Solo tardaron unos minutos en llegar a un edificio de una sola planta, con una fachada pintada de estrafalarios colores. “Facultad de Música” leyó Tonya en la entrada. Miró a Alexander, pero él solo sonrió. La cafetería era un amplio espacio, algo oscuro. Las personas parecían más interesadas en tocar sus instrumentos que en comer. Distribuidos en grupos aquí y allá, algunos afinaban sus instrumentos, otros probaban acordes y los últimos creaban nuevas melodías. Era una mezcla confusa, pero no desagradable y a veces armoniosa. Ordenaron sus platillos y ocuparon una mesa en medio del lugar. - Es un lugar muy interesante - comentó Tonya. - ¿Interesante en el buen sentido o en el mal sentido? - - En el buen sentido, por supuesto - Unas chicas con guitarras y un jove

