Capítulo 8- Malcolm

1429 Palabras
Observo el reloj en mi muñeca, maldito Joseph, todavía no llega. "¿Qué sucede, chico bonito? ¿Necesitas un aventón?", me dice una voz desde detrás. "Hasta que te dignas a aparecer, viejo". Sin dudarlo, abro la puerta del asiento del acompañante y me subo al vehículo. "¡Me extrañaste!" bromea Joseph. "Cállate y conduce". "Alguien está de mal humor", se burla Joseph. "¿No descansaste, muchacho? Lo observo sin responderle. "Eres demasiado amargado. Agradece tener una cara bonita, porque te aseguro que si no la tuvieras, no tendrías esas ojeras que tienes ahora". Decido que es mejor no responderle y cierro los ojos. No es que tenga sueño, simplemente quiero que se calle. Después de 10 minutos, llegamos a nuestro destino. "Viejo, ¿sabes por qué venimos aquí?" Le pregunto. "Llegó el nuevo cargamento que Ricardo estaba esperando". "Ok" Preparo mi arma, una CZ-P10 de 9 mm. Joseph, como siempre, saca una arma idéntica a la mía, sin mostrar ninguna originalidad. Al acercarnos a las coordenadas programadas, notamos a siete hombres armados sentados encima de una caja, que probablemente contenga el encargo. "Russell". Saluda Joseph "Ja, ja, ja. ¿Eres nuevo, muchachito? Tienes una bonita cara para estar aquí. ¿No estarás perdido?" se burla el hombre. "Con ese rostro que tiene desde los 12 años, ese mocoso trabaja para Ricardo. No lo subestimes, Ulises", interviene el viejo. "Como sea, Joseph, ¿tienes el dinero?" pregunta Russell. "Sí" responde él, extendiendo un fajo de billetes. Un hombre de cabello rubio toma el dinero y hace una señal. Los hombres que estaban sentados en la caja se levantan. "Bien, Joseph. Suerte. Ahora es todo tuyo, pero ten cuidado. Las pirañas andan al acecho" advirtió Russell. "Entendido". Joseph toma la caja y camino detrás de él, manteniendo mi guardia. Lo primero que aprendes aquí es no confiar en nadie, y mucho menos en una transacción como esta, donde un disparo en la cabeza puede ocurrir en cualquier momento. "Chico, toma mis llaves y conduce por la ruta alternativa. Esto es una maldita trampa" dice Joseph. "¡Carajo!" exclamo. En un movimiento fluido, el viejo me entrega sus llaves y continuamos caminando. Intento regular mi respiración y mantener mi rostro imperturbable mientras observo al viejo que me sonríe. "¡Ahora!" Abrimos las puertas y corremos hacia el auto, separándonos en direcciones diferentes. Nunca debes correr en línea recta, a menos que desees firmar tu propia sentencia de muerte. "¡Son unos desgraciados!" grita furioso el viejo. Ante su arrebato de ira, sonrío, pero mi alegría es efímera. Siento un dolor punzante en mi pierna derecha. "¡Gilipollas!" exclamo mientras me subo al asiento del conductor. El viejo sigue luchando mientras acelero el auto. Las balas no se detienen, impactan contra el vidrio trasero, que afortunadamente parece ser a prueba de balas, de lo contrario, estaríamos llenos de agujeros. "¡Gracias, chico, por no esperar ni a que me siente!" Reclama el viejo. Le dirijo una mirada y, a pesar de la bala en mi cuerpo, no puedo evitar reír. El cargamento está en el asiento del copiloto, y el viejo está despatarrado a un lado de él. "¡Ja, ja!" río. "Sigue conduciendo" me ordena cabreado. Con una sonrisa en mi rostro, tomo la ruta indicada por el viejo. Al llegar, Ricardo no parece sorprendido por las condiciones del auto. "Señor, tenía razón. Nos traicionaron" le informo. "No es una novedad. Solo fue una confirmación de lo que ya sabíamos" responde Ricardo. "Sí, por lo visto estás ileso, y tú, chico, ya aprenderás" se jacta. Yo simplemente asiento, aunque en realidad quiero mandarlo al demonio. Resistiendo mi ira, mantengo mis sentimientos inalterados. "Si eso es todo, señor, me retiro" digo. Fijo mis ojos en los suyos. "Tienes agallas, muchacho. Ya que lograste sobrevivir, te daré una semana libre. Disfrútala, porque podrías morir cualquier día. Ahora pueden retirarse". Asiento con la cabeza y me alejo, con el viejo siguiéndome de cerca. "Mocoso, no provoques problemas innecesarios", me advierte. No le respondo. Siento una fuerte impulsó de estrellar mi puño en el rostro de ese desgraciado. "¡Mocoso, no seas estúpido! ¿Entendido?" insiste. "Sí, viejo. ¿Eso te hace feliz?", respondo con sarcasmo. "No. Pero todavía me debes unas cervezas. Así que invítame, maldito suertudo que tiene vacaciones". Hago una mueca y nos dirigimos hacia el bar de Dory. Esta noche, una vez más, no podré dormir. ** El sonido inesperado de mi móvil interrumpe lo cual es extraño, porque tengo en silencio al menos que sea... Lo tomo y efectivamente al tomar el dispositivo entre mis manos, confirmo mis sospechas: es Cristina, y su mensaje despierta mi curiosidad instantáneamente. "Imbécil, ¿estás en tu apartamento? Perdí algo que necesito encontrar, es importante", dice el mensaje. Interesante, ella usó la palabra "importante" para describir lo que ha perdido. Además, su tono tan educado de preguntar, ella usualmente solo viene y luego me manda al diablo si no estoy. Nuestras últimas interacciones han estado marcadas por el distanciamiento por lo que no debería de ser tan sorprendente que lo haga. Respondo de manera breve pero afirmativa: "Sí, ven". Fijo mis ojos en el reloj, que marca las 5 p.m. Aunque mi estómago emite un recordatorio insistente de que es hora de comer, pero me intriga de saber que es lo que hace que ella se porte tan educada conmigo es mayor que cualquier necesidad fisiológica. Decido posponer mi comida y me adentro en la tarea de ordenar mi cuarto que parece una pocilga de cerdos, no puedo recordar cuando fue la última vez que lo limpié, ¿debo pagarle a alguien para que lo haga? Mientras intento poner en orden la cama, la sábana se levanta y, un anillo cae al suelo con un sonido apagado. Lo recojo y al instante noto que es un anillo masculino. Mi buen humor se desvanece por completo al darme cuenta de que no es de mío. El hecho de que Cristinita no haya tenido relaciones íntimas con ningún hombre, y no acueste con nadie aparte de mí, desde hace meses, hace que no pueda entender de donde salió esto, porque está claro que esto es lo que tanto busca ella.¿Quién le daría este anillo? A simple vista, no parece tener un gran valor material, pero mi atención se centra en el mensaje grabado en su interior. ~Brillaremos siempre C&T~. ¿Qué carajos es esto?, C y T, Cristina y... ¿Quién es T? ¿Quién es el dueño de este condenado anillo? ¿Por qué le importa tanto esta porquería? Cristina al parecer te has conseguido a un noviecito, espera que averigüe quién es, una vez que lo encuentre ni su madre podrá reconocerlo. Debo calmarme en cualquier momento podría llegar ella, no me puede ver así, ella no puede notar que me importa, no puedo permitirlo. Cierro mis ojos y guardo el anillo en mi bolsillo, ni sueñes que te lo devolveré. Luego de 35 minutos vuelve a sonar mi teléfono, abro su mensaje. "Malcolm estoy en tu puerta". Respondo: "Ok". Al abrir la puerta, me sorprendo al mirarla. Su rostro muestra claras señales de violencia: una mejilla morada y el pómulo izquierdo inflamado. Una ola de ira se apodera de mí, sintiendo un impulso arrollador de hacer pagar al responsable por lo que le ha hecho. "¿Tengo monos en la cara o qué?" pregunta Cristina con un tono sarcástico. "No, pero estás horrible", respondo sin poder contenerme. Se ve doloroso ¿te duele? Deseo preguntarle y abrazarla, decirle que estará todo bien porque ahora estoy con ella. Observo el dolor reflejado en su rostro. Quiero vengarla, hacer justicia por el daño que le han hecho. Pero su siguiente frase me golpea con fuerza y me hace dudar de mi reacción inicial si fue correcta. "Vete al diablo, Malcolm. No sé por qué carajos estoy aquí", responde con amargura mientras se gira para marcharse. "Entra de una vez. ¿No perdiste algo importante?" pregunto con voz entrecortada, sin permitir que escape, tomando su brazo suavemente pero con firmeza y forzándola a entrar en el apartamento. Un silencio incómodo se apodera del espacio mientras nuestras miradas se encuentran. Puedo percibir el brillo cristalino de sus ojos, reflejando una mezcla de dolor, confusión y vulnerabilidad. Me doy cuenta de que he cruzado una línea al obligarla a quedarse, y la culpa empieza a nublar mi juicio. Aunque quiero consolarla y preguntar qué le ha sucedido, las palabras se quedan atascadas en mi garganta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR