Capítulo:50

910 Palabras

⸻ En otro lugar de la ciudad, muy lejos del calor que aún quedaba en la casa de Valeria, Miguel y Renata yacían entre las frías sábanas de una habitación elegante y silenciosa. No había ternura allí, solo ambición. Renata apoyaba la cabeza en el pecho de Miguel, una sonrisa triunfante dibujada en los labios. —Estamos a un solo paso —murmuró—. Un movimiento más… y Sebastián terminará en la cárcel. Miguel acarició distraídamente el cabello de ella, los ojos clavados en el techo. —Y Gabriel —añadió— se verá obligado a vender sus acciones. Cuando eso pase, la constructora Montoya y Asociados será nuestra. Absolutamente nuestra. Renata se incorporó un poco, mirándolo con deseo y rencor a partes iguales. —Esto es por lo que me hizo —dijo con frialdad—. Por ese golpe… por humillarme al pon

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