Capítulo 10 A las diez y cuarto Andrés se asomó en mi cubículo con la regla metálica en el bolsillo y la guía Pantone colgándole del cuello como si fuera credencial de superhéroe de imprenta. Le alcancé el folleto de usuarios impreso, lleno de flechas a lápiz y notas al margen. —Necesito bajarle el tono a hospital —le dije, tocando con el dedo la sección de “procedimientos, riesgos y consentimiento”—. Aquí se nos puso frío. —Listo —respondió, sacando la regla como quien desenfunda un argumento—. Primero títulos que se entiendan; después frases que respiren; al final, un ejemplo que cualquiera pueda imaginar. Nos inclinamos sobre la mesa. Mientras él medía márgenes, yo leía en voz alta. —“El profesional a cargo…” —me detuve—. ¿Y si decimos “tu doctora o tu médico”? —Mejor —asintió

