Capítulo 9- Cristina

1918 Palabras
Mi progenitor me mira con un deseo evidente de que esté muerta, pero puede seguir soñando. Muchas veces, yo también he deseado lo mismo, pero el pensamiento de dejarle el campo libre a ese desgraciado para que se quede con todo el esfuerzo de mi madre me hace hervir la sangre. Estoy segura de que lo primero que haría este despreciable ser es deshacerse de cada objeto que perteneció a mi madre y a mi hermano. Mis cosas probablemente las quemarían junto con la arpía a la que llama esposa y su adorada hija. Conociendo a las dos brujas que lo rodean, estarían encantadas de colaborar en ello. Madre, Tob, los extraño. Mi vida sin ustedes se ha convertido en un maldito infierno. Soy la espina clavada en el ojo de este desgraciado, y él es la basura que me recuerda que no hay nada bueno para mí. Prometí que no lo dejaría en paz, ni a él ni mucho menos a esa mujer, si se le puede llamar así. No podrán pisotear tu esfuerzo, mamá. No lo permitiré. Protegeré el último recuerdo que me queda de mi familia. "¡Cristina, cierra esa asquerosa boca, mocosa!" grita, lleno de ira. "Ja, si la mía es asquerosa, la tuya está podrida..." respondo sin poder terminar mis palabras, recibiendo otro golpe en la misma mejilla. Mis ojos arden, probablemente están rojos, pero no le daré el gusto. No voy a llorar. Mis lágrimas no caerán por alguien como él. "¡Que te calles, maldita prostituta! ¿Crees que no sé lo que haces? ¿Crees que tu madre estaría orgullosa de ti? Puedes fingir frente a todo el mundo, pero no con nosotros". "Si mi madre estuviera aquí conmigo, yo no sería así. No me habría convertido en lo que soy. Todo es por tu maldita culpa y la de esa repugnante mujer..." intento decir, pero recibo un puñetazo. Maldito desgraciado, me llamó para matarme. "Con ella, tú no te metes y, sobre todo, no le faltas el respeto. Según tú, si no te trato como a mi hija, no me vuelvo responsable de ti. Pues bien, así será", murmura entre dientes. "Dime, Louis, en todos estos repugnantes años, ¿alguna vez me has tratado como tu hija? Porque según mis recuerdos, jamás lo has hecho", grito mientras lo señalo. "No te hagas el padre fatal. La primera noche que supimos del accidente que tuvo mi madre junto a Tobías, ella", continuo, con la voz llena de rabia, "era la que estaba en la cama de mamá. Maldito infeliz, nunca te importó mi madre ni mi hermano. Tú los dejaste a su suerte y, como si eso no fuera suficiente, los llevaste a su entierro", respiro profundamente antes de continuar, los observo con el odio más profundo de mi alma, "a ella y a su hija Natali. Dime, ¿alguna vez consideraste todo lo que nuestra familia hacía por ti? Mi madre vivió por ti y perdió su vida, así como la de mi hermano, todo fue por tu culpa. ¿Crees que no sé que el accidente de auto se debió a que ella tenía que lidiar con tus malditas deudas y que ellos tuvieron ese accidente porque no querías que descubriera a tu amante? Tú los enviaste a su muerte. Mi madre te dijo que se sentía cansada, que no se encontraba bien, pero a ti no te importó. No te interesó que mi madre trabajara dos empleos para cubrir los gastos de esa otra familia que tenías. No te importó que mi madre cuidara de ti y de todos. No te importó que estuviera enferma y te pidiera que recogieras a Tobías. Lo único que importaba era que pudieras revolcarte en la cama de tu legítima esposa y tu amada amante Valeri, quien usurpó el lugar de mamá. ¡Si tan solo hubieras cumplido con lo mínimo, ellos estarían aquí conmigo y yo no sería esto por tu causa! Tu familia puede ser perfecta para la ciudad, pero para mí son los seres más despreciables del planeta. Dime, Louis, ¿qué se siente golpear a una niña que quedó huérfana por tu culpa cuando tenía apenas 12 años? ¿Cuáles son los logros que puedes presumir al destruir la vida de tantas personas? ¿Todavía te consideras humano después de usurpar una gloria que nunca te perteneció?... Vuestra", termino con desprecio. Louis está pálido, sin saber cómo responder. En cuanto a Valerie, su rostro es un completo poema, incapaz de esconder la vergüenza y el remordimiento. "Y por cierto, Louis, si yo soy una prostituta, a tu querida hija Natali le queda corto ese honorable apodo. Pero bueno, ¿qué se puede esperar de la hija de una mujer que no respetó a un hombre casado y mucho menos tuvo la decencia moral de respetar el hogar de la persona engañada y a sus legítimos hijos?", continúo con voz llena de sarcasmo. "Natali lleva el apellido de tu adorada esposa, pero ambos son tan egoístas como para no reconocerla como deberían, con tal de mantener su deplorable fachada. En fin, es probable que ella haya heredado estas características de sus "grandes" padres." "¡Cállate de una vez, Cristina, o te arrepentirás!", gruñe Louis con ira contenida. "¿Y qué harás? ¿Qué pretendes hacer? Si mal no recuerdo, a pesar de que mi madre se desvivió por ti, ella siempre nos consideró a sus hijos como algo importante. Y todo el dinero de Tobías y mío, ¿dónde ha ido a parar? Ya lo recuerdo te lo has tragado tú, sin pudor alguno. ¿Quieres matarme? Adelante, hazlo. Sería la oportunidad perfecta para que se revele la basura que eres. Me imagino el titular en los periódicos: 'Padre asesina a su propia hija para quedarse con su herencia'. Y si la policía hace bien su trabajo, el siguiente párrafo dirá: 'Para mantener a su amante y a su hija ilegítima'. ¿Te lo imaginas, gran titular? Ja, ja, ja", respondo, burlándome de él. "¡Maldita perra loca!", grita mientras me sujeta los brazos con fuerza, causándome dolor. "Algún día, sin duda, morirás. Pero yo no seré responsable de ello. No lo haré, porque no vales nada". No puedo evitar esbozar una sonrisa. "Sí, lo sé. Como tú, Louis, soy tu reflejo perfecto, tu triste y repugnante reflejo. Te odio tanto que incluso me detesto a mí misma por llevar tu sangre en mis venas", afirmo con determinación. Él me mira, intentando calmar su enfado. "Valerie", llama a su esposa. "Sí, cariño", responde ella. "Retírate", ordena Louis. "¿Qué?", pregunta sorprendida. "¡Retírate! Lo siento, cariño, necesito hablar con mi hija", se disculpa, hipócrita, después de todo el daño y humillación que mamá ha sufrido por su culpa. Ella asiente con incredulidad y se marcha, pero antes intenta lanzarme una mirada asesina. Es realmente patética. "Entra", me invita Louis con tono frío. Sin decir palabra, ingreso al estudio y me siento en la silla, enfrentándolo directamente, sin dejar que su desprecio me afecte. "Sin rodeos, Louis, lo que más detesto después de mí, eres tú", afirmo con frialdad. Él me arroja unos papeles con desdén y ordena: "Firma estos documentos". "Louis, ¿crees que soy una idiota? ¿Qué te hace pensar que voy a firmar estos papeles?", respondo conteniendo mi ira. Está claro que quiere que renuncie a mis derechos para evitar que recupere todo lo que ha usurpado durante todos estos años. ¿Ha olvidado la carrera que estudió? "Bien, entonces te casarás con un repugnante anciano de 60 años, ¿eso te agrada más?", amenaza con una sonrisa retorcida. "No tienes opciones, por mucho que me odies, soy tu tutor legal y yo tomo las decisiones". "Aún sueñas con poder obligarme. Me largo, Louis". Pero antes de que pueda salir, él se levanta y coloca sus manos en mis hombros, empujándome de nuevo a la silla. "Voy a vender el departamento de tu madre en Boston. ¿Te parece una gran idea?", susurra con malicia. "Eres un maldito ingrato. En ese lugar se encuentran los recuerdos de mi madre y Tobías. No firmaré y no permitiré que lo hagas", le enfrento con determinación. "Sí, puedo hacerlo. Solo tienes derecho a una pequeña parte. Mientras te entregue el dinero, no tienes derecho a decir nada", responde con arrogancia. Me quedo paralizada. Él tiene razón. Mis manos se convierten en puños y mis nudillos se vuelven blancos, pero recupero rápidamente mi calma. Mi mente y mi corazón trabajan a toda velocidad. No puedo permitir que esto suceda. "Tengo una propuesta irresistible para ti, Louis. Un trato al que no podrás negarte", refuto sus palabras, aprovechando esta oportunidad. Mi mirada cae sobre mi pequeño vientre y mi determinación se intensifica. "Entrega tus derechos sobre ese lugar y te cederé mi parte del dinero, pero tendrás que devolver la parte de mi hermano. A menos que quieras ver nuestras miserables vidas estampadas en los titulares del periódico, y luego, por supuesto, nos veremos en los tribunales. Ya no te temo, Louis. Natali utilidad en este caso, la sangre no miente", le recordé amablemente. Él analiza mi propuesta e intenta controlarse. Sé que está deseando golpearme. "Bien, pero tendrás que abandonar California y nunca volver", escupe mientras aprieta sus labios y me cuesta contener mi sonrisa. "Acepto, pero solo si firmamos un acuerdo en el que renunciemos legalmente a nuestra relación de padre e hija. Quiero llevar el apellido de mi madre", respondo con firmeza. "De acuerdo, mañana por la tarde tendré los documentos listos", accede él. "Mañana te veré, Louis", dije mientras me levantaba y me alejaba. El miedo se apoderaba de mí, sin saber qué debería hacer en el futuro. ¿Qué debo hacer con este bebé? ¿Sería lo mejor tenerlo o evitar que conociera la oscuridad de este maldito mundo? Me sentía abrumada y tras mucho reflexionar, un fuerte dolor se apoderó de mi cabeza, mi rostro, mis hombros y brazos. La única conclusión a la que llegué fue que necesitaba verlo. Maldito Malcolm, dudaba, pero al final tomé mis llaves y salí de aquel lugar. Ya en el automóvil, decidí escribirle, pero antes de teclear, me di cuenta de que necesitaba una buena excusa. Esta situación no podía resolverse por mensaje. Acaricié mi vientre, escribí el mensaje, suspiré y medité. "Imbécil, ¿estás en tu apartamento? Perdí algo importante y necesito encontrarlo", escribí, tratando de encontrar la mejor forma de expresarme. Recibí una respuesta rápida de él. "Sí, ven". Traté de reunir algo de valentía antes de comenzar a conducir. En 35 minutos, llegué a su puerta y le escribí nuevamente. "Malcolm, estoy en tu puerta", informé. Su respuesta llegó al instante. "Ok". Cuando abrió la puerta, su sorpresa fue evidente. Y quién no se sorprendería, estaba hecha un desastre. Mi mejilla estaba morada y mi pómulo izquierdo inflamado. Me sentía incómoda. "¿Tengo monos en la cara o qué?", pregunté con sarcasmo. "No, pero estás horrible", respondió él sin rodeos. "Vete al diablo, Malcolm. No sé por qué diablos estoy aquí", dije mientras me giraba para marcharme, sin tener ni idea de por qué demonios había ido hasta allí. "Entra de una vez. ¿No perdiste algo importante?", ordenó mientras me obligaba a entrar en su apartamento. Luego, un incómodo silencio se instaló entre nosotros. En ese preciso momento, sentí un pinchazo de dolor y lo miré con resentimiento. Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
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