1.
Miró por la ventanilla como el avión dejaba la pista y se elevaba hacia un cielo algo nublado y gris. Los edificios se hacían más pequeños y exhaló un suspiro. Iba rumbo a casa. En solo unas horas estaría en casa.
A pesar de que tenía cuatro años de vivir en México, no podía considerarlo su hogar. No era que no le gustara vivir en ese país, pero para ella, su hogar era el lugar que la había visto nacer y en el que creció hasta que su madre recibió una increíble oferta de trabajo y su mudaron.
En ese entonces ella tenía catorce años, sus padres se habían divorciado un par de años atrás y había sobrevivido a un serio accidente de tránsito.
Muchas cosas sucedieron en muy pocos meses y aunque sus padres le dieron la libertad de decidir con quien permanecería, al final decidió viajar con su madre. En ese momento su relación con ella no era la mejor. Ambas tenían personalidades fuertes y confrontativas. Habían tenido discusiones y desencuentros, pero no quiso dejarla sola en un país desconocido. Creía que lo mejor era vivir esa experiencia juntas.
Mientras su madre se enfocaba en su nuevo puesto como directora regional de un importante consorcio de mercadeo y publicidad, ella decidió dedicarse a sus estudios.
Siempre fue una estudiante destacada, así que no tardó en sobresalir en su nuevo colegio. No por ello dejó de hacer amistades, como cualquier chica. Era extrovertida, alegre y sociable.
Tan solo hacía unos meses se había graduado de la secundaria con honores y se vio ante el dilema de no saber qué hacer con su vida en adelante.
Había sido admitida en una buena universidad, pero no tenía la menor idea de qué quería estudiar.
Fue entonces que Flora, una amiga de la adolescencia con quien había permanecido en contacto, le propuso pasar una temporada en casa. Tan solo unos meses para compartir con su familia, reencontrarse con los amigos y decidir qué rumbo tomar.
Lo cierto es que era una magnífica idea. ¿Por qué no lo había pensado antes? Hacía dos años que no veía a su padre. Solo había hecho un corto viaje de menos de una semana para conocer a su hermano. Así que no dudó en tomar la propuesta de Flora, aún sin saber si su madre accedería y sin decir una palabra a su padre.
Dafne no acogió con mucho calor la idea, pero Tonya había tomado su decisión y se lo dejó claro. Le aseguró que no pasaría ociosa. La universidad en la que Flora fue admitida tenía una oferta de cursos libres, varios de su interés y le prometió que estaría de vuelta en México para iniciar su carrera.
Sonrió al imaginar la sorpresa que se llevarían todos cuando la vieran aparecer de pronto y se sumió en un sueño ligero.
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Escuchó a lo lejos la voz del capitán que anunciaba que estaban a punto de aterrizar. Miró por la ventanilla. Era una hermosa tarde de cielo azul.
Aguardó a que la mayoría de los pasajeros descendieran, tomó su equipaje de mano y cruzó rápidamente para buscar sus maletas. Las arrastró con algo de dificultad y buscó a su amiga.
- ¡Tonya! - su aguda voz resonó en el salón. Destacaba entre la gente, alta y fina, con una hermosa cabellera rubia.
Flora Saavedra agitó la mano y corrió hacia ella. Se abrazaron y ambas sonreían.
- ¡Al fin estás aquí! -
- Me siento muy feliz de verte. ¡No puedo creer que estoy de vuelta en casa! -
- Ya era hora - dijo con una sonrisa y tomó una de las maletas - ¿Qué tal el viaje? -
- Muy tranquilo -
- ¿Y tu madre? -
- De viaje, de hecho. Salió en un vuelo tres horas antes que yo tomara el avión. Estará dos semanas en Panamá -
- ¡Oh! Bueno, así sentirá menos tu ausencia -
En unos instantes estaban rumbo a la ciudad. Tonya miraba por la ventanilla, reconociendo los lugares de su infancia.
- Nada ha cambiado, ¿eh? - dijo Flora sin apartar la mirada del camino.
- No mucho -
- Tu papá debe estar muy entusiasmado de que vuelvas -
El rostro de Tonya se iluminó con una sonrisa traviesa.
- Él no lo sabe -
Flora la miró, desconcertada.
- ¿Qué? -
- No le dije que vendría. Es una sorpresa -
- ¡Cielos! Al señor F le dará una paro cardiaco - exclamó divertida Flora.
- Espero que se alegre, pero que sobreviva a la impresión - respondió Tonya riendo - Por suerte mamá accedió guardar el secreto -
- ¡Oh! Quisiera poder estar ahí para ver su rostro - Flora sacudió la cabeza.
Les tomó poco más de una hora llegar hasta el edificio donde se encontraba el apartamento de la joven. Tenía un aspecto bastante común, pero estaba ubicado en un punto muy céntrico y concurrido de la ciudad.
Con gran esfuerzo llevaron las maletas hasta el ascensor y Flora marcó el último piso.
- Bienvenida a casa - dijo mientras abría la puerta.
Su apartamento era el único en ese piso. Era amplio, decorado con buen gusto y sin ostentación. Constaba de una sala amplia, de sofás blancos, una cocina lujosa y brillante como las que se ven en las revistas, electrodomésticos de acero y una inmensa isla de mármol blanco.
A su izquierda, una pared con tres puertas.
- Este será tu dormitorio - señaló la puerta del medio - Puedes traer a quien quieras - le lanzó una mirada pícara - Las paredes son suficientemente gruesas para que el ruido no traspase… Claro, dentro de lo normal. Eso sí, nada de sexo en las áreas comunes: nada de sexo en el sofá y nada de sexo en la cocina -
- Creo que vas muy rápido - Tonya no pudo contener la risa - Apenas he llegado y lo último en lo que pensaría es en el sexo -
- Lo mejor es que todo esté claro desde el principio - replicó con un guiño.
El dormitorio era amplio, con una cama tamaño King, un vestidor de buen tamaño y baño privado. Empotrada en la pared, una pantalla de televisión bastante grande.
- Es impresionante - murmuró Tonya sin poder contenerse.
- No está mal, ¿eh? - Flora sonrió - Agradécele a papá que aceptó adquirir este lugar para mí con la promesa que sería una chica juiciosa y responsable - dejaron las maletas junto a la cama - ¿Tienes hambre? -
- Un poco, sí -
Pasaron a la cocina y Flora buscó unos bocadillos en el refrigerador.
- Compartimos los gastos de la comida - explicó - Puedes tomar lo que quieras, pero lo repones luego. Si quieres comprar algo solo para ti, tendrás un espacio en la alacena. Yo no suelo cocinar, usualmente como fuera -
Prepararon emparedados y Flora sirvió jugo de frutas.
- ¿Esa es tu habitación? - Tonya señaló la última puerta.
- Sí, esa es mi habitación. Aquella - señaló la puerta más próxima a la entrada - es la de Alex -
- ¿Alex? -
- Sí - respondió Flora, sin más detalles.
Se quedaron en la cocina, poniéndose al día de lo sucedido en los últimos meses. Aunque solían conversar por mensajes o llamadas, no era lo mismo que estar frente a frente.
Daban las ocho cuando la puerta se abrió.
Se trataba de un joven de unos veintidós años, alto y muy delgado. Llevaba un traje azul y en cuanto cerró la puerta, se aflojó la corbata. El cansancio era evidente en su rostro y no había reparado en ellas.
- ¡Hey, Alex, ven! - le llamó Flora.
Algo de sorpresa asomó en su rostro al ver a la desconocida junto a Flora y se acercó.
- Te presento a nuestra nueva compañera de apartamento. Alexander, ella es Tonya Ferreira, una amiga del colegio… Tonya, él es Alexander Roldán -
El joven hizo un esfuerzo para sonreír.
- Mucho gusto, Tonya. Bienvenida -
- Igualmente, Alexander -
- ¿Mal día? - preguntó Flora mientras él se dirigía al refrigerador para buscar algo de comer.
- Bastante, sí - respondió sin mirarla. Algo de decepción apareció en su rostro al no encontrar nada que le apeteciera. Tomó el envase de leche y sacó el cereal de la despensa.
Flora había continuado la conversación, pero Tonya no le prestaba atención. Observaba con disimulo a Alexander.
Era mucho más alto de lo que calculó en un primer momento. Su cabello era rubio cenizo, que ahora caía algo desordenado en su frente. Tenía ojos azules, rostro largo y afilado, perfectamente afeitado. Sus labios eran finos y por alguna razón, sus manos le llamaron la atención. Eran manos grandes, de dedos largos.
- …entonces el lunes podemos ir para que te registres en la prueba y de paso me acompañas a matricular mis cursos - alcanzó a oír a Flora.
- Sí, claro - sonrió a su amiga, aliviada que no notara el examen que había hecho del joven.
- ¿Ya le hablaste del sistema? - la voz de Alexander era algo más grave.
- Aún no… En cuanto llegamos al apartamento dejamos las maletas y le mostré la habitación… pero teníamos hambre - se excusó.
Alexander le lanzó una mirada.
- Lo haré en un momento - agregó Flora.
- Bien - dejó la isla y luego de lavar su taza, se acercó a Tonya - Bienvenida de nuevo. Discúlpenme, pero estoy exhausto. Buenas noches -
- Buenas noches. Descansa - respondió la joven con una sonrisa.
- Realmente fue un mal día - murmuró Flora mientras ambas lo seguían con la mirada hasta que entró al dormitorio.
- Sí, se veía cansado - asintió Tonya - ¿A qué se refería con el sistema? -
- Ven, te muestro -
Volvieron al dormitorio y Flora se detuvo frente a la mesa de noche.
- Aquí, palpa con cuidado -
Tonya obedeció. Encontró algo parecido a un interruptor.
- Es un sistema de seguridad. Ya te dije que las paredes son algo gruesas, así que si algo sucede… solo tienes que oprimirlo. Esto nos alertará. Cada dormitorio tiene uno igual -
- ¿Y qué hace? -
- Se enciende una luz de alerta -
Tonya estaba desconcertada. ¿Alertar sobre qué? ¿Por qué necesitaría un botón de pánico?
- Es solo una precaución - dijo Flora tratando de restarle importancia - Bueno, creo que yo también me iré a descansar. Te dejaré la llave en la isla mañana -
- Perfecto. Gracias por todo, Flora -
- Ni lo menciones. Estoy feliz de que estés aquí -