Una vez que los chicos se refrescaron y cambiaron, se reunieron en el parqueo.
- Eduardo y yo no iremos a comer con los chicos - explicó Maya a Tonya - Por Erick, se pone un poco molesto si se pasa la hora de dormir. ¿Quieres venir con nosotros a casa? -
- Bueno, yo…
- Déjala que vaya con nosotros - intervino Lidia - Le caerá bien tomar una cerveza -
“Lidia, eres un ángel” pensó Tonya para sus adentros.
- Solo una - Maya le guiñó el ojo.
- No te preocupes, soy una bebedora lenta, como papá - respondió ella con una gran sonrisa.
- No te preocupes. Franco y yo la llevaremos a casa -
- Si es lo que quieres…
- Iré con los chicos esta noche, pero mañana puedo cenar con ustedes, ¿te parece? No quiero que papá se ponga celoso -
- Está bien. Te esperamos mañana, entonces -
Los Ferreira se despidieron, no sin que Eduardo hiciera prometer a Tonya que no bebería demasiado y de asegurarse que cenaría con ellos al día siguiente.
Michael no sugirió en ningún momento que fuera con él, así que subió al auto con Lidia y Franco y se dirigieron al bar de siempre.
El bar de Tony era su punto de reunión luego de cada partido.
- ¿Tiene su identificación, señorita? No quiero problemas con la ley - dijo Franco mientras ingresaban al parqueo.
- Claro que sí. Soy una adulta responsable y plenamente identificada - respondió Tonya divertida.
Rápidamente juntaron algunas mesas, pero Michael se sentó en el otro extremo y eso la decepcionó un poco.
Tomó su cerveza despacio y conversó animadamente con los demás. Permanecieron un par de horas y cuando todos se disponían a retirarse, se levantó un momento para ir al baño.
Alisó su cabello, refrescó su aliento y luego de tomar un poco de aire, salió.
La mesa estaba vacía y no veía a Franco o a Lidia. Michael le aguardaba en la barra.
- ¿Dónde están todos? -
- Afuera. Les dije que yo te llevaría. Tu apartamento queda en mi ruta -
Podría haber gritado de emoción, pero logró mantener la compostura.
- ¡Oh! Bien… Sí, el apartamento queda muy lejos de la casa de Franco…
- Vamos -
Cuando salieron del local, algunos chicos del equipo aún se encontraban en el parqueo.
- ¡Oye, Tonya! - dijo Jose, uno de los más bromistas - Ten cuidado con ese tipo, ¿eh? Es peligroso -
Tonya rio.
- ¡Gracias por la advertencia! -
Hizo un gesto de despedida y Michael le ayudó a subir al auto.
- No le creas a Jose - bromeó él mientras encendía el auto y se ponía en marcha - Tomó demasiado hoy -
- No lo sé… Creo que tiene algo de razón - respondió Tonya con coquetería.
- ¿En serio? Soy un tipo inofensivo -
- Bueno, no creo que “inofensivo” sea la palabra que mejor te describe -
Él la miró. Sonreía, pero había algo de sorpresa en su mirada.
- ¿Y qué palabra me describiría? -
¡Maldición! Su cara ardía. Desvió la mirada y se limitó a decir: - No lo sé -
- ¿No lo sabes? -
Sacudió la cabeza.
Detuvo el auto ante el semáforo en rojo y se volteó hacia ella.
- Gracias por venir al partido -
- Le pedí a papá que me avisara en cuanto se organizaran uno. Es divertido poder al fin unirme a sus actividades de adultos -
- No nos comportamos como adultos en los partidos - contestó Michael con tono ligero.
- Bueno, eso los hace más divertido… - ella le miró - Me alegra poder compartir con ustedes y que no me traten como una niña -
El semáforo cambió a verde y el hombre puso el auto en marcha.
- Bueno, Tonya… Es difícil verte ahora como una niña…
El tono de su voz había cambiado y eso le provocó un tirón en el vientre.
- ¿En serio? - murmuró sin poder contenerse.
- Ya ni siquiera recuerdo cómo lucías cuatro años atrás. Te has convertido en una mujer hermosa -
Estaba serio, no bromeaba y Tonya apenas podía respirar.
- Gracias… - alcanzó a murmurar y volteó el rostro.
- ¿Tienes hambre? -
Su pregunta le sorprendió.
- Aquí cerca hay un lugar que venden unas hamburguesas deliciosas, ¿te apetece? -
- Sí, la verdad sí. Tengo un poco de hambre -
No sabía si su concepto de “cerca” era algo diferente, porque les tomó más de media hora llegar al local. Era un restaurante pequeño, de apariencia sencilla, pero estaba bastante concurrido a pesar de la hora.
Notó que algunos hombres que comían allí le seguían con la miraban mientras se dirigían al mostrador. Nunca había sido consciente del interés que podía generar, pero en esta ocasión, esperaba que Michael lo notara.
Tal vez… si de verdad él era capaz de verla como una mujer y no como una niña…
- ¿Qué quieres? -
- Humm… No lo sé… Creo que prefiero confiar en tu buen gusto - le sonrió - Lo que tú ordenes -
- ¿Eres alérgica a algún alimento? -
- No, pero no me gusta la cebolla -
- De acuerdo - se volvió al chico de la caja y ordenó dos hamburguesas y gaseosas.
La orden fue preparada rápidamente y buscaron una mesa.
Lo comida estaba deliciosa y la compañía era lo mejor. Tonya logró apartar sus fantasías y entabló una animada charla con el hombre.
Él no solía hablar mucho de su trabajo, pero le comentó que era abogado de un consorcio financiero. Luego Tonya le habló de los cursos que estaba llevando y de sus planes para cuando regresara a México.
- Entonces… ¿volverás a México? - le miró muy serio.
- Sí, lo haré. Tengo mi cupo en una buena universidad allá - respondió lentamente.
- Es una lástima - comentó Michael.
- Puedes visitarme cuando quieras - dijo Tonya rápidamente - Te caería bien unas vacaciones, ¿no? Y yo me encargaré de mostrarte los lugares más interesantes de la Ciudad de México -
- ¿Me lo prometes? -
- Es un compromiso -
Era ya medianoche, pero la calle estaba llena de autos y personas que habían salido a disfrutar del fin de semana, así que el viaje hacía el apartamento demoró un poco.
No era que le molestara, en lo absoluto, pensó Tonya.
Sin mirarla, Michael le tendió un confite de menta y ella lo tomó con una sonrisa.
- ¿Qué harás mañana? -
- Tengo una clase en la mañana y le prometí a Maya que los acompañaría a cenar -
Se sentía decepcionada. ¿Acaso él pensaba invitarla a salir?
Con gusto habría cancelado la cena, pero habría sido difícil explicarlo a su padre.
Michael no dijo nada más y la joven exhaló un suspiro.
“No te hagas ideas en la cabeza, Tonya. Él no te invitará a una cita. Solo está haciendo conversación”
Se acercaban ya al edificio y lamentaba tener que dejar el auto. Él estacionó y apagó el auto.
- Gracias por traerme… ¡Oh! Y la comida estaba deliciosa… y fue un gran partido -
- Me alegra que lo disfrutaras. Era tu primer partido, así que debía ser memorable -
- Lo fue - asintió con un susurro - Bien… Es tarde, debes estar cansado - soltó el cinturón y recogió su bolso.
Se acercó para besarle la mejilla. Su piel era tibia y olía tan bien…
Se separó lentamente y tomó la manija del auto.
- Tonya…
- ¿Sí? - se volteó lentamente.
- ¿Me das tu número? -
- ¡Oh! - su corazón se aceleró - Sí, claro. Anótalo -
Le dictó el número rápidamente.
- Anota el mío, puedes necesitarlo -
Se limitó a asentir, conteniendo una sonrisa.
- Bien, listo - dijo mientras digitaba su nombre en la lista de contactos - Buenas noches -
- Buenas noches, Tonya -
Se sentía embriagada, pero sabía que no se debía a la cerveza que había tomado. Tuvo que apoyarse en la pared del ascensor mientras este subía lentamente y no podía dejar de sonreír.
El apartamento estaba en penumbras y entró sin hacer ruido. Ya en su dormitorio se miró en el espejo: sus mejillas lucían un adorable rubor y sus ojos brillaban.
- ¡Oh, Tonya! Eres tan infantil - dijo a su reflejo - Debes aprender a controlarte. Deja de hacer el ridículo y com-por-ta-te -
Miró su teléfono. ¡Cielos! Cómo deseaba que le escribiera.