Ecos de una noche que no recuerdo

1036 Palabras
Adele despierta a la mañana siguiente con todos los síntomas típicos de una resaca, otra más debería decir, siendo que ya se había pasado de vino en el corto plazo. Dolor de cabeza. Sequedad en la boca. Confusión sobre cómo logró llegar a la cama y sensibilidad a la luz que entra por la ventana con las cortinas corridas. Pero hay algo más. Una sensación rara en el pecho, sintiendo que algo está en el lugar correcto. Se incorpora lentamente. Y ahí lo ve. El poema, desplegado sobre la mesa de luz. No estaba guardado. No estaba doblado. Estaba en su folio desplegado y en la mesa de luz, en lugar de la caja con los demás recuerdos que revisó anteriormente. Lo que lleva a una interrogante importante ¿Cómo llegó ahí? Si no recuerda haberlo vuelto a tocar desde que dejó la caja. Se queda mirándolo perdidamente por un momento. Luego, el dolor de cabeza se intensifica cuando recuerda fragmentos: — “No era de Mark.” — “Yo lo escribí.” — “Nunca estuve con Laila…” Pero las imágenes son borrosas. Como si hubieran pasado bajo el agua. Se lleva la mano a la sien. ¿Lo soñó? ¿Daniel entró? ¿Cómo habría llegado el poema a la mesa? Ella está segura de que lo había guardado en la caja. Y entonces aparece la duda más inquietante: ¿Se lo mostré yo? ¿Lo encontró? ¿Se lo dije yo…? Con ese desconcierto en la mente, decidió darse un baño y bajar las escaleras. Al ingresar a la cocina vió a Jordana, con gafas oscuras y una taza enorme de café en sus manos con los signos típicos de confunde también. — Si vienes a juzgar mi estado, estoy sensible — dice Jordana levantando una mano antes de que Adele hable. Adele se sienta frente a ella. — No estoy en posición de juzgar nada… por casualidad… ¿te acuerdas si Daniel subió anoche? Jordana la mira por encima de las gafas. — ¿Subió?… ¿Cómo? - con cara de confusión. — A mi habitación — Te cargó como princesa dormida, eso sí lo recuerdo… Después… creo que se fue. Silencio. — ¿Entró otra vez? — No lo sé. Yo morí en el sillón al apoyar mi cabeza en esos sillones divinos que por suerte no son meramente decorativos. Son muy cómodos cuando uno necesita pasar su borrachera - dijo sonriendo Adele juega con el borde de la taza. — Creo que me dijo algo. — ¿Qué cosa? — Que el poema que guardo en la caja de recuerdos… no era de Mark. Jordana parpadea — ¿Estabas soñando? — No lo sé. — ¿Te lo dijo sobrio? — Sí. Él no bebió alcohol en ningún momento. Nosotras fuimos las que arrasamos con varias botellas de vino del más fino. — Entonces no estabas soñando. Adele vuelve a pensar en la mesa de luz. — No recuerdo haber sacado el poema de la caja. Estoy segura que solo saqué el perfume de mamá porque la extrañaba mucho a ella. — O lo sacaste tú. O lo sacó él. — ¿Y si lo vió por casualidad? — Entonces el destino tiene muy mal sentido del humor. Pero Adele no se ríe. Algo en su estómago no encaja. No es solo el poema. Es la sensación de que algo empezó a moverse y no se detendrá. ¿Se podrá detener todo una vez que está desequilibrado? ¿Qué más puede pasar? --- Adele comienza nuevamente la rutina pero esta vez como Socia de SEQUEV & CIA. Ingreso a la pulcra recepción y respiró profundamente. Parte del personal que ingresaba al edificio la saluda ahora como “doctora”. Saludo al personal e ingresó a su oficina. Miró extrañada que sobre su escritorio hay un expediente nuevo. - Buen día Adele, te dejé el nuevo expediente allí para que lo comiences a ver. Ya le pedí a Kevin que busque información sobre la jurisprudencia y relevancia. - Buen día Sara y gracias. Veo que es un conductor acusado de cooperar en un robo. - Si. Es un robo a un transporte de mercadería. Pero hay aparentes declaraciones inconsistentes. - Es un caso menor. O eso parece. ¿Quién lo me lo derivó? - Creí que tú lo habías pedido porque llegó a tu nombre como defensora. - Es extraño, pero revisaré y confirmaré si es relevante para que lo siga o lo derivo directamente a Kevin. Aprovecharé que no tengo citas hasta el mediodía. Confirma la cita con Gubermert para esta semana, si puede ser para el viernes mejor. - Si, te dejaré tranquila. Te avisaré si hay modificaciones en la agenda o alguna urgencia. - Gracias Sara - intenta concentrarse en el papeleo del expediente. “No era de Mark.” Esa frase le volvió a resonar en la cabeza. Le hizo pensar si debería encontrarse con Daniel para aclarar esa nube borrosa que no logra terminar de aclarar. Estaba concentrada nuevamente en el caso, tomando apuntes en su agenda para contrarrestar la información con la investigación que obtuvieron Kevin. Golpean suavemente la puerta. Cuando levanta la vista, su secretaria le informa: — Llegó un sobre para ti. No tiene remitente, lo entregaron por una encomienda particular, pero no deja de ser extraño. ¿Quieres que lo haga revisar? - La etiqueta se escribió a mano, el detalle importa. Quién lo envió no quería que pase por correo interno habitual, quería que lo apartara como correo personal. Adele toma el sobre a pesar de sentir un leve escalofrío. Abre el sobre. Se encuentra con una sola hoja, con letra impresa. “Si quiere entender lo que ocurrió hace años, empiece por el conductor de transporte acusado. No todos los ladrones están en la carretera. Algunos se sientan en la mesa de los domingos.” Silencio. Se siente como el ruido de la oficina desaparece. ¿Mesa de los domingos? ¿La Nonna? Armando. El caso del conductor deja de parecer menor. Y por primera vez en años, se siente que el pasado y el presente están conectados. No por el poema. Por algo mucho más grande.
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