Capítulo 8. El Idioma del Miedo.
El aire en la mansión Danger no se respiraba, se pesaba. Tania se movía por el comedor con la seguridad de una mujer que sabe que cada palabra suya es una bala suspendida en el aire, esperado por un objetivo.
El problema era que yo no tenía escudo, porque sus balas venían en un idioma que me sonaba a cristales rotos.
- Ona dazhe ne ponimayet, o chom my govorim, Vladimir (Ella ni siquiera entiende de qué estamos hablando, Vladimir) – le dijo Tania, soltando una risita burlona mientras señalaba mi plato con su copa de cristal.
- Eto tak milo. Kak budto u vas yest' domashneye zhivotnoye v dome (Es tan lindo. Es como tener una mascota en casa) –
Don Vladimir soltó una carcajada seca, asintiendo. Yo miré a Nicolás, buscando una traducción, una señal, lo que fuera. Pero él mantenía la vista fija en su filete, cortando la carne con una precisión asesina que me dio escalofríos.
- Nicolás... ¿qué dijo? – le pregunte en un susurro, dándole un golpe con mi pie por debajo de la mesa. Sintiendo cómo mis mejillas se encendían de vergüenza.
Él no me miró inmediatamente. Bebió un sorbo de vino tinto y luego, con esa voz que siempre parecía estar a punto de dictar una sentencia, respondió en español...
- Dijo que eres hermosa, Laura. Y que espera que te adaptes pronto a nuestro clima –
“Mentira”
Sabía que me estaba mintiendo. Lo supe por la forma en que Tania arqueó una ceja perfectamente depilada cuando lo escuchó y por la mirada de desprecio que Don Vladimir me lanzó segundos después.
Ellos estaban hablando de mí, burlándose de mi ignorancia, y mi "esposo" estaba filtrando la realidad para no tener que lidiar con mi reacción.
- Niko, ne lgite yey (Niko, no le mientas) – intervino Tania, inclinándose hacia delante para que su escote fuera lo único que Nicolás pudiera ver.
- Skazhi yey pravdu. Skazhi yey, chto ona zdes' lishnyaya (Dile la verdad. Dile que no pertenece a este lugar) –
El ambiente cambió de repente. Nicolás dejó los cubiertos. El sonido metálico sobre el mármol fue más fuerte esta vez, consiguiendo que hasta los criados se tensaran.
- Tania – le dijo Nicolás, esta vez en ruso, pero con un tono tan gélido que la sonrisa de la mujer se congeló.
- Si vuelves a referirte a mi esposa como un animal doméstico, dormirás en la nieve esta noche. Y sabes perfectamente que no bromeo. Y tú abuelo, me extraña que permitas a alguien como ella, despotricar y burlarse de alguien que ya lleva el apellido Danger –
Don Vladimir golpeó la mesa con su bastón.
- ¡Basta! – rugió el anciano.
- Si ella va a ser una Danger, tiene que hablar como una. Mañana empieza sus lecciones. Seis horas al día. Si en un mes no puede mantener una conversación básica, Nicolás. Yo mismo me encargaré de que este contrato se rompa por "incapacidad de adaptación" –
Nicolás me tomó de la mano por debajo de la mesa. Sus dedos apretaron los míos con una fuerza que casi me dolía, era como una advertencia silenciosa de que mantuviera la calma. Pero mi cuerpo y mi mente estaban llegando a su límite.
Me sentí mareada, era un vértigo paralizante. El sonido del idioma ruso a mi alrededor, las risas de Tania y el desprecio en los ojos del abuelo de Nicolas, todo se mezcló con el recuerdo del estruendo de la avalancha.
De repente, el comedor de lujo desapareció y en mi mente solo podía ver el barro, escuché gritos y sentí el frío de la lluvia en mis huesos. El trauma, contenido por semanas intentando huir de la realidad, finalmente rompió mi resistencia.
El zumbido en los oídos, se hicieron más fuertes, miré a Nicolas, pero no lo veía en realidad...
- Laura, ¿Qué te pasa? estás pálida – escuché la voz de Nicolás que llegó hasta mí, como si estuviéramos bajo el agua.
- No puedo... – susurré. El aire se sentía espeso, cargado de un perfume de incienso y comida que mi cerebro, en estado de pánico, interpretaba como una amenaza.
Me puse de pie bruscamente.
El movimiento hizo que la sangre bajara de mi cabeza. Mi visión se llenó de puntos negros. No era un bebé lo que me hacía caer; era el peso de ser una huérfana en tierra de lobos, el agotamiento de no haber dormido una hora completa desde que Miguel me drogó en aquel hotel.
- ¡Laura! – el grito de Nicolás fue lo último que escuché antes de que mis rodillas cedieran ante mi peso.
Cuando desperté, el médico de la familia Danger ya se había ido. Nicolás estaba sentado en una mecedora frente a la cama, observando un informe médico con el ceño fruncido.
- Agotamiento severo, anemia y un colapso nervioso por estrés postraumático – me dijo sin levantar la vista cuando se dio cuenta que había despertado.
- Eso dice el doctor cariño. Has estado viviendo en modo de supervivencia tanto tiempo que, al llegar aquí y "relajarte" un poco, tu sistema simplemente se apagó –
Lo estaba escuchando, pero mi mente no lograba comprender... ese hombre que ahora era mi esposo acaba de decir que he estado relajándome desde que llegue a su hogar. Creo que ha perdido la cabeza, no comprendo cuando empecé a bajar la guardia y relajarme como menciona.
- ¿Relajarme? – le pregunté y el asintió, estirando el documento.
- No me he estado relajado señor Danger... cómo podría con una familia como la tuya – le respondí con la voz ronca.
- Es difícil relajarse cuando una mujer como Tania me mira como si fuera un estorbo que hay que limpiar de la alfombra –
Nicolás dejó que el papel cayera en el suelo y se acercó. Me puso una mano en la frente, comprobando mi temperatura. Su toque era posesivo, casi clínico –
- Tania es un veneno... eso ya lo sabias. Pero mi abuelo es el antídoto que te hará fuerte – lo dijo con frialdad.
- Él ha decidido que no puedes esperar más. La tutora llega en diez minutos. Se llama Nadia y se ha encargado de enseñarle el idioma a todos los hijos de diplomáticos – me informó mientras yo trataba de levantarme.
- Y debes saber algo importante sobre ella... no tiene paciencia para las lágrimas – eso sí que fue interesante.
Diez minutos... no podía creer que había dormido más de un día, desde que colapse. Quise levantarme, pero mi cuerpo estaba débil.
- Nicolás, apenas puedo mantenerme en pie... –
- Entonces aprendes sentada cariño – sentenció él.
- Miguel y Diego no van a esperar a que te sientas "lista" para intentar cazarte. En este mundo, Laura, la información es la única arma que te mantendrá con vida. Si no entiendes lo que dicen a tus espaldas, serás un cadáver para la sociedad.
La puerta se abrió y entró una mujer de unos sesenta años, con el cabello recogido en un moño tan apretado que parecía estirarle la piel de la cara. Llevaba una regla de madera y un libro de gramática grueso. Me hizo recordar a esas series antiguas que todavía pasaban en algún canal.
- Dobroye utro – dijo la mujer, clavando sus ojos grises en los míos. Al ver mi confusión, suspiró con fastidio.
- Buenos días, señora Danger. Veo que partimos desde cero. Nicolás, fuera. No quiero distracciones –
Nicolás me lanzó una última mirada de advertencia y salió, cerrando la puerta con un clic que sonó a sentencia.
- Escuche bien jovencita – comenzó la mujer en un español tan perfecto, que cualquiera podría dudar que fueran en realidad ciudadana rusa.
- Don Vladimir me paga para que usted sea una Danger. Tania Petrovsky me paga para que le diga que usted es una causa perdida. Yo solo respondo ante quien me demuestre mayor voluntad, asi que empecemos: Ya Laura. Ya zhena Nikolaya (Yo soy la esposa de Nikolai) –
- Repita eso, Ahora –
Pasé las siguientes cuatro horas repitiendo sonidos que me quemaban la garganta. Pero mientras Madame Nadia me obligaba a escribir una y otra vez el alfabeto cirílico, escuché un movimiento en el pasillo. La puerta no estaba bien cerrada.
- Da, Miguel... ponimayu (Sí miguel... lo entiendo) –- era la voz de Tania, susurrando justo detrás de la madera.
- Zdes' vse gotovyat prazdnik. Eto vash shans (Todos aquí se preparan para una celebración. ¡Esta es tu oportunidad!) –
Mi sangre se heló, pero no porque entendiera lo que había dicho, eso sería imposible... sino por haber escuchado el nombre de Miguel.
Madame Nadia me miró, dándose cuenta de que yo había dejado de escribir. Tania estaba hablando con Miguel.
- ¿Te pasa algo? – en ese momento la miré suplicante.
- Solo por esta vez, ¿podría decirme que dijo Tania? – la mujer frunció el ceño por varios segundos, luego asintió.
- Estaba dándole instrucciones a un tal Miguel para entrar a la mansión durante tu fiesta de presentación. Eso es todo, asi que continuemos. Escriba de una vez – me ordenó la tutora, golpeando la mesa con su regla.
El miedo es un mal maestro. Pero saber lo que podría estar planeando esa mujer me daba una ventaja...
- Ella está hablando con el hombre que me quiere quitar todo lo que mi familia me dejo – la interrumpí en un susurro.
- Él fue quién me drogó hace dos noches, sino fuera por... – de pronto me di cuenta de que estaba hablando de más. Ella había sido clara, estaba recibiendo dinero del abuelo de Nicolas y de la víbora de Tania.
Apenas deje de hablar levante la mirada. Madame Nadia se había quedado en silencio, mirándome por algunos segundos. Sus ojos grises escanearon la puerta y luego volvieron a mí.
No me consoló, tampoco me abrazó.
- Entonces aprenda más rápido – me dijo ella, acercándome el libro que había traído para las clases.
- Aprenda lo suficiente para entender qué noche piensan degollarla, y quizás así pueda ser usted quien los degollé primero. Povtoryay: Ya gotova k boyu. (Repite conmigo: Estoy lista para la lucha).