Capítulo 36-Cristina

1234 Palabras
Suspiro profundamente mientras observo al pequeño e inocente bebé, cuyos rasgos y gestos parecen ser un reflejo vivo de su padre. Durante nueve largos meses lo llevé en mi vientre, y el día de su nacimiento fue un tormento aún mayor. A veces me pregunto por qué no se parece un poco más a mí, ¿no sería justo? Tobias, aún es inestable en sus primeros intentos de ponerse de pie, tambalea mientras se aferra a cualquier soporte a su alcance. Sus manitas tiernas buscan estabilidad y encuentran una mano amiga que lo sostiene. El pequeño rostro se ilumina con una sonrisa, mostrando sus dientecitos incipientes. "Pero, ¿quién es el ahijado más guapo del mundo?" Pamela pregunta emocionada. "¡Él no es!" Me quejo, molesta. "¡Cristina solo tiene 11 meses! Ten un poco de conciencia", responde ella. Como si mi hijo entendiera mi broma desafortunada, comienza a llorar, rompiendo el aire con sus agudos lamentos. El sonido de sus gritos resuena en la sala, provocandome un ligero dolor en mi cabeza. Decido hacer oídos sordos a ese pequeño instigador, pero Pamela insiste en su papel de seguidora del incitador del llanto. "¡Cristina, eres su madre! No puedes ser tan mala", me regaña la seguidora del instigador. Mi amiga se une a su ahijado en su algarabía, y ahora ambos gritan juntos, formando un coro de caos. Mis sienes comienzan a palpitar y la tensión me invade. Estos momentos agitados me hacen dudar de mis habilidades maternas. Las lágrimas cubren el rostro de mi hijo mientras patea sus pequeñas piernas y agita sus manitas en un acto desesperado de comunicación. Mi pecho se aprieta con un sentimiento de culpa y arrepentimiento. Tal vez he estado tratándolo de manera injusta, dejando que mi frustración y envidia nublen mi amor de madre. Me acerco a él con pasos lentos y delicados, susurrándole con conciencia culpable: "Por favor, deja de llorar". Extiendo mis brazos hacia él, esperando que comprenda mi arrepentimiento y encuentre consuelo en mi cercanía. Contrariamente a mis expectativas, mi hijo rechaza mi acercamiento y sus llantos se intensifican, mientras patea el aire en un acto de protesta. En ese momento, el padrino de Tobias, interviene y toma al bebé en sus brazos. "No es bueno pelearse con mami", dice Bruno en tono suave, intentando calmar al pequeño. Después de algunas palmaditas reconfortantes, el llanto de mi hijo comienza a disminuir gradualmente. Observo con una mezcla de alivio y frustración cómo mi amigo logra calmarlo más rápido que yo. "Soy su madrina, Tobias es demasiado tu favoritismo", se queja Pamela con un tono de derrota en su voz. "Estoy completamente de acuerdo. ¡Soy tu madre, mocoso!", exclamo indignada, exigiendo mi lugar en el corazón de mi pequeño. Cuando esta su padrino, ese bebe oso ignora a todas las personas, incluyendo a su madre. Tobias nos mira a ambas con sus ojos inocentes y comienza a llorar nuevamente. "Es solo un bebé, dejen de intimidarlo. ¡Son dos mujeres adultas!", interviene Bruno, tratando de calmar los ánimos. "Vamos, Tobi, tu padrino te hará un puré de manzana delicioso". Como si fuera magia, mi hijo ríe y se muestra emocionado, marchando felizmente hacia la cocina con su padrino. "He sido abandonada por un bebé de 11 meses. ¿Qué tan triste es mi vida?" "He sido abandonada por mi hijo, quien solo se acuerda de mí cuando necesita beber leche", comento con amargura, sintiendo cómo el nudo en mi pecho se aprieta aún más. "No puedo confiar en él, nunca sabré cuándo me volverá a abandonar". Pamela asiente con la cabeza, compartiendo mi dolor y decepción. Bruno regresa con Tobias en brazos y se dirige a mi amiga. "Pam, cuida de él". Ordena Bruno. "Mi corazón no podrá soportarlo, si vuelvo a ser abandonada nuevamente", exclama Pamela dramáticamente, pero se niega a la responsabilidad de cuidar a Tobias. "Maaa, mamá, aaaa, ma", balbucea el pequeño, pronunciando algunas sílabas con su voz dulce y risueña. Los ojos de mi amiga se iluminan cuando ve a mi hijo extendiendo sus pequeñas garras hacia ella. "¡El bebé de la madrina!" Mi hijo sonríe y le da muchos besos a Pamela. Mi amiga está encantado y ambos toman la caja con forma de tren, se sientan en el piso y comienzan a jugar. "¿Me ayudarás a preparar la cena?" Pregunta Bruno. Respondo con una pizca de escepticismo: "¿Estás seguro de que tienes tiempo para eso?". Pone los ojos en blanco, toma mi brazo y me arrastra a la cocina. Agarro la tabla de cortar y empiezo a cortar las verduras junto a mi viejo amigo, sintiéndome derrotado. En medio de nuestra labor, Bruno decide compartir algunas palabras de sabiduría conmigo. Con voz tranquila y serena, me dice: "Cris, no importa lo que haya sucedido en el pasado, ni cómo sea Tobias. Él no será malo. Tienes que dejar atrás tus miedos y decepciones antes de que los lastimen aún más". Mis dientes muerden mi labio inferior, mostrando mi inseguridad. "Bruno, solo fue una mala broma", murmuro, pero su mirada intensa me indica que no me cree en absoluto. "Sé que no ha sido fácil para ti desde que nació, pero recuerda que Tobias no es responsable de las decepciones que te causó su padre", dice Bruno tomando un tomate. Mis lágrimas amenazan con escaparse mientras me aferró a la tabla de cortar. "No es así. Amo a mi hijo, solo estoy tratando de aprender a ser una buena madre y tratarlo correctamente como se merece, pero tengo miedo de fallar miserablemente y hacer que me odie". "Cris, Tobias es tu hijo. Él nunca te odiará. Entiendo que guardas tu corazón por miedo a volver a amar, pero es imposible que hagas eso con tu hijo. Él necesita el amor de su madre", enfatiza Bruno, transmitiendo su confianza. "Estoy trabajando duro en ello". Me digo a mi misma. Bruno asiente: "Lo sé, por eso tienes prohibido gastarle bromas a tu hijo... Solo será por un tiempo hasta que aprendas a hacerlo bien". Un escalofrío recorre su cuerpo mientras corta una cebolla, revelando su preocupación y compromiso en ayudarme a ser una madre más consciente. "Gracias por no ser despiadado y decirme directamente que soy una mala madre. Agradezco tu tacto en no lastimarme", murmuro con culpabilidad. Bruno se gira hacia mí y me envuelve en un abrazo reconfortante. Su gesto de afecto me recuerda que no estoy sola en esta travesía. "Cris, eres una gran mujer y serás una madre fantástica. Sigue trabajando duro. Tobi te quiere", susurra con su voz cálida y alentadora. "Lo amo tanto", susurro, secándome las lágrimas. Cuando mis ojos se posan en Tobias, todo lo que puedo sentir y pensar es en Malcolm. La conexión entre madre e hijo es profunda y visceral. Sin embargo, a veces, siento un impulso instintivo de rechazo, una respuesta desgarradora que sé que no es justa para mi pequeño. Me odio a mí misma por permitir que ese sentimiento se arraigue y lastime a mi hijo que es inocente en todo esto. Me repito una verdad fundamental: no es culpa del bebé ser hijo de su padre. Tobias merece amor incondicional y la oportunidad de crecer en un ambiente lleno de cariño y aceptación. Voy a luchar por brindarle todo el amor que mi corazón es capaz de dar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR