Siempre...

1756 Palabras
Capítulo 2. Siempre tiene que haber una negociación. Aquella noche, el dolor por mi familia muerta fue sustituido por una tormenta de sensaciones que no podía controlar. En mi delirio, me aferré a ese desconocido como si fuera la única ancla en un mundo que al parecer comenzaba a hundirse a mi alrededor. El sol de la mañana ingresó en la habitación con una verdad segura, había perdido mi virginidad con un desconocido y me había gustado. Cuando levanté mi cabeza sentí que no era lo único que me dolía en ese momento, todo mi cuerpo parecía haber estado en un ring de boxeo. Al intentar moverme, el roce de las sábanas me recordó dónde estaba. Y con quién. A mi lado, el gigante de la noche anterior estaba sentado en el borde de la cama, dándome la espalda... - Maldición – pensé. Había visto y leído tantas novelas románticas donde la chica siempre lograba huir antes de que amaneciera, pero eso definitivamente no iba a pasar conmigo, a menos que logré noquearlo y salir antes de que se de cuenta de lo que le pasó. Lo mire detenidamente, él ya estaba vestido. Y cuando se levantó pude ver que llevaba un traje oscuro, uno que parecía ser bastante costoso y hecho a la medida. Alguna vez vi a papá con uno de ellos, aunque no le gustaba usarlos, de vez en cuando era necesario. Como decía mamá. El desconocido se pasaba las manos por el cabello, visiblemente sobrio, tenso y al parecer con algo de dolor. Me tapé con la manta hasta la cabeza, no iba a permitir que viera mi rostro, no después de todo lo que hice con él..., el pánico se instaló en mi pecho mientras recordaba cada una de las cosas que le hice. Y no fue solo la pasión lo que llegó a mí, sino el porqué de mi huida. - Despierta – me dijo él y tuve que salir de mi escondite. Me di cuenta de que no me estaba mirando. Su voz ya no era cálida como la de anoche, era como el acero golpeando un enorme bloque de hielo. - Tengo que admitir que tus empleadores se esforzaron esta vez. Pero hay un problema – comenzó a decir, y no sé como explicarle que no estoy allí por un trabajo. Se giró y me miró directamente a los ojos, levantó la manta que me cubría para dejar mi cuerpo desnudo y la sábana a mi lado mostraba una mancha escarlata, pequeña y definitiva. Mi corazón se detuvo en ese momento, y tiré de la manta para cubrirlo todo, incluido mi cuerpo desnudo y adolorido. - No eres una profesional – afirmó seguro, y por primera vez, vi una grieta de culpa en su rostro lleno de arrogancia. - ¿Quién carajo eres y qué hacías en mi habitación? – abrí mis ojos asombrada, ahora él pensaba que era una espía corporativa o algo peor. - Yo... soy Laura y estaba huyendo de la persona que me drogó – mi voz se quebró al segundo. - Mi familia... ellos murieron todos – le digo tratando de serenarme. El dolor que sentía en el cuerpo era atroz, no solo estaba la acción vivida con él esa noche, estaba la caída por las escaleras, estaba segura de que mi cuerpo debía estar lleno de moretones y si no los tenía ya, pronto aparecerían. Pero la verdad era que mi cuerpo ya estaba lleno de moretones, solo que yo no los podía ver... pero él sí. - El abogado de mi padre me drogó para robarme mis tierras. Yo solo quería esconderme de él – El hombre se quedó en silencio, estaba procesando mis palabras. Su mirada bajó de mis ojos a mis hombros, mi cuello estaba marcado por él. Se acercó a mí, estiró su mano, pero no me tocó. Dio media vuelta y caminó hacia la ventana desde donde podía mirar la ciudad como si le perteneciera. - Me llamo Nicolas Danger – me dijo, y el nombre me sonó como una sentencia. “Danger” quién en este mundo podría tener ese apellido y ser un alma de dios. - Yo no suelo cometer este tipo de errores, Laura. En mi mundo, las deudas de honor se pagan con sangre o con alianzas – Se giró hacia mí, cruzando los brazos sobre su pecho macizo y se apoyó en la ventana. - Según te escuché, no tienes a nadie en esta vida y tu abogado, o mejor dicho el abogado de tu padre te encontrará tarde o temprano y terminará lo que empezó. Así que te toca decidir a ti que quieres hacer conmigo... terminamos esto con una alianza o lo terminamos con sangre – Trage saliva al escucharlo. Este tipo me estaba diciendo que si no hacía una alianza con él podría terminar muerta... al menos es lo que entendí. - ¡Carajo! – exclamé para mí misma. - ¿De qué clase de alianza estás hablando? – le pregunté con algo de duda. Ese hombre podría ser un mafioso, o un asesino, no me gustaría liarme con alguien así. Lo vi suspirar, parpadeé pensando que me había equivocado, el tal Nicolas Danger no tenía aspecto de ser un hombre libre de suspirar. - ¿De qué otra más se puede hablar con una mujer como tú? – me respondió. - ¿Una mujer como yo? – yo misma comencé a preguntarme lo que quiso decir. Cuando él caminó hacia la cama, se inclinó hacía mí y tiró de la manta que me cubría. - Dios – grité y bajé de la cama apresurada, no llegaba a cubrir mi cuerpo con mis manos, corrí sin importarme el dolor que sentía, solo necesitaba esconderme de él. Así que me refugie en el baño. Desde adentro pude escuchar su risa, no podía creer que alguien como él también podría reír así. Después de tranquilizarme y cubrir mi cuerpo con una bata afelpada, salí a enfrentarlo. - No quiero una alianza con usted... además, no tiene idea de quien soy, ni porque hice lo que hice – me refería a huir y meterme en su habitación. Pero lo vi negar. - Te recomiendo la alianza mujer, de todos modos, no me importa quién eres ni porque lo hiciste. Yo, por otro lado, necesito algo que solo una mujer sin vínculos en mi país puede darme – me dijo y lo miré con duda. - ¿Qué es eso? – - Cásate conmigo y lo sabrás, puedo darte la protección que necesitas. Además de mi apellido – Me quedé sin aliento. Ese hombre estaba hablando de ¿Matrimonio? Él solo era un extraño con el que tuve mi primera vez en la oscuridad... ¡Dios! - Mi abuelo me está forzando a una unión que destruiría mis empresas. Llegar casado contigo sería algo asi como, un mal menor – - ¿Un mal menor? – este tipo me estaba diciendo que yo era un mal menor... - Ya dije, no acepto. Y no me amenace con eso de la sangre que no estamos en el siglo pasado – Miré mi ropa, no estaba como pensé. Al parecer la desesperación de la noche anterior por conseguir placer me hizo tirar de ella hasta romperla. Pero no me importaba, debía salir de allí, en el piso de arriba estaba mi habitación, podría llegar hasta allí en bata y encerrarme segura. - ¿Estas segura de tu respuesta? – me preguntó y no esperé para responderle. Asi como estaba, con esa bata de hotel, corrí hasta la puerta, la abrí y salí al pasillo. Era bastante temprano, las luces todavía eran tenues... subí las escaleras, miré a ambos lados, no podía encontrarme con Miguel, ya había demostrado que era un hombre ruin. No entiendo como papá lo pudo tener tanto tiempo a su lado. Al llegar al piso de arriba, caminé por el pasillo que me llevaba a mi habitación. Estaba en la puerta y cuando la pensaba abrir pude escuchar la voz de Miguel, mi cuerpo se paralizó. Ese tipo seguía en el hotel, seguía en mi habitación... - ¿Qué vamos a hacer ahora? – le decía a alguien que estaba con él. - No podemos dejar cavos sueltos... ella se lo buscó – de pronto mi corazón se detuvo. Reconocí la voz detrás de la puerta, era Diego. El asistente de papá y mi gran amor platónico. - El accidente del valle fue un buen comienzo, nunca podría imaginar algo mejor, la naturaleza estuvo de nuestro lado esta vez. Pero mientras esa niña respire, el testamento de su padre es una amenaza para ambos... nadie de la familia sabía de las empresas de él – Los escuchaba y no podía creerlo. -- Si no firma hoy, Miguel, tendremos que hacerla desaparecer. No me importa si tienes que hacer que parezca un suicidio por la depresión de perder a sus padres. Necesito el control de la compañía antes de la lectura del testamento... ya lo hemos alargado más de lo necesario – El mundo se volvió n***o para mí. No solo querían las tierras que mi familia me había dejado, ellos querían mi vida. La caída del barro no me había matado, pero ellos lo harían si no les firmaba mi ruina. Mis piernas se movieron solas. Di media vuelta y corrí por el pasillo, baje las escaleras y antes de que me diera cuenta ya estaba tocando la puerta de la habitación 803. Nadie me abrió, asi que golpeé la puerta con desesperación. Cuando estaba perdiendo las esperanzas esta se abrió. Nicolas estaba allí, con la chaqueta del traje ya puesta, listo para irse. Me miró con una ceja levantada, y una sonrisa lenta, triunfal, que se extendió por sus labios. - Volviste demasiado pronto – me dijo. Me pegué a su pecho, temblando, sintiendo el calor de su cuerpo que ahora era mi único refugio contra los asesinos que me esperaban arriba. - Acepto – le susurré contra su camisa. - Acepto la alianza matrimonial – Él me tomó por la barbilla obligándome a mirarlo. Sus ojos brillaban con una fría satisfacción. - Sabia elección, Laura – me dijo, su voz resonaba en mi pecho. - Pero recuerda algo... una vez que firmes ese papel, me perteneces. No tienes otra opción – - Pero... ¿por cuánto tiempo será nuestra alianza? – - Cásate conmigo por un año y tus problemas desaparecerán... No tienes otra opción, ¿o sí? –
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR