Me quedo dormida en algún momento de la noche, en la mañana muy temprano siento vibrar de mi teléfono. Así que un poco quejosa lo busco entre las sabanas y veo que me llama es Sebastian, son las cuatro y cuarto de la mañana, seguro está llegando a su casa de la jornada del día de ayer. ― ¿Sí? ―respondo con voz queda, y un bostezo me invade. ―Amor ―murmura ― sé que te estoy levantado, pero puedo ir a quedarme contigo un rato. ―Por supuesto, cariño, ¿en cuánto tiempo llegas? ―De hecho ya estoy en la puerta. Me levanto de golpe y por inercia camino hacia la entrada aun con el teléfono en el oído. ―De verdad estas en la puerta y me preguntas si puedes quedarte conmigo ―paso por la sala y enciendo la luz de la lámpara de la esquina que tenuemente ilumina la sala. ―Sí, amor porque no

