, señalando mi abultado vientre. Intento aliviar la tensión con un poco de humor. "No lo es y... ¿Por qué tiene que ser el padrino esa cosa?", pregunta Pamela visiblemente molesta. "Porque tu ahijado lo aprueba, y esa cosa es tu hermano favorito", respondo en defensa de Bruno. "Soy su único hermano", recuerda Bruno con una sonrisa irónica. "Y esa es la razón por la que eres mi hermano favorito", determina Pamela mientras bufa. "En cuanto a la opinión del ahijado, lo verificaré", agrega, colocando su mano sobre mi abdomen en busca de una respuesta del bebé. Sin embargo, Tobias parece estar de acuerdo con el silencio, sin dar ninguna señal. "No seas cobarde y responde, Tobías", insta Pamela en tono juguetón, buscando obtener una reacción del pequeño ser en mi vientre. Le exige la maniática de mi amiga a mi hijo por nacer, alguien más ajustará cuentas contigo cuando nazcas, pequeño. "¿Estás segura de llevarme a mí y al bebé contigo? ¿No cambiará drásticamente tu ritmo de vida?", comento, sintiéndome un poco vacilante. La adrenalina del momento se desvanece y me doy cuenta de que no pensé en las implicaciones antes de subir al auto. "Por supuesto, te prometo que no traeré a mis novios a casa", dice Pamela, levantando la mano como si estuviera haciendo un voto solemne. Sonrío ante su declaración. "Bebé, tu madrina te quiere tanto que ya no traerá a sus novios a casa", le digo al pequeño en mi vientre. "Claro", responde en su inocencia, asumiendo una pose de diva en mi imaginación. "Cris, vivir sin ustedes no fue agradable. Somos una familia y nos apoyaremos. Si me lo permites, seré una figura paterna para él y te apoyaré en todo lo que necesites", dice Bruno de manera decidida, sin permitir objeciones. "Pero..." "No aceptaré un no por respuesta", me interrumpe con determinación. Pamela aplaude emocionada. "Bueno, hermano, es la primera vez que actúas como un verdadero hombre", comenta, provocando una mirada enfadada de Bruno. Estallo en carcajadas ante la irá de Bruno, es muy tierno cuando se enoja. "¡Gracias a los dos!", les digo sinceramente. Pamela intenta envolverme en un gran abrazo, pero su expresión facial revela ciertas dificultades debido a mi estado. "Estás un poco gordita, Cris", comenta sin filtro. "¡Pamela!", exclama Bruno, reprochándole su falta de tacto. "¿Por qué estoy tan gorda? Me siento como una ballena, pero una ballena fea porque las de la televisión son hermosas. Mis pies parecen dos bolas de bolos. ¡Quiero llorar! Todo esto es tan difícil", empiezo a sollozar mientras mis inseguridades me inundan. Bruno detiene el auto y, durante los siguientes 20 minutos, ambos me convencen de que sigo siendo hermosa y de que mis preocupaciones son normales durante el embarazo. Decidimos ir a un buen restaurante para disfrutar de una comida reconfortante y olvidarnos de las preocupaciones por un rato.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR