Capítulo 7. El peso de un apellido prestado.
Tania era perfecta.
Su cabello rubio platinado con un corte moderno, de esos que solo alguien con su belleza se atrevería a llevar, y su tamaño era increíble... yo siempre me consideré una chica alta, pero a su lado me sentía muy pequeña, ella parecía una modelo de pasarela, mientras mis caderas y yo no podríamos nunca entrar en ese vestido diminuto que llevaba puesto.
Con este frio no comprendía como podría haber alguien así. Muriéndose de frio, vistiendo un vestido tan pequeño y sonriendo con picardía a la misma vez.
Tenía un aire de elegancia que hacía que yo me sintiera como una campesina disfrazada de damita a su lado. Llevaba un abrigo que solo llegaba a cubrir la parte alta de su cuerpo, la vi quitarse el abrigo de piel y entregárselo a un criado sin siquiera mirarlo.
- ¡Vladimir! – exclamó con una voz melodiosa, besando la mejilla del anciano apenas se acercó a él.
- Siento la demora, el vuelo desde París fue un desastre, por suerte el avión se detuvo en Estonia cuando hablamos –
- No estabas en Moscú – le preguntó el abuelo, y ella negó.
- Tuve que ir a Paris por un asunto de moda, ya sabes. Una siempre debe verse genial, no solo parecerlo al usar ropa que no le queda bien – le dijo y me miró de reojo.
Sabía que esas palabras estaban dirigidas para mí, pero no me importaba. Nicolas prometió protegerme y sé que lo hará.
Su mirada me recorrió de arriba abajo, estaba arrepentida de haber usado algo tan encubridor, en lugar de este vestido hermoso, debí ponerme una blusa menos recatada y una falda tan corta que pudiera mostrar las marcas que me hizo mi esposo mientras me besaba con locura y pasión... solo de recordarlo mi piel comenzó a reaccionar.
Luego, sus ojos se clavaron en Nicolás, al parecer quiso ignorar mi presencia a propósito, pero no me molesta, al menos no ahora.
La vi recorrer el cuerpo de mi esposo de una manera vulgar, lo hizo por más de cinco segundos, un insulto bastante calculado para una mujer que me lleva cerca de diez años.
- Nico, querido... – se acercó a él para besarlo muy cerca de los labios, pero él se apartó sutilmente. Cualquiera que tuviera tres dedos de frente notaria que no la soporta, no entiendo como su abuelo no puede darse cuenta.
- Me han contado una historia divertidísima sobre un matrimonio repentino que solo es un simple contrato laboral. Supongo que esta es... ¿la empleada de la que me hablaron? –
El silencio que siguió fue tan pesado que podía oír el crujir de la leña en la chimenea. Vladimir Danger observaba la escena con una diversión cruel en la mirada.
Nicolás no soltó mi mano, al contrario, la subió hasta sus labios y la besó delante de todos... luego pasó un brazo por mi cintura, pegándome a su costado con una fuerza que me dejó sin aliento.
- Tania, no sé quién pudo haberte dicho tal mentira. Ella es mi esposa, así que te pediría que dejaras de decir estupideces... – el rostro de Tania se transformó.
- Te presento a Laura Danger – le dijo Nicolás con una voz que cortaba como el mismísimo cristal.
- ¡Tu esposa! – repitió ella con burla.
- Asi es, Mi esposa. Y te sugiero que cuides tu tono cuando hables sobre ella. En esta casa, Laura es la señora Danger, y tú... tú solo eres una invitada del abuelo que espero no se quiera quedar más tiempo del permitido para una visita normal –
En mi interior senti una corriente que recorrió mi cuerpo, mi esposo no solo me estaba defendiendo, me estaba poniendo en la cima de la familia Danger.
Pero Tania no se inmutó.
Su sonrisa no flaqueó, aunque sus ojos de un tono azul celeste se fijaron en los míos con un brillo peligroso y una promesa de guerra absoluta.
- Oh, entiendo – nos dijo ella, dando un paso hacia mí.
- Tu eres esa "esposa" – sonrió con sarcasmo.
- Vladimir me dijo que hubo un desastre natural en tu país, querida. Qué conveniente que encontraras refugio en la cama de un multimillonario justo cuando lo perdiste todo. Dime, ¿el contrato incluye clases de protocolo o solo servicios nocturnos? –
Sentí que la sangre me hervía y sin poderlo evitar me liberé del agarre de Nicolás para enfrentarla cara a cara, levanté mi mano y le lancé una bofetada que contenía toda mi rabia y dolor por mis muertos.
Ya no era la misma chica asustada que vio como toda su familia desaparecía debajo del barro, ni la que cayó por las escaleras mientras huía de Miguel en el hotel.
Había sobrevivido a una avalancha, había sobrevivido a las drogas de dos hombres poderosos, y no iba a dejar que esta mujer me pisoteara como lo estaba haciendo.
- Ese contrato del que hablas, incluye todo lo que una mujer como tú nunca podrá entregar, Tania – le respondí, dando un paso adelante con la mano aun levantada y adormecida por el golpe que acababa de dar.
La vi retroceder un paso y eso bastó para saber que había protegido mi lugar como la señora Danger, la esposa de Nicolas.
- Incluye también la lealtad de mi esposo Nicolás y el respeto por esta familia. Que al parecer tú no lo sientes, porque si fuera así, no hubieras intentado meterte conmigo. Si buscas "servicios", quizás deberías revisar tus propias cuentas bancarias... he oído que los Petrovsky están contratando a cualquiera que pueda salvarlos de la quiebra –
El rostro de Tania se transformó.
La máscara de perfección con la que ingresó se agrietó, revelando una furia pura. El abuelo Vladimir soltó una carcajada estruendosa que retumbó en todo el vestíbulo...
Yo puedo ser muy ingenua y joven. Estar dolida por la muerte de toda mi familia, pero no soy idiota. Ese viejo me envió el mensaje con el nombre de esa mujer por algo.
Nadie descubre el nombre de tu enemigo antes de tiempo y él lo hizo con ella, al poner su nombre completo en la nota que me dejo.
Eso fue suficiente para encontrar un poco de información en la red sobre ella y su familia.
- ¡Ja! Tiene garras la palomita – gritó el anciano asintiendo.
- ¡Eso me gusta!, me gusta demasiado –
Pude ver el rostro de Tania descontrolado como volvía a la realidad... tocaba su mejilla ahora marcada por mis pequeños y delgados dedos.
- Esto no ha terminado – me susurró ella, muy cerca de mi oído mientras Nicolás se distraía un segundo con su abuelo.
- Disfruta tus noches en esa cama que antes fue mia, Laura. Porque cuando yo terminé contigo, desearás haberte quedado bajo el lodo de tu país – iba a responderle lo que se merecía cuando ella dijo.
- Sé lo que ocurre con Miguel y Diego. Sé que te están buscando. Y quizá yo sea quien les abra la puerta trasera de esta mansión. Prepárate para la guerra niñita –
Se separó de mí con una sonrisa radiante, como si me hubiera contado un chiste demasiado bueno, mientras mi rostro se ensombreció, por la anteriores palabras... pero, ella fue clara. Insinuó o mejor dicho me dijo directamente que la cama donde estoy durmiendo ahora, había sido antes de ella... acaso mi esposo también la compartió con Tania.
¿Qué me estás ocultando Nicolas? Comencé a preguntarme en silencio.
- Vladimir, querido, ¡tengo tanta hambre! ¿Almorzamos de una vez? – le dijo Tania, caminando hacia el comedor como si fuera la dueña del lugar.
Que sepa sobre la existencia de Miguel y Diego, y lo que ellos buscan de mí, me preocupa. En este país además de mí, solo Nicolas lo sabe... pero cuando levantó la mirada y me encuentro con los ojos del abuelo, pude notar un brillo extraño en ellos. Ahora estoy convencida de que solo pudo enterarse por el abuelo.
Estoy segura ahora de que esta es otra prueba para mí, si ese anciano fue quien le entregó una investigación completa sobre mí, podría estar en problemas... o quizás le dio mi nombre, como a mí me dio el de ella... sí fue asi. Entonces debo tener cuidado, pues sí esa mujer es realmente capaz de averiguar cosas como esas... podría meterme en problemas antes de que comience mi vida como la verdadera esposa de Nicolas.
Porque lo que estaban planeando el abogado y el asistente de mi difunto padre, yo misma lo supe dos noches atrás.
Nicolás me miró, su mandíbula estaba tensa. Me tomó de la mano y sus dedos se entrelazaron con los míos. Estaban fríos, pero su agarre era firme, como lo había sido desde que bajamos juntos las escaleras.
- Te advertí que esa mujer era veneno puro – me dijo en un murmullo.
- Pero te felicito, te has defendido bien –
Después presionó la mano que había utilizado para abofetearla, luego la levantó justo en el momento en que Tania nos miraba y la llevó a sus labios.
- Todo estará bien, ahora sabe que no te dejaras – susurró mientras la besaba.
- No voy a ser su víctima, Nicolás – le dije, aunque por dentro todo mi cuerpo estaba temblando.
- Pero ella mencionó a Miguel y Diego. ¿Cómo sabe sobre ellos? –
Nicolas frunció el ceño.
- Porque en este mundo – me dijo pensativo, mirando hacia el comedor donde Tania ya estaba sentada justo en el asiento al lado derecho de su abuelo.
- Los monstruos siempre se reconocen entre sí –