Capítulo 7-Cristina

1986 Palabras
Al abrir la puerta, quedé inmediatamente envuelta en un silencio inquietante. Retrocedí unos pasos, con la sensación de que algo no iba bien. Sin embargo, tras revisar la dirección y confirmar que estaba en mi hogar, me relajo un poco a pesar de que esto es raro, no me da buena espina. Cuando estoy a punto de subir las escaleras, mi estómago rugio de hambre. Instintivamente, llevé la mirada hacia mi pequeño abdomen y lo acaricié con suavidad, como buscando consuelo. Todavía no sé que haré contigo. "¡Correcto!" exclamé en un arrebato de buen humor, mientras me dirigía a la cocina. Estos cambios de ánimo drásticos me estaban volviendo loca. Con curiosidad, abrí la nevera, solo para encontrarme con un montón de verduras, pescados y leche. Nada de lo que anhelaba en ese momento. Una sensación de tristeza se apoderó de mí al no encontrar ninguna delicia para satisfacer mi antojo. Pero entonces, la suerte pareció sonreírme cuando divisé un gran pote de helado de chocolate suizo. Sin embargo, al tomarlo, me di cuenta de que había una pequeña nota adherida. "Aléjate, propiedad de Francisco". ¡Ay, pobrecito Francisco!, pensé irónicamente. Creía que le haría caso, pero la verdad es que su advertencia no me importaba en absoluto. Arranqué el diminuto cartel, lo hice un bollo y lo arrojé con desdén a la basura. Sin embargo, mis habilidades como lanzadora dejaron mucho que desear, ya que el bollo cayó a un lado del bote. ¿Debería recogerlo? No, no valía la pena, mucho trabajó. Regreso a mi habitación, con una sensación de satisfacción en el pecho. Abro Netflix en mi computadora y selecciono una película de drama que había estado esperando ver. Después de aproximadamente 30 minutos, me encuentro aquí, en mi habitación, llorando desconsoladamente mientras la trama me envuelve por completo. La película ha logrado tocar fibras sensibles en mi ser y no puedo evitar dejarme llevar por la emoción. "¡John, regresa! ¡Ella te ama, solo que no sabe cómo expresarlo!" Grito desesperadamente, como si mi voz pudiera alcanzar la pantalla y cambiar el destino de los personajes. Pero es en vano. Mi corazón se rompe al ver cómo el automóvil de John se estrella, dejando atrás un mar de lágrimas y desesperación. En ese momento, la puerta de mi habitación se abre de golpe, y en la entrada aparece Pamela. "¡¿Con qué aquí estas?!", grita ella. "Así te quería encontrar". Entonces la miro, ella me mira, pero yo reaccionó, giro rápidamente mi cuerpo de nuevo hacia la pantalla, notando que la película ha llegado a su fin. Un grito desgarrador escapa de mis labios en una mezcla de frustración y desilusión. "¡Nooooooooo!" Pamela salta en su lugar, asustada por mi reacción descontrolada. Sin perder tiempo, se acerca rápidamente hacia mí, empujándome al suelo para tomar mi laptop y evaluar la situación. Es en ese momento que me doy cuenta de su preocupación y cariño genuino hacia mí. Me duele el brazo, también un poco mi trasero. "Gracias, Pamela. Eres un amor", la felicitó desde el piso. "De nada, amor", responde Pamela, guiñándome un ojo. Quiero golpearla. "¡Demente!" "¡Somos, querida!" Pamela responde, con una sonrisa burlona "Detente, deja de hablarme con cariño. Me asustas. ¿Es solo mi cuerpo lo que quieres?", pregunto con voz temblorosa y fingiendo horror. Pamela se queda en silencio por un momento, mirándome fijamente. Luego, sin despegar los ojos de mi computadora, su expresión cambia. "Seamos serias, Cristina. También viste esa horrenda película. Me decepcionas" Me quedo atónita, observando a mi amiga mientras ella queda atrapada observando la pantalla de mi computadora. Siento una oleada de alivio al recuperar mi preciado dispositivo de sus manos. "Es mi bebé, no el tuyo", le aclaro rápidamente, deseando que se vaya para ver la parte 2. "Bien, muévete y vuelve a ponerla", ordena Pamela con una mezcla de impaciencia y curiosidad. "¿Te sientes bien?", le pregunto sin entender lo que me pide, Pamela odia las películas de dramas, la miro analizándola. "Por lo visto quieres que retomemos la conversación que nos quedó pendiente por teléfono". Pamela sonríe y en ese instante me invade un escalofrío de miedo. Muevo mi cuerpo para hacerle espacio. "Qué considerada, Cristinita", dice Pamela de manera sarcástica, sabiendo que ese apodo me molesta. "Si me vuelves a llamar Cristinita, cambiaré la contraseña de Netflix y no volverás a conducir mi auto", le advierto en un intento de amenaza. Ella no responde, me ignora sin hacer caso a mi reacción hormonal, retrocede la película al principio. Por suerte, pienso para mí misma, no tendré que llorar nuevamente. "¡John!", gritamos al unísono con Pamela, nuestras lágrimas se mezclan con los mocos que caen de nuestras narices. Resulta que la segunda parte de la película es aún más desgarradora que la primera. Después de llorar a mares, Pamela finalmente se queda dormida. Mis ojos se sienten pesados, pero me vuelvo lúcida rapidamente al sentir náuseas una vez más. "Mierda", susurro, corriendo hacia el baño. No sé cómo lo hago, pero logro saltar sobre Pamela, quien está babenado en mi almohada. Tendré que lavar la funda después. Después de vomitar el helado que comí, me miro al espejo y me doy cuenta de que estoy hecha un desastre. Salgo del baño y veo a Pamela, quien se encuentra en el mismo estado lamentable o peor que yo. Me siento un poco mejor al ver que no soy la única. Toc, toc... alguien golpea la puerta de mi habitación. Me apresuro a abrir, tratando de no despertar a la fiera. Intento cerrar la puerta luego de abrirla, pero la mano de Francisco me lo impide. "¿Qué quieres?", le pregunto, sintiendo una mezcla de molestia y cansancio, quiero dormir. "Qué tierna eres, Cris", dice Francisco con un tono irónico. "Aja, gracias. Es natural, a diferencia de tu hermana, que vive en sus mentiras, al igual que tu madre", respondo sin filtro, dejando escapar mi frustración. "¡Suficiente, Cristina!", exclama Francisco, tratando de poner fin a la discusión que inicié. "Tú no me gritas, estúpido", le digo, alzando la voz y dejando en claro que no permitiré que me grite. "Bien, basta. Hay que calmarnos", interviene, intentando apaciguar el ambiente tenso. Realmente no quiero hablar con él, vuelvo a intentar cerrar la puerta, pero nuevamente él me lo impide. Como chica linda que soy, le lanzo una mirada asesina, esperando que entienda mi deseo de que se vaya al diablo. "¿Me puedes escuchar?", insiste Francisco, con una expresión de seriedad en su rostro. "Puedo, pero que quiera es otra cuestión", respondo con desgana, observando mis manos y notando que falta el anillo que pertenecía a mi hermano. Maldita sea. "¡Es importante!", chilla, tratando de captar mi atención. "¡Entonces habla de una vez!", respondo exasperada, anhelando que esta conversación termine pronto. "Louis está muy enojado contigo", revela finalmente. "Ni que fuera novedad. ¿Listo? Entonces, adiós", respondo con indiferencia, deseando poner fin a esta tonta charla. "No lo hagas", me ruega Francisco, sosteniendo la puerta con su mano izquierda. "¿Entonces qué?", inquiero, mostrando mi impaciencia. "Él quiere arreglar un matrimonio para ti", revela Francisco con tono serio y solemne.Si esto es una broma, pienso para mí misma, realmente me estarás cabreando, este tipo. "Y esto no, no es una broma. Me pidió que te notificara que espera en su estudio para hablar. Creí que tenías que saberlo, espero que no le digas que te adverti lo que planea hacer", explica Francisco, tratando de transmitir la importancia del asunto. Respiro profundamente mientras proceso la información. Maldito viejo de porquería, pienso con rabia. Estamos en pleno siglo XXI y se cree que puede manipularme como una pieza de ajedrez. No lo dejaré ser feliz. "¿Esto que dices es verdad?", pregunto, buscando confirmación. "Sí", responde Francisco, con una mirada apesadumbrada. "Gracias", le digo, sorprendiendo a Francisco con mi agradecimiento. "¿Qué?", pregunta emocionado. "Que te vayas, y avísale que en 15 minutos estaré allí", le ordeno. Francisco baja la cabeza, claramente decepcionado. Aunque a veces no nos llevamos bien, es la única persona en esta casa con la que puedo tener una conversación más o menos. No es buena persona, pero yo tampoco lo soy para juzgarlo. "Gracias, Francisco. No repetiré nuevamente lo que dije. Adiós", añado antes de que pueda reaccionar, lo empujo a fuera sin la minima consideración y finalmente logró cerrar la puerta. Tomo una muda nueva de ropa, tal vez se deba a los superpoderes de embarazada, que siento que la ropa que tengo puesta huele a podrido. Prefierotomar una ducha más tarde, ya que sé que necesitaré relajarme después de hablar con el imbécil que proporcionó el e*****a al óvulo para que mi madre me trajera a este mundo. Mientras me preparo para salir, observo a Pamela que aún sigue durmiendo plácidamente. Maldita suertuda. Bajo las escaleras en dirección al despacho, pero antes de llegar, me encuentro con mi jodida madrastra. ¡Tu racha de buena suerte siguen en pie Cristina! "Ven aquí", ordena Natali. Sigo caminando como si no la hubiera escuchado, tratándola como si fuera aire. Sin embargo, al pasar a su lado, ella toma mi brazo y clava sus endemoniadas uñas en mi piel. "Te di una orden, ¿no escuchas?", dice, sonriendo mientras sus uñas se hunden en mi carne. "¿Qué quieres, Natali?", respondo, sin mostrar ningún rastro de temor. "Natali, ¿es así como me llamas? Te crié durante tantos años y así me tratas. Eres cruel, Cristina", grita, intentando desempeñar su papel de víctima mientras sujeta mi brazo con fuerza. "Si a eso le llamas criar, castigarme por las cosas que hacía tu hija Valerie y golpearme repetidamente porque así lo deseabas, entonces sí, puedes llamarlo de esa manera", respondo con frialdad, enfrentándola sin titubear. Natali se sorprende ante mis palabras y aprovecho ese momento. Piso su pie y ella me suelta, me alejó de su alcance. "¿Sucede algo?", interviene Louis Lener, el donante del e*****a y mi supuesto padre. "Nada", contesto con indiferencia. No tiene sentido explicarle nada. A él solo le importa su esposa actual. Es un fracaso como padre. Natali sonríe y se acerca a Louis, abrazándolo. Siento ganas de vomitar una vez más y me repito mentalmente: "Resiste, Cristina. No le des motivos a esa bruja para descubrir algo que no debe saber". Después de susurrarle algo al oído, Louis sonríe y asiente. "Lo siento, Cris. Me entristece que me sigas odiando. No te obligaré a ir de compras conmigo y Valerie. Aun así, no olvides que somos tu familia", exclama Natali con tristeza. "Mi familia murió. No necesito una nueva", respondo con determinación. "¡Cristina, suficiente! ¿Cómo puedes ser tan desalmada?", exclama Louis, enfadado. Sonrío de manera desafiante, clavando mi mirada en sus ojos. "Por algo tengo tu asquerosa sangre, ¿no? Tal palo, tal astilla, dicen. ¿O ya te olvidaste de cómo tuviste una hija dos meses mayor que yo mientras compartías la cama con tu esposa y criabas otra familia afuera, mientras mi madre se desvivía por ayudarte con cada maldita deuda tuya? Todo para que tú pudieras tener todo lo que tienes y disfrutar junto a tu repugnante familia", pronuncio con voz firme. Cuando termino de hablar, siento un ardor en mi mejilla. El maldito me ha golpeado una vez más. "Ja, ja, ja, si crees que golpearme te hace sentir mejor, sigue haciéndolo. Pero eso no borrará tu mierda, al igual que la de la mujer que ahora llamas esposa. Tu vida es una mentira, al igual que tu familia feliz. Juntos merecen ir al infierno", continúo con desprecio. Ambos me miran con odio, pero no me amedrento. Les regalo una sórdida sonrisa, dejando en claro que el sentimiento es mutuo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR