"Malcolm, me duele, patán", aflojo mi agarre, sintiendo cómo la tensión se disipa y dejándola en libertad.
"Yo no, yo solo..." Las palabras se quedan atascadas en mi garganta al ver la sangre en mi mano. "¡Cristina! ¿Qué carajos te pasó?"
"¡Nada!" ella responde con frustración, tratando de ocultar su rostro mientras su voz se convierte en un susurro apenas audible, y escucho sus sollozos.
Permanezco inmóvil en mi lugar, mi cuerpo se niega a reaccionar. Es la primera vez que la veo llorar, y me doy cuenta de lo lejos que estamos el uno del otro, por el maldito muro de concreto que construimos.
Vamos, solo reacciona, Malcolm. Dale un jodido abrazo, ella te necesita. Ella vino aquí por ti. Juntos se lastiman, pero separados se dañan aún más, pienso frenéticamente.
"Me voy, Malcolm. Nunca debí haber venido en primer lugar", murmura mientras su figura se desvanece a través de la puerta. El sonido de la puerta cerrándose resuena en mis oídos, y y me quedo paralizado, como si fuera un espectador en medio de una mala trama y que no puedes hacer nada para cambiarla.
Trato de entender cómo todo se ha derrumbado entre nosotros. El muro a nuestro alrededor se ha vuelto impenetrable, atrapados en nuestros propios miedos y demonios personales.
Mi cuerpo finalmente se libera. Mis pies comienzan a moverse, impulsándome hacia la puerta, hacia ella. Corro a toda velocidad, esquivando obstáculos imaginarios. Tenemos mil razones para no continuar con este estúpido juego, y solo una razón para mantenerlo; Estar juntos nos destruye, pero estar separados multiplica por mil el dolor. Sin embargo, vale la pena vivir en este infierno mientras sea con ella.
Mis pulmones arden y mi corazón late ferozmente en mi pecho. No puedo dejarla ir, no así. ¡Maldita sea!
Llego al ascensor, los números descienden, ya en el segundo piso. Me embarga una sensación de ansiedad, me arden las piernas con cada escalón que bajo, pero ignoro el dolor.
Cuando por fin llego al nivel de la calle, veo a Cristina subirse a su automóvil. Trato de llamarla, pero el nudo en mi garganta ahoga mis palabras. El aire se vuelve pesado, sofocante, y mi voz queda atrapada en mi pecho. Estoy a punto de empezar a correr de nuevo, para alcanzarla, pero luego, después de tantos años, esa maldita voz susurra en mi cabeza una vez más, como un eco ominoso.
"¿De qué sirve correr detras de ella? ¿Estás seguro de que ella te necesita? ¿Crees que vales la pena? Todo el mundo te ha abandonado, y ella no será diferente. Tú tienes la culpa, Malcolm, siempre lo has tenido".
Siento que la rabia se apodera de mí. Mi mente se llena de ira hacia esa voz. "¡Cristina se ha ido por tu maldita culpa!" exclamo con furia, tratando de liberar la frustración que me consume. "¡Cállate de una vez por todas!" Ordeno a esa asquerosa voz que ha perseguido mi mente durante tanto tiempo. "No eres real, no existes. Todo lo que dices son mentiras".
La voz se ríe, retorciéndose dentro de mí, tratando de aferrarse a cualquier fragmento de duda que encuentre en mi mente. "Sabes que no puedes negarme, Malcolm. Soy parte de ti, esa voz interior que trataste de reprimir. No puedo mentirte porque soy tu propia verdad".
Mi mandíbula se tensa, no puedo permitir que este eco tóxico, me domine una vez más. "No es así, tú solo eres una voz de mierda que vive dentro de mi cabeza, No eres más que una invención de mi propia mente atormentada, no deberías tener ningún lugar en mi cabeza. Me has recordado constantemente mis debilidades y me has arrastrado hacia abajo una y otra vez. ¡Ya basta! Desaparece de una vez por todas".
Las palabras de la doctora Stossel resuenan en mi memoria, instándome a encontrar la paz interior.
*"Relájate, Malcolm. Encuentra tu centro, enfócate en lo que realmente importa". Mis músculos se aflojan, la tensión comienza a disiparse. Cierro los ojos y me sumerjo nuevamente en el pasado que desee que no fuera real.
"La expresión sarcástica se desliza de mis labios mientras niego con la cabeza, sin molestarme en mirarla. No tengo tiempo para los juegos de palabras y las etiquetas psiquiátricas.
La doctora Mónica no se deja intimidar por mi desprecio y mantiene la calma. Sus ojos reflejan compasión y determinación mientras busca establecer un vínculo conmigo. No necesito su falsa empatía.
"¿Ahora me vas a decir que estoy loco?" Me burlo, sin siquiera darle una mirada.
"No, Malcolm, no te estoy llamando loco. Pero es importante que consideremos todas las posibilidades. La esquizofrenia es una enfermedad mental que puede manifestarse de diferentes maneras en las personas. No estoy diciendo que tengas esquizofrenia, e incluso si la tienes, no es el fin del mundo. Hay muchos tratamientos efectivos disponibles. Solo quiero explorar todas las opciones para comprender mejor lo que está experimentando y ayudarlo de la manera correcta".
Mis cejas se fruncen y, finalmente, decido enfrentarla con una mirada desafiante.
"Ayudarme. Cuénteme, doctora, ¿cómo lo hará? " Pregunto con escepticismo, sin ocultar mi desdén por la situación.
¿Crees que soy un monstruo como ellos? ¿Crees que soy una causa perdida? No necesito tu ayuda ni tus suposiciones. Solo déjame en paz.
La doctora Mónica mantiene una mirada tranquila, negándose a ceder ante mi hostilidad.
"Malcolm, no te estoy juzgando por tu pasado o presente. Estoy aquí para ayudarte a entender por lo que estás pasando y encontrar maneras de sobrellevarlo. No importa cuánto te resistas, estoy dispuesta a acompañarte en este proceso, y recordarte que la elección de quedarte aquí no es tuya, pero quiero que sepas que después de que te resistas, serás llevado a otros especialistas que probablemente no estén interesados en ayudarte de verdad. Lamento que los adultos solo te hayan lastimado".
Mis labios se aprietan y el peso de mi pasado se cierne sobre mis hombros. Siento una mezcla de ira y tristeza, en última instancia, solo impotencia.
"No quiero tu ayuda. No necesito que nadie más me decepcione. Todos han fallado".
La doctora Mónica asiente comprensivamente, dejando que mis palabras se asienten en el aire. Luego, con voz suave pero firme, pronuncia sus siguientes palabras:
"Malcolm, es completamente válido que te sientas decepcionado y abandonado. Pero eso no significa que debas cerrarte a todas las posibilidades. Permíteme mostrarte una nueva perspectiva, una forma de encontrar tu propia fuerza y superar los obstáculos que te han afectado. Ellos fueron los que cometieron errores, no tú. Solo los adultos tomaron decisiones equivocadas. ¿Entiendes?"
"No requiero de sus servicios".
"Tal vez, con la ayuda correcta, puedas encontrar el coraje para enfrentar a tus demonios internos, como el miedo, el temor, la decepción entre otros tantos y volver a ser libre".
¿En verdad puede ayudarme?
"Sólo la escucharé un poco más".
"La esquizofrenia es un trastorno que afecta la capacidad de una persona para pensar, sentir y comportarse de manera lúcida.
Se desconoce la causa exacta de la esquizofrenia, pero es posible que tenga que ver con una combinación de factores genéticos y ambientales como de la alteración de las sustancias químicas y las estructuras del cerebro, en tu caso descubrimos que es por ambas familias, existen casos donde fue un hecho esta enfermedad, necesitamos iniciar lo más pronto posible Malcolm esto no es un juego y comprobar si estas padeciendo esta patología".
"No tengo familia, así que lo que dices es imposible", le respondo con desdén, decidido a irme sin importar su opinión.
Cuando abro la puerta, veo a dos guardias de seguridad, pero los ignoro y sigo avanzando. Sin embargo, en un instante, ambos me agarran de los brazos, impidiéndome escapar. Miro a los guardias con resentimiento hasta que escucho la voz firme de Mónica. Enfoco mi atención en sus palabras.
"No te irás, Malcolm, a menos que yo lo autorice. Continuemos nuestra conversación. Elegiste escuchar un poco más", dice ella.
"Bien", escupí de mala gana, entrando en ese lugar que tan desesperadamente quiero huir.
No puedo acusarla de engañarme porque yo también sería un mentiroso. Estuve de acuerdo con esto.
"Continuemos, entonces. La esquizofrenia se caracteriza por pensamientos o experiencias que parecen estar desconectados de la realidad, así como un habla o comportamiento desorganizado y una disminución en la participación en las actividades cotidianas. También puede haber dificultades en la concentración y la memoria. ¿Le suena familiar eso? ¿A tí?" pregunta Mónica.
"Siento decepcionarte, pero no", respondo, negándome a aceptar cualquier asociación con esta enfermedad que ella menciona. Claro, admito que soy un mentiroso, pero ella también.
"Malcolm, según los resultados de tus exámenes y pruebas, puede haber similitudes. Después de todo el dolor que has experimentado, no es de extrañar que tu mente cree defensas adicionales. No estoy decepcionada contigo por mentir; también hice trampa al principio, y lo siento. Solo quiero lo mejor para ti", afirma Mónica, tratando de transmitir su preocupación genuina.
"No tengo idea de qué diablos estás hablando. Estás completamente loca", le digo con amargura.
"Malcolm, sé que puedes escuchar una voz dentro de ti..." intenta continuar con su monólogo, pero la interrumpo abruptamente
"Sí, esa voz se llama pensamientos internos. Es normal".
"No, esa voz que escuchas no es normal. No es parte de ti, al igual que las otras voces. Malcolm, déjame ayudarte. Deja de lastimarte a ti mismo y a los que te rodean. Tú no eres esto", expresa Mónica con determinación. tratando de romper mis barreras defensivas.
"Usted, señora, no tiene la menor idea de quién soy", afirmo con resentimiento, negándome a aceptar cualquier explicación que intente dar.
"Lo que estás experimentando en esta etapa son percepciones en las que escuchas, ves o sientes cosas que se originan en tu propio cerebro, y las experimentas como si fueran reales, cuando en realidad no lo son, Malcolm. Estas sensaciones se manifiestan a través de los órganos de los sentidos, y en tu caso particular, sufres de alucinaciones auditivas, donde escuchas una voz que te habla dentro de tu cabeza. Estas alucinaciones se vuelven más frecuentes y son características de la esquizofrenia, especialmente cuando una persona experimenta dificultad para pensar y actuar libremente.
Dime, Malcolm, ¿esta voz te ordenó dañar a tus compañeros y a tu maestro a cargo? A veces, estas voces te insultan a ti oa las personas que te rodean, te dan órdenes, y ahí es cuando tu propio comportamiento queda determinado por lo que esas voces te dicen. ¿Has perdido el control de tu cuerpo? ¿Estas voces internas te dominan, Malcolm?
Muchos de mis pacientes con esta enfermedad han compartido la siguiente afirmación: 'Hay alguien que me habla y comenta todo lo que hago. A veces, incluso me dan órdenes sobre lo que debo hacer. Me roban los pensamientos y me siento como una marioneta sin control sobre mis acciones. ¿Te identificas con esto?".
"Esa voz ya no tiene poder sobre mí", respondo con determinación, aunque en el fondo hay una duda persistente.
"¿Estás seguro? ¿Qué te está diciendo ahora?" pregunta Mónica, buscando indicios de la influencia de esas malditas voces en mi mente.
La observo en silencio. Me envuelve una ola de ira y desesperación, alimentada por la voz que insiste en incitarme a la violencia. Pero algo dentro de mí se rebela, resistiéndose a sucumbir a sus oscuros deseos.
"¡Cállate, cierra la boca!", exclamo en un susurro, tratando de bloquear esa presencia no deseada en mi mente. Sin embargo, la voz persiste, afirmando ser mi única salvación, recordándome una y otra vez que estaré solo sin ella.
"No, vete, déjame en paz", respondo con determinación, tratando de deshacerme de su influencia asfixiante.
A pesar de mi defensa, la voz sigue insistiendo, tratando de convencerme de su importancia en mi existencia. Me recuerda los momentos en los que supuestamente me salvó, aunque su método siempre ha sido de violencia y destruir todo.
"Eso no es cierto", murmuro, intentando desafiar su control sobre mí. "Sólo quieres que lastime a los demás".
La voz no se rinde, insistiendo en que debemos evitar salir lastimados y que la mejor manera es eliminar cualquier amenaza antes de que tenga la oportunidad de dañarnos. Me bombardea con su lógica retorcida, intentando socavar mi resistencia.
"¡Suficiente!" Gruño, sintiendo mi cabeza palpitar de dolor. La confusión y el caos parecen multiplicarse dentro de mí.
"Malcolm, ¿qué te está diciendo? Recuerda, esa voz no es real. Puedo ayudarte a silenciarla", interviene Mónica, tratando de encontrar una solución a mi sufrimiento
La voz persiste, esta vez instándome a terminar con Mónica, a deshacerme de su molesta y amenazante presencia. Pero algo dentro de mí se resiste, negándose a ceder.
"No lo haré", digo con firmeza, dirigiéndome a la voz. "Quiero que me dejes en paz. Y si la única solución es... deshacerme de ti, lo haré. Este es mi cuerpo, no el tuyo".
El silencio se asienta por un momento, y siento que la presión en mi mente comienza a disminuir. El dolor de cabeza disminuye gradualmente, dejándome exhausto pero también con una sensación de alivio.
"Me duele la cabeza... Hay tantas voces gritándome cosas malas, no puedo más", confieso, buscando un respiro en medio de la tormenta. Entonces, miro a Mónica, completamente agotado. "¿Puedes... hacer que se detengan? ¿Puedes ayudarme a encontrar la paz en mi mente?"
"Si, los medicamentos antipsicóticos son el tratamiento más efectivo para la esquizofrenia. Estos cambian el equilibrio de químicos en el cerebro y pueden ayudar a controlar los síntomas, en tu caso silenciar estas voces, la falta de adherencia al tratamiento y el abandono total o parcial de la medicación (incumplimiento terapéutico) es un problema importante en los pacientes con enfermedades psiquiátricas crónicas, cuando la esquizofrenia no mejora con antipsicóticos, se puede probar con otros medicamentos.
La esquizofrenia es una enfermedad crónica y la mayoría de las personas que la padecen necesitan estar con medicación antipsicótica de por vida, pero siempre hay posibilidades de un gran margen de mejora y existe la posibilidad de que no los necesites de por vida".
Acepto la medicación de Mónica con una mezcla de impaciencia e impotencia. Deseo que esas pastillas silencien las malditas voces.
"Dame la maldita medicación, para que me vaya de aquí", le digo, urgido por empezar a experimentar los efectos de los antipsicóticos.
Mónica me entrega las tabletas y me da las instrucciones precisas sobre su consumo. Me asegura que, a medida que avancemos en el tratamiento, nos veremos semanalmente los sábados para monitorear mi progreso y ajustar la medicación según sea necesario.
"Comprendo", respondo, aceptando su propuesta. La perspectiva de que la voz desaparezca de mi vida es un incentivo suficiente para comprometerme.
Sin más palabras, guardo las tabletas y salgo de la oficina. Puedo sentir la mirada compasiva de Mónica sobre mí mientras me alejo, pero no quiero detenerme en eso. Me cubro con un escudo de indiferencia, ocultando el dolor y la vulnerabilidad que residen en lo más profundo de mí. Lo odio tanto. *
Sintiendo el dolor recorriendo mi pierna sangrante, la bala, la herida se ha vuelto a abrir.
Arrastré mi cuerpo hasta el ascensor, mis pasos pesados, las manchas de sangre florecían con cada pisada. Doy un portazo a la puerta de mi apartamento, sellando el mundo exterior y encerrándome con mis demonios internos. Camino hacia el pequeño cajón que contiene las endiabladas pastillas.
"Hah, ¿estas lamentando que se haya ido? Cuando el único patético eres tú. Eres un maldito loco mental, nunca serás digno de su amor, ni del de nadie más".
Con determinación temblorosa, tomo una tableta en mis manos. Un momento de duda invade mi mente, pero rápidamente desaparece. En un acto de desesperación y anhelo porqué se callara, decido tomar dos pastillas, esperando con todas mis fuerzas que esta vez sea suficiente para aplacar las malditas recaídas que se esta volviendo frecuentes.
Un suspiro escapa de mis labios mientras mis dedos se enredan en mis cabellos desordenados. Cierro los ojos, intentando encontrar un momento de calma en medio de la tempestad. Mi mente se repite una y otra vez que yo tengo el control, que soy más fuerte que las voces que buscan arrastrarme a las tinieblas de nuevo.
Recuerdo el anillo que permanece en mi bolsillo, lo tomó y lo arrojo dentro del cajón. Cierro la tapa con fuerza, como si con ello pudiera encapsular mi inutilidad y dejarlo atrás.
Me derrumbo en la cama, sintiendo el peso de la existencia sobre mi cuerpo. Mi mente se nubla y las lágrimas que corren por mis mejillas son testigos silenciosos de mi miseria. Estoy tan cansado. Tomo una respiración profunda, sintiendo la agonía y el cansancio entrelazados con cada inhalación.
Cierro los ojos con fuerza, buscando dentro de mí la fuerza para continuar.
La sonrisa de Cristina aparece en mi mente, y finalmente, pierdo el conocimiento.