Era la primera vez que visitaba Afrodita acompañada de Lara, y la primera vez que ella entraba a una discoteca gay. Sin embargo las dos nos sentíamos de maravilla, como si ese lugar hubiera sido hecho para nosotras. En ningún momento la noté avergonzada o con miedo, al contrario. Si tenía la oportunidad de bailar un par de minutos con alguna chica linda, lo hacía. Por supuesto, nunca se olvidó de mí. Todo el tiempo me demostró que yo era el centro de su atención. Allí podíamos besarnos a cada rato, sin ocultar nuestra relación. Estábamos consumiendo nuestro cuarto trago… o tal vez era el quinto. Dejamos los vasos en una pequeña mesita circular a pocos pasos de nosotras y nos pusimos a bailar sensualmente al ritmo de la música. Por estar tan ensimismadas en acariciarnos y besarnos, no nos

